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El deporte de competición no solo representa una plataforma de máximo rendimiento físico, sino también un poderoso motor de transformación psicosocial, autonomía e inclusión para las personas neurodivergentes. El perfil biográfico y la entrevista publicados por el portal especializado TodoDisca visibilizan esta realidad a través del testimonio en primera persona de Myriam Maroto, una destacada jugadora de tenis de mesa con autismo, quien afirma con rotundidad: «Me ha ayudado a crecer como persona». Su experiencia pone de manifiesto cómo las disciplinas deportivas individuales y de alta concentración operan como un canalizador de habilidades terapéuticas, sociales y emocionales indispensable para la sociedad civil.
La historia de Myriam Maroto es un recordatorio de que las etiquetas diagnósticas se desvanecen cuando se encuentra una pasión y se cuenta con el entorno adecuado para desarrollarla. En un ecosistema social que a menudo peca de metronormativo o rígido, el deporte adaptado e inclusivo demuestra ser la mejor herramienta para derribar barreras invisibles.
El tenis de mesa como herramienta terapéutica ante el autismo
El tenis de mesa (o pimpón) es una disciplina que exige una velocidad de reacción extrema, una coordinación óculo-manual milimétrica y una capacidad de anticipación geométrica muy exigente. Para una persona dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA), estas características técnicas aportan beneficios asimétricos muy valiosos en la trastienda de su día a día:
- Estructura y reducción de la ansiedad: La predictibilidad del juego y la repetición estructurada de los entrenamientos ofrecen un entorno seguro. Esto ayuda a gestionar la sobreestimulación sensorial y rebaja los niveles de estrés.
- Control del foco cognitivo: El esfuerzo que exige seguir la trayectoria de una pelota que viaja a gran velocidad mitiga la dispersión mental. Esto mejora los niveles de concentración aplicables a otros ámbitos de la vida diaria, como los estudios o el entorno laboral.
- Socialización con reglas claras: La interacción con entrenadores, árbitros y rivales proporciona un marco de socialización estructurado. Al basarse en normas explícitas, facilita la comunicación no verbal y rompe el aislamiento histórico que a veces afecta a este colectivo.
Sobre las interacciones sociales y la posibilidad de relacionarse con otras personas, esta jugadora de tenis de mesa manifiesta que «gracias a ello he conocido compañeros, entrenadores y amistades que han enriquecido mi vida».
Con todo ello, Myriam Maroto confiesa que «el tenis de mesa me ha enseñado que tengo capacidades, que puedo superar obstáculos y que el progreso se construye día a día. No solo me ha ayudado a mejorar como deportista, sino también a crecer como persona. Gracias a este deporte he ganado confianza, disciplina, independencia y muchas experiencias positivas que me acompañarán siempre».
El autismo forma parte de la mujer que es hoy Myriam Maroto. Sin embargo, el tenis de mesa ha jugado un papel fundamental en su crecimiento y aprendizaje como persona, más allá de todo lo que aporta este deporte.
El papel de las federaciones y el camino hacia la alta competición
La trayectoria de Myriam Maroto no es un hecho aislado, sino el fruto de un esfuerzo combinado entre el talento individual, el apoyo de su entorno familiar y el desarrollo de estructuras deportivas adaptadas en España. A través de organismos como la Federación Española de Deportes para Personas con Discapacidad Intelectual (FEDDI), el deporte adaptado ha experimentado una profesionalización profunda.
Los campeonatos nacionales y regionales ya no se conciben bajo una mirada paternalista o meramente recreativa, sino como competiciones de alto nivel que exigen rigor técnico, disciplina y preparación psicológica. Sin embargo, el gran reto pendiente para la sociedad civil radica en la unificación definitiva de los circuitos, permitiendo que deportistas neurodivergentes como Myriam Maroto compitan en categorías absolutas y normalizadas siempre que sus capacidades técnicas lo permitan, derribando así los prejuicios institucionales de raíz.
El patrocinio inclusivo y la dimensión 'S' de los criterios ESG
El patrocinio del deporte inclusivo se ha consolidado como un vector estratégico clave para la dimensión Social (la 'S' de los criterios ESG) y las políticas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) de las grandes marcas. Apoyar económicamente a atletas como Myriam Maroto no solo diversifica el impacto social de las corporaciones, sino que visibiliza la neurodiversidad ante la opinión pública desde una narrativa de éxito, superación y talento real.
Las empresas líderes comprenden que financiar infraestructuras deportivas adaptadas, dotar de material técnico a los clubes de barrio y respaldar los viajes de competición de las federaciones inclusivas genera un retorno reputacional excelente, atrae al consumidor consciente y demuestra un compromiso medible con la equidad, la justicia social y los derechos humanos universales de las personas con discapacidad.
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