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Madrid ha recuperado uno de sus secretos mejor guardados y, a la vez, una de sus infraestructuras históricas más fascinantes. Tras cuatro décadas clausurado al público y sumido en la oscuridad, Patrimonio Nacional ha reabierto el acceso al legendario paso subterráneo que conecta los jardines del Campo del Moro con la ribera del Manzanares. Se trata del famoso túnel de Bonaparte, una obra de ingeniería del siglo XIX que nació de la necesidad de seguridad de un rey impopular y que terminó convirtiéndose en testigo mudo de la historia de España, desde los paseos de Isabel II hasta la huida al exilio de Alfonso XIII.
La historia de esta construcción nos remonta a una época convulsa. José Bonaparte, conocido burlonamente por los madrileños como "Pepe Botella", no gozaba precisamente del favor del pueblo. Ante la hostilidad de la capital, el monarca impuestó encargó en 1809 la creación de un paso privado y seguro que le permitiera desplazarse desde el Palacio Real hasta su lugar de recreo favorito, la Casa de Campo, sin tener que pisar la calle ni exponerse a las iras de la ciudadanía. Sin embargo, la ironía del destino quiso que el rey intruso nunca llegara a cruzarlo. Las obras, iniciadas bajo la dirección del genial arquitecto Juan de Villanueva —artífice del Museo del Prado—, concluyeron en 1813, cuando el hermano de Napoleón ya había huido de España y las tropas francesas se batían en retirada.
Una joya arquitectónica rescatada del olvido
Aunque el impulsor original no pudo disfrutarlo, la infraestructura no cayó en desuso. Monarcas posteriores como Fernando VII, Isabel II y Alfonso XII sí hicieron uso frecuente de este corredor abovedado. No obstante, quien le dio su uso más dramático y trascendental fue Alfonso XIII, quien atravesó el túnel de Bonaparte en la noche del 14 de abril de 1931 para abandonar el Palacio Real camino del exilio, poco después de proclamarse la Segunda República en España.
La recuperación del túnel de Bonaparte y su futura conexión con Madrid Río
A pesar de que Patrimonio Nacional prefiere denominarlo técnicamente como el Túnel de Villanueva, en honor a su arquitecto original, la memoria colectiva de Madrid lo ha mantenido vivo como el túnel de Bonaparte. La reapertura actual es fruto de un meticuloso proyecto de rehabilitación centrado en el denominado "tramo histórico". Esta sección discurre por el subsuelo del Paseo de la Virgen del Puerto y desemboca en un pabellón situado junto a la M-30, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, desde donde se accede actualmente a Madrid Río mediante una escalera.
La intervención ha supuesto una inversión superior a los 400.000 euros, financiados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con fondos europeos Next Generation EU. Según ha explicado María Corzo, jefa del departamento de Arquitectura de Patrimonio Nacional, el objetivo principal ha sido la "mínima intervención" para devolver al espacio su dignidad original. Durante años, especialmente en la década de los 60 del siglo XX, el túnel de Bonaparte sufrió modificaciones severas para albergar el Museo de Carruajes, alterando su fisonomía "al gusto del momento". Posteriormente, graves problemas de humedad forzaron su cierre en los años 80, permaneciendo inaccesible hasta hoy.
El trabajo de restauración ha permitido eliminar los añadidos modernos y recuperar las proporciones y la estética ideada por Villanueva y finalizada por su discípulo Silvestre Pérez. Ahora, el visitante puede admirar la arquitectura desnuda de ladrillo macizo sobre un robusto zócalo de granito, todo ello realzado por un sistema de iluminación que pone en valor la majestuosidad de la bóveda. El acceso se realiza a través de una pasarela elevada que permite distinguir el nivel del suelo original, ofreciendo una perspectiva arqueológica del espacio.
El horizonte puesto en 2027
La apertura actual es solo el primer paso de un plan más ambicioso. Si bien ahora se puede visitar el tramo restaurado en el mismo horario que los jardines del Campo del Moro, el objetivo final es la conexión total. Se espera que para el año 2027, una vez que el Ayuntamiento de Madrid concluya las obras en su sección correspondiente, se pueda recorrer el túnel de Bonaparte en su totalidad. Esto permitirá recuperar el trazado histórico completo hasta la embocadura del Puente del Rey, el paso elevado sobre los antiguos Lavaderos de la Reina junto al río Manzanares, conectando de nuevo física y simbólicamente el Palacio con la Casa de Campo.
La construcción de la autopista M-30 en el siglo pasado rompió la conexión natural entre el recinto palaciego y el gran parque madrileño, dejando esta infraestructura aislada y mutilada. Con este proyecto, se busca suturar esa herida urbana.
La reapertura del túnel de Bonaparte no es solo la recuperación de un pasillo subterráneo; es la devolución a la ciudad de una pieza clave de su rompecabezas histórico. Un lugar por donde no solo transitaron reyes, sino donde se decidió el destino de la nación en momentos críticos. Desde este martes, madrileños y turistas pueden volver a descender a las entrañas de la historia y caminar por la misma galería de 5,60 metros de altura que, hace más de dos siglos, se diseñó para la seguridad de un rey y terminó siendo el camino hacia la modernidad de una ciudad.
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