Ansiedad y agotamiento: la otra pandemia que afecta a los veterinarios españoles

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Veterinarios dando atención a un can

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Más del 90 % de los veterinarios en España reconoce haber sentido ansiedad derivada directamente de su trabajo. Así lo revela un estudio realizado por Gosbi en colaboración con Dynata, que pone cifras concretas a una realidad que durante años se ha mantenido en silencio dentro del sector. La investigación también desvela un dato especialmente alarmante: un 11,8% de los profesionales ha llegado a tener pensamientos suicidas o autolesivos motivados por su labor durante el último año.

Un riesgo de suicidio cuatro veces y media superior en veterinarios

El informe subraya que quienes se dedican a la medicina veterinaria presentan un riesgo de suicidio 4,5 veces superior al de la población general. Si se comparan estos resultados con los del estudio nacional ‘Edades’, en el que el 2,2 % de las personas de entre 15 y 64 años asegura haber tenido ideas suicidas, la magnitud del problema se hace aún más evidente.

El impacto emocional parece especialmente fuerte entre los más jóvenes. De acuerdo con el informe, el 67 % de los veterinarios que han tenido pensamientos suicidas son menores de 44 años, lo que indica que el peso psicológico del trabajo afecta a quienes están en pleno desarrollo profesional. Estos hallazgos evidencian lo que el documento califica como una “crisis silenciosa” dentro del ámbito veterinario.

Los autores del estudio destacan que el día a día de los veterinarios está marcado por horarios extensos, una exposición constante a la carga emocional y una creciente presión regulatoria. Una parte significativa del colectivo apunta al Real Decreto 666/2023 como uno de los factores que ha incrementado la sensación de estrés y desprotección. Casi tres de cada cuatro profesionales lo consideran una norma injusta y perjudicial para el ejercicio de la veterinaria.

Según los testimonios recogidos en el informe, esta regulación limita la autonomía y la capacidad de decisión clínica de los profesionales. “Nos ata de pies y manos cuando tratamos animales que requieren atención urgente”, señalan algunos veterinarios consultados, quienes también denuncian que la ley “menosprecia su formación y restringe su criterio médico”.

El impacto en la salud mental y el bienestar

El aumento de exigencias y la falta de reconocimiento tienen consecuencias claras en la salud mental del colectivo. El 94 % de los veterinarios declara haber padecido agotamiento emocional, y más de la mitad lo experimenta de manera constante o recurrente. Además, ocho de cada diez han perdido la motivación por la profesión; de ellos, un 43 % reconoce haber perdido mucha o bastante.

El desgaste se traslada también al ámbito personal. El 77 % de los encuestados admite que no logra desconectarse del trabajo al llegar a casa, y seis de cada diez afirman tener serias dificultades para conciliar su vida laboral con la familiar. En muchos casos, el desánimo lleva a preguntarse si merece la pena continuar en la clínica. “Algunos piensan en abandonar, aunque el miedo al cambio los frene”, se recoge en el documento.

A los problemas emocionales y laborales se añade otro obstáculo de tipo económico. Aunque los veterinarios son considerados personal sanitario por ley, no están reconocidos como trabajadores esenciales, a pesar de su papel fundamental en el control de zoonosis y en la seguridad alimentaria. Esta falta de reconocimiento se agrava por la imposición de un IVA del 21 % en sus servicios, lo que, según denuncia el estudio, “equipara su labor básica a un servicio de lujo”.

La combinación de responsabilidad extrema, limitado reconocimiento y presión normativa configura un escenario en el que muchos profesionales sienten que su esfuerzo no es valorado ni recompensado. Todo ello alimenta una sensación colectiva de frustración y pérdida de propósito.

Una llamada a la acción: la iniciativa de Gosbi

Ante este panorama, Gosbi ha impulsado una movilización social en apoyo a una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que busca modificar la normativa vigente y permitir que los veterinarios puedan dispensar medicamentos directamente desde sus clínicas. Esta capacidad, explican, se ha visto restringida por el Real Decreto 666/2023, lo que ha limitado su libertad de prescripción y su capacidad para ofrecer un servicio ágil y eficaz.

Como parte de la campaña, la empresa ha creado una página web destinada a reunir firmas que respalden la propuesta. El objetivo no solo es cambiar la ley, sino también visibilizar la realidad que atraviesa el sector y poner el foco en la salud mental de los veterinarios, un problema que hasta ahora había pasado inadvertido para la sociedad.

Un sector que pide ser escuchado

El estudio de Gosbi y Dynata deja claro que la veterinaria vive un momento crítico. Sus profesionales afrontan niveles de estrés, ansiedad y agotamiento emocional muy superiores a los de otras disciplinas sanitarias. A ello se suman la presión administrativa, la carga económica y la falta de reconocimiento social.

El documento concluye con una reflexión que resume el sentir de muchos veterinarios: se trata de una profesión que cuida de la vida animal y, al mismo tiempo, contribuye a la salud pública, pero que hoy se encuentra en una encrucijada. Si no se toman medidas urgentes, advierte, la vocación podría seguir apagándose en un colectivo que siempre ha estado al servicio del bienestar común.

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