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La tecnología se ha instalado en casi todos los rincones de la vida cotidiana, pero no todas las personas se sienten igual de cómodas entre pantallas, menús y aplicaciones que cambian constantemente. Para muchos adultos mayores, tareas aparentemente simples como hacer una videollamada o configurar un recordatorio pueden convertirse en pequeños obstáculos diarios. Frente a esa realidad nace Ato, un asistente de voz diseñado específicamente para quienes no terminan de adaptarse a los dispositivos actuales.
Ato prescinde de pantalla, menús y de la necesidad de manejar un teléfono móvil: basta con hablarle para pedir información, escuchar la radio, mantener una conversación o recibir un recordatorio. El dispositivo se activa con un comando de voz (“Hola, Ato”) y permite interacciones naturales, desde preguntar por el clima hasta reproducir música o emisoras de radio. Además, el sistema puede avisar de tareas cotidianas, como tomar la medicación, y facilitar la comunicación con seres queridos mediante mensajes de voz o recordatorios programados.
Su diseño es deliberadamente minimalista: no hay interfaces complejas ni configuraciones extensas, solo una rueda para ajustar el volumen y un botón físico para iniciar la conversación. De este modo, se elimina la barrera de la “alfabetización digital” que suele excluir a personas mayores de los beneficios de la tecnología.
La familia, presente a distancia con Ato Family
La familia tiene un papel central en el ecosistema de Ato gracias a Ato Family, la aplicación complementaria que acompaña al dispositivo. Desde esta app, los familiares pueden establecer recordatorios (citas, medicamentos, tareas diarias), enviar mensajes y consultar información general sobre la actividad del aparato, como la última vez que se usó. La idea es facilitar el acompañamiento a distancia sin obligar a la persona mayor a utilizar un móvil, algo especialmente útil cuando los familiares no pueden estar presentes todos los días.
Los creadores subrayan que la app ofrece “informes de tranquilidad” (peace of mind reports) con resúmenes de actividad, pero sin acceder al contenido de las conversaciones privadas. Así, se busca equilibrar la cercanía familiar con el respeto a la autonomía y la intimidad del usuario.
Detrás del proyecto están los ingenieros argentinos Juan Pedro Cereigido y Gaspar Habif, que fundaron Ato en 2025. El nombre proviene del apodo familiar de Roberto (“Beto”), el abuelo de Juan Pedro, quien fue una de las personas que inspiraron el desarrollo del dispositivo. El proyecto logró entrar en Founders, Inc., una aceleradora estadounidense, y sus creadores trasladaron parte de su actividad a San Francisco para continuar desarrollándolo.
En 2025 cerraron una ronda presemilla de alrededor de un millón de dólares con inversores como Guillermo Rauch, Matías Woloski y Mario Pergolini, y en 2026 ya habían enviado miles de dispositivos a decenas de países. El dispositivo se comercializa en torno a los 179 dólares, con una suscripción mensual opcional para funciones avanzadas y soporte familiar.
Más que un altavoz: compañía contra el aislamiento
Ato también pretende servir como herramienta contra el aislamiento. Puede conversar sobre los intereses de cada usuario, recordar información personal y mantener diferentes temas de conversación, incluso proponiendo juegos para ejercitar la memoria. La compañía insiste en que su objetivo no es sustituir el contacto humano, sino actuar como un complemento que ayude a mantener activa la comunicación entre familiares y mayores.
La privacidad es otro de los aspectos que destaca la empresa: las conversaciones no se graban ni son accesibles para los familiares, y el sistema procesa el audio en tiempo real sin almacenar las grabaciones. No obstante, sus propios términos aclaran que Ato no es un dispositivo médico ni un sistema de emergencia y que sus recordatorios de medicación no deben considerarse infalibles. En otras palabras, está pensado para acompañar y facilitar, no para reemplazar la supervisión humana ni los servicios de salud.
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