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Viajar en avión sigue siendo un reto para las personas con discapacidad, que se enfrentan a barreras y discriminación en todas las etapas del trayecto, desde la reserva del billete hasta el desembarque. A pesar de los reglamentos europeos que buscan garantizar la igualdad de acceso, numerosas aerolíneas y aeropuertos todavía no ofrecen servicios realmente inclusivos, dejando a muchos pasajeros en situaciones de incertidumbre y desventaja.
Viajar en avión sigue siendo un reto para personas con discapacidad
Viajar en avión continúa siendo un desafío para las personas con discapacidad, quienes a menudo enfrentan barreras en todas las etapas del trayecto, desde la compra del billete hasta el desembarque. Según el informe Rights Delayed: Air Travel for Passengers with Disabilities, elaborado con la participación del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi), muchas aerolíneas y aeropuertos aún no garantizan un acceso igualitario a este medio de transporte.
Los obstáculos no comienzan en el aeropuerto, sino desde el momento en que se planifica el viaje. La falta de información clara sobre la aceptación de equipos de asistencia y la complejidad de los procedimientos de reserva son problemas recurrentes. La mitad de los encuestados señaló que la burocracia y la inaccesibilidad de las plataformas de venta representan la barrera más habitual.
Además, muchas páginas web y aplicaciones de aerolíneas carecen de opciones adecuadas para usuarios con movilidad reducida o necesidades especiales, lo que genera incertidumbre y estrés antes incluso de salir de casa.
Limitaciones en aerolíneas y aeropuertos
El estudio revela que 20 de las 30 compañías aéreas analizadas no publican criterios precisos sobre el número máximo de personas con discapacidad que aceptan por vuelo. Un total de doce aerolíneas tampoco especifican las dimensiones máximas permitidas para equipos de asistencia.
En los aeropuertos, la denegación de embarque afecta al 12 % de los encuestados, muchas veces amparada en razones de seguridad, como la evacuación en emergencias o la falta de acompañante. Compañías como Ryanair y Tarom han establecido límites estrictos de sillas de ruedas por avión, lo que evidencia una discriminación operativa.
Además, la calidad de la asistencia en el aeropuerto y el acceso a los aviones sigue siendo insuficiente, según el 45 % de los pasajeros con movilidad reducida, mientras que los controles de seguridad representan un obstáculo para el 39 %.
Una vez a bordo, un 35 % reporta problemas como la ausencia de baños accesibles o la falta de sillas de pasillo, aunque algunas aerolíneas han comenzado a corregir estas deficiencias.
Casos y testimonios
El informe recoge experiencias directas, como la de un pasajero en España que necesita reservar asistencia con anticipación, no puede facturar en línea y debe llegar mucho antes al aeropuerto.
En ocasiones, el proceso de facturación con silla de ruedas puede tardar hasta 30 minutos, y tras aterrizar, la espera por ayuda puede superar la hora.
Los daños o pérdidas de equipos de asistencia también generan dificultades económicas, ya que la indemnización máxima bajo el Convenio de Montreal no cubre el valor real de sillas eléctricas o personalizadas.
El marco español y buenas prácticas
España destaca por contar con un marco normativo fuerte y sanciones elevadas, con multas que oscilan entre 4.500 y 4,5 millones de euros.
AESA actúa como órgano de resolución de disputas y colabora con organizaciones de personas con discapacidad, aunque no dispone de un consejo asesor interno.
AENA y aerolíneas como AlbaStar muestran ejemplos positivos, al facilitar reservas en línea y evacuar pasajeros con movilidad reducida en menos de dos minutos. Sin embargo, algunas compañías como Vueling e Iberia mantienen limitaciones que dificultan el viaje seguro y cómodo para las personas con discapacidad.
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