Ranas sobreviven al paso del tiempo, 45 millones de años sin cambiar su estilo de vida

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Ranas en un estanque

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Un nuevo estudio internacional ha revelado que las ranas son una de las especies más exitosas del reino animal en términos de estabilidad evolutiva. Investigadores de la University College Cork (Irlanda), junto con colegas de Alemania y Estados Unidos, analizaron fósiles de la especie de hace 45 millones de años y descubrieron que estos anfibios apenas han modificado su ecología desde entonces. Los resultados, publicados en la revista científica iScience, apuntan a que estas especies de anfibios han mantenido sus hábitos, su estructura anatómica e incluso algunos rasgos celulares durante decenas de millones de años.

El estudio fue dirigido por Daniel Falk, paleontólogo de la University College Cork, quien junto a su equipo trabajó con ejemplares fosilizados hallados en el célebre yacimiento de Geiseltal, en el centro de Alemania. Este enclave, reconocido por la calidad excepcional de sus fósiles del Eoceno medio, ha ofrecido una ventana única al ecosistema europeo de hace entre 47 y 41 millones de años.

Geiseltal, una joya paleontológica del Eoceno

El yacimiento de Geiseltal se formó en lo que entonces era una cuenca pantanosa y cálida, rica en vida vegetal y animal. Según información del Museo Estatal de Historia Natural de Halle (Landesmuseum für Vorgeschichte), que custodia gran parte de los fósiles encontrados allí, en esa región existían bosques subtropicales donde prosperaban cocodrilos, tortugas, caballos primitivos y, por supuesto, ranas.

Los fósiles estudiados por el equipo de Falk fueron excavados hace más de un siglo, pero no había sido posible analizarlos en detalle hasta ahora. Las nuevas técnicas de análisis, como la microscopía electrónica de barrido y la fluorescencia de rayos X de sincrotrón, han permitido observar estructuras celulares que antes pasaban desapercibidas.

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la preservación de melanosomas, pequeñas estructuras celulares que contienen melanina, el pigmento responsable del color de la piel, los ojos y el pelo en los animales. Que estos orgánulos se conservaran en fósiles de 45 millones de años es algo excepcional.

La paleontóloga Valentina Rossi, coautora del estudio y experta en melanosomas fósiles, explica que “la forma y distribución de estos orgánulos están relacionadas con su función, que puede incluir la fotoprotección y la homeostasis, el equilibrio interno del cuerpo”. Lo más sorprendente, añade, es que los patrones observados en las ranas fósiles coinciden estrechamente con los de las ranas actuales.

En la comparación entre los fósiles y las especies modernas, las mayores coincidencias aparecen en los ojos y los órganos internos. “El hecho de que la forma de los melanosomas oculares se haya mantenido intacta durante millones de años indica que su función no necesitaba evolucionar”, señala Daniel Falk.

Esto sugiere que la capacidad visual de estos anfibios, adaptada a ver con poca luz, durante el amanecer o el anochecer, se mantuvo invariable a lo largo del tiempo. En otras palabras, estos animales siguieron cazando y reproduciéndose en condiciones similares a las de sus ancestros del Eoceno.

Tecnología moderna para estudiar fósiles antiguos

La clave de este avance radica en el uso de tecnología de última generación, como los microscopios electrónicos de alta resolución y los análisis en líneas de luz de sincrotrón, que permiten detectar rastros de elementos químicos a nivel nanométrico. Estos instrumentos, indica el equipo, no existían cuando los fósiles fueron descubiertos a principios del siglo XX, lo que abre ahora una nueva era para la paleontología.

La profesora Maria McNamara, también de la University College Cork, destaca la importancia del hallazgo: “Los estudios que integran datos de especies fósiles y modernas tienen un enorme poder para revelar aspectos profundos de la evolución. Estamos apenas empezando a comprender el potencial de la melanina como marcador evolutivo”.

Lo que las ranas nos enseñan sobre la evolución

Las ranas, que surgieron hace más de 200 millones de años, ya habían sobrevivido a extinciones masivas y grandes transformaciones climáticas. Según la Sociedad Europea de Herpetología, estas criaturas poseen una asombrosa capacidad de adaptación a diferentes entornos, desde selvas tropicales hasta desiertos áridos. Sin embargo, el estudio actual sugiere que su éxito no se debe tanto a un cambio constante, sino a la conservación de un diseño eficiente.

En evolución, no siempre “cambiar” es sinónimo de éxito. En el caso de las ranas, su permanencia a lo largo de millones de años demuestra que la estabilidad también puede ser una forma de adaptación. Como resume McNamara, “no todos los linajes evolucionan hacia algo nuevo; algunos simplemente perfeccionan lo que ya funciona”.

El estudio de Geiseltal no solo ilumina el pasado de estos anfibios, sino que también ofrece claves sobre cómo los organismos pueden resistir frente a los cambios ambientales del futuro. En un mundo en el que los ecosistemas actuales están sometidos a presiones climáticas enormes, las lecciones del Eoceno pueden ayudarnos a entender qué especies tienen más posibilidades de persistir en el planeta.

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