Darius, el estudiante madrileño de 15 años que será olímpico con un videojuego contra el acoso escolar

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Videojuego contra el acoso escolar

Lectura fácil

Con solo 15 años, Darius Atanasiu ha encontrado en la programación una forma de plantar cara al acoso escolar. Este estudiante de Pinto (Madrid) ha creado Máscara, un videojuego que invita a los jugadores a actuar ante situaciones de intimidación y que le ha llevado a clasificarse para la fase internacional de las Olimpiadas Internacionales de Tecnología, donde representará a España.

De la curiosidad por los ordenadores a la competición

Una pregunta abre la partida: «En un mundo repleto de acoso, ¿quién quieres ser?». No es solo el punto de partida de Máscara, el videojuego creado por Darius Atanasiu. También resume el propósito de un proyecto con el que este estudiante de 15 años, vecino de Pinto (Madrid), ha conseguido clasificarse para la fase internacional de las Olimpiadas Internacionales de Tecnología.

Darius ha sido uno de los ganadores de la competición nacional y representará a España en la final, que se celebrará de forma virtual los días 22 y 23 de septiembre. Lo hará junto a otros tres jóvenes procedentes de Barcelona, Cádiz y Salamanca.

Su relación con la tecnología comenzó mucho antes de llegar al instituto. Desde los siete años sentía curiosidad por este ámbito y, a los 11, empezó a interesarse por la programación. La propuesta de su centro educativo para participar en las Olimpiadas le permitió transformar esa afición en un proyecto concreto.

El resultado fue Máscara, una aventura interactiva en la que el jugador debe enfrentarse a diferentes situaciones relacionadas con el acoso escolar. Darius decidió orientar su creación hacia esta problemática porque consideró que era una forma de trasladar un mensaje social a través de una herramienta especialmente cercana a los jóvenes.

En lugar de limitarse a contar una historia, el videojuego obliga al jugador a tomar decisiones. Los personajes atraviesan situaciones de intimidación y aislamiento y el protagonista tiene que decidir si interviene. De esta forma, el proyecto plantea el acoso escolar desde el punto de vista de quien observa lo que ocurre y debe escoger cómo responder.

Empatía como parte de la partida

Los diferentes retos de Máscara están relacionados con valores como la empatía, la inclusión, la igualdad y la colaboración. La intención es que el jugador comprenda que una situación de acoso escolar no afecta únicamente a quien recibe las agresiones, sino también a quienes las presencian.

La historia introduce además un elemento poco habitual: el personaje que ejerce la intimidación también tiene dificultades personales. Al avanzar en la partida, los protagonistas descubren esa realidad y terminan ayudándolo. El objetivo, explica Darius, es mostrar que entender el origen de un conflicto no significa justificarlo, pero sí puede contribuir a encontrar una solución.

Para el adolescente, un videojuego puede captar la atención de otros estudiantes de una manera diferente a una charla tradicional. El formato permite aprender mientras se juega y, sobre todo, obliga a participar en lugar de limitarse a escuchar.

Un proyecto creado en pocas horas para frenar el acoso escolar

Darius desarrolló el videojuego mientras mantenía su rutina académica. Para llegar a la fase nacional tuvo que completar previamente varios módulos de la competición y después concentrarse en el proyecto final.

Calcula que empleó unas 15 horas en diseñar la primera versión. El tiempo limitado hizo que diera prioridad al funcionamiento del juego frente a los aspectos visuales. Tras conseguir la clasificación, continuó trabajando en él para incorporar animaciones y mejorar los dibujos.

Su interés por la informática tampoco termina con esta competición. Actualmente aprende programación por su cuenta y también se ha acercado a la inteligencia artificial. Aunque contempla estudiar ingeniería aeronáutica en el futuro, prefiere no cerrarse a una única especialidad.

Una realidad que también llega a internet

El acoso escolar continúa siendo una preocupación dentro de los centros educativos y se extiende también a las redes sociales y las plataformas digitales. Insultos, burlas, rumores, amenazas o la difusión de imágenes pueden convertir un conflicto entre estudiantes en un problema que trasciende las aulas.

Frente a esta realidad, el proyecto de Darius plantea una respuesta sencilla: no permanecer como espectador. El acoso escolar también puede frenarse cuando quienes lo presencian deciden actuar y pedir ayuda.

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