Lectura fácil
“Está en una edad complicada”, “son cosas de jóvenes”, “ya se le pasará”. Son algunas de las explicaciones a las que pueden recurrir las familias cuando empiezan a detectar cambios en el comportamiento de sus hijos. Pero ¿cómo saber cuándo esos cambios forman parte de una etapa y cuándo pueden estar indicando un problema de adicción? No siempre es fácil distinguirlo, especialmente cuando el consumo se ha normalizado entre los más jóvenes.
Despierta, un proyecto para las personas con problemas de adicción
Por eso, desde Despierta, proyecto especializado en la recuperación de personas con problemas de adicción, comparten seis claves que pueden ayudar a familias y seres queridos a detectar que algo está cambiando y saber cuándo es recomendable pedir ayuda para frenar esta adicción.
- Deterioro del rendimiento académico. Una bajada repentina de las notas, la pérdida de interés por los estudios, el absentismo o el abandono de responsabilidades que antes se asumían con normalidad pueden ser algunos de los primeros indicios.
- Distanciamiento de las amistades habituales. El alejamiento inesperado del círculo de amigos, acompañado de un mayor secretismo sobre las personas con las que se relaciona o las actividades que realiza fuera de casa, puede ser una señal para tener en cuenta.
- Cambios en el aspecto físico. Alteraciones del sueño o del apetito, cansancio persistente, descuido de la higiene personal o cambios llamativos en el aspecto físico pueden indicar que algo está afectando al bienestar de la persona.
- Mentiras recurrentes. Las explicaciones poco coherentes, las contradicciones frecuentes o los intentos de ocultar dónde se ha estado, con quién o cómo se ha pasado el tiempo pueden ser señales de alerta. Más que un episodio aislado, conviene observar si se establece un patrón de secretismo que dificulta la comunicación y genera desconfianza en el entorno familiar.
- Problemas relacionados con el dinero. Las peticiones frecuentes de dinero sin una justificación clara, la desaparición de pequeñas cantidades o gastos que el joven no sabe explicar pueden ser otros indicios, especialmente cuando aparecen junto con las señales anteriores.
- Cambios bruscos en el comportamiento. Enfados inesperados, irritabilidad, comportamientos agresivos, razonamientos poco habituales, excusas constantes o una tendencia a responsabilizar al entorno pueden ser señales a las que prestar atención. También pueden aparecer cambios en hábitos cotidianos, como el desorden en las comidas, el cuidado del espacio personal o las rutinas que antes se mantenían con normalidad.
Detectar estas conductas puede ser un punto de inflexión para que la familia o el entorno cercano se decidan a buscar ayuda profesional. El acompañamiento especializado puede ayudar a recuperar los hábitos, las capacidades y las relaciones que se hayan visto afectados por la adicción. En este proceso, Despierta combina el modelo Minnesota con el enfoque cognitivo-conductual, un modelo de trabajo respaldado por más de dos décadas de experiencia en el acompañamiento y tratamiento de personas con problemas de adicción.
Esta forma de entender la recuperación se traslada también a su nuevo Centro de Día en Barcelona, abierto recientemente para ofrecer un acompañamiento terapéutico intensivo durante el día sin desvincular a los pacientes de su entorno familiar y cotidiano. El espacio, ubicado en los Jardins del Camp de Sarrià, combina terapia, ejercicio físico y recuperación de hábitos y capacidades como parte del proceso de recuperación de la adicción.
Añadir nuevo comentario