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Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del año han encendido las alarmas en el seno del Ministerio de Economía. Aunque tradicionalmente este periodo suele ser adverso para la creación de empleo en España, las cifras actuales revelan un giro preocupante que va más allá de la estacionalidad, evidenciando una debilidad estructural que afecta de forma asimétrica a los trabajadores según su origen. La fuerte caída de la actividad denota un parón que afecta tanto al trabajo de los inmigrantes como al de los españoles, rompiendo la tendencia de recuperación de los meses previos.
El enfriamiento de la actividad económica se ha traducido en una pérdida de ocupación que alcanza a 111.300 personas entre la población de nacionalidad española y a 59.000 entre el colectivo extranjero. Sin embargo, el análisis profundo de la población activa muestra una brecha social latente: mientras el mercado expulsa trabajadores, la entrada constante de personas en busca de oportunidades eleva la presión sobre el sistema. En este contexto, el volumen de migrantes en paro ha experimentado un crecimiento exponencial de 124.800 personas, situando la cifra total de desempleados foráneos en la preocupante cota de 731.900 parados.
El desafío estructural de los migrantes en paro
Este incremento del desempleo se produce en un momento político y social delicado. El Gobierno de Sánchez ha puesto en marcha la regularización de medio millón de personas adicionales, con la firme intención de que puedan trabajar legalmente en España. No obstante, economistas de diversos sectores advierten de que esta política choca frontalmente con la realidad de los datos. La acumulación de migrantes en paro coincide con una incapacidad manifiesta del sector servicios e industrial para absorber la oferta laboral actual, lo que plantea dudas sobre la eficacia de ampliar la base de trabajadores sin una demanda que la sostenga.
Es relevante destacar que todo el crecimiento de la población activa en este arranque de año se ha debido exclusivamente a la llegada de inmigrantes. Mientras que los nacionales en edad de trabajar se redujeron en 4.600 personas, se incorporaron 65.800 extranjeros al mercado laboral. Al comprobar que el paro del colectivo foráneo subió casi el doble que su tasa de activos, queda patente que el mercado español no es capaz de generar empleo para todos. Como consecuencia, la tasa de paro para este colectivo se ha disparado al 17,23 %, una cifra que casi duplica el 9,5 % registrado entre los españoles y que deja a muchos migrantes en una situación de vulnerabilidad extrema, muy lejos de la media del 10,83 % con la que se cerró el periodo.
Capacidad de absorción y formación profesional
A pesar de la frialdad de los números, las principales asociaciones empresariales mantienen su respaldo a la regularización, argumentando que las empresas necesitan mano de obra cualificada. Durante recientes encuentros con el vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, la patronal ha subrayado que para evitar que el número de migrantes en paro siga escalando, es imperativo que los procesos de legalización se orienten estrictamente hacia el empleo y se realicen con las máximas medidas de seguridad.
Incluso se han ofrecido a realizar y financiar planes de formación para elevar el nivel de esa fuerza de trabajo. Actualmente, de los 6,2 millones de extranjeros residentes en España, solo 3,51 millones están ocupados. El resto se reparte entre los que buscan empleo activamente y un grueso de casi dos millones de personas inactivas (estudiantes o jubilados). Sin un enfoque claro en la cualificación, el riesgo de que los nuevos residentes terminen como migrantes en paro es elevado, especialmente si la construcción no logra compensar las caídas en otros sectores.
Incertidumbre en la hostelería
Las esperanzas están puestas en el segundo y tercer trimestre, donde el inicio de la campaña turística suele actuar como motor de rescate. Se espera que las contrataciones de verano puedan ocupar a gran parte de los migrantes en paro que hoy reflejan las estadísticas. Sin embargo, la duda es si la hostelería y el comercio serán capaces de absorber tanta oferta.
Fuentes del sector temen que la subida de precios generada por la inestabilidad internacional frene el gasto de los turistas. Ya el año pasado se observaron señales de agotamiento, con un ticket medio creciendo por debajo de la inflación. Si las agencias y turoperadores reducen su actividad por el coste del combustible, la creación de empleo de verano podría ser mucho más tímida de lo previsto. De cumplirse estos pronósticos sombríos, el mercado laboral se enfrentará al reto de gestionar un excedente de fuerza de trabajo en un escenario donde muchos empresarios advierten que ya se ha tocado techo a la hora de contratar personal, dejando a miles de migrantes en paro a la espera de una oportunidad que no termina de llegar.
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