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El calor del verano sigue siendo intenso y quedan semanas por delante para aprovechar playas y piscinas, entornos que no solo alivian las altas temperaturas, sino que también impulsan la actividad física y facilitan la participación conjunta de personas con y sin discapacidad, especialmente aquellas con discapacidades motoras. Cuando la práctica deportiva se adapta, algo más sencillo de conseguir en deporte acuático que en otros, los espacios de agua se transforman en entornos accesibles para moverse, relacionarse y disfrutar.corporativo.
Por qué el deporte acuático favorece el movimiento seguro
El medio acuático ofrece condiciones únicas que facilitan el desplazamiento. La flotabilidad reduce la carga sobre las articulaciones y permite realizar acciones que fuera del agua pueden resultar más complejas, lo que convierte a la piscina o la playa en un contexto especialmente favorable para la inclusión. “El agua genera un contexto especialmente favorable para la inclusión. Hay personas que encuentran en este entorno una forma de moverse con más seguridad y participar en grupo con independencia de si tienen o no una discapacidad”, señala Javier Pérez, director de la Cátedra Fundación Sanitas de Deporte Inclusivo.
Esta ventaja física se traduce en mayor autonomía: el agua facilita determinados movimientos porque la flotabilidad disminuye el peso corporal hasta un 90 %, favoreciendo la realización de ejercicios y el control del cuerpo de forma progresiva gracias a la resistencia del medio. Además, la actividad puede adaptarse con facilidad a las características de cada persona: se pueden modificar distancias, ritmo, intensidad, apoyos necesarios y elementos que potencian la flotabilidad, de manera que cada participante pueda formar parte de la actividad desde sus propias capacidades.
Más allá del beneficio físico: disfrute, confianza y socialización
A menudo se concibe el deporte acuático, especialmente la natación, como parte de la terapia o con un enfoque excesivamente asistencial. Es cierto que la resistencia del agua ayuda a trabajar la fuerza y el control del cuerpo de forma progresiva, pero el deporte acuático para las personas con discapacidad va más allá del componente físico: también es disfrute, ocio y socialización. “Poder desenvolverse con mayor autonomía en el agua, aprender nuevas habilidades en un medio que no es el habitual o participar en una actividad deportiva compartida puede reforzar la confianza de la persona”, explica Javier Pérez.
Cuando la práctica se organiza de manera inclusiva, el deporte acuático facilita la relación con otras personas y favorece que la discapacidad deje de ser el elemento alrededor del que gira la actividad. Esto implica beneficios psicológicos y sociales: permite relacionarse desde la práctica deportiva y desde unos objetivos comunes. Por ello, se insiste en evitar la sobreprotección: acompañar cuando sea necesario, pero también dejar espacio para que cada persona tome decisiones y desarrolle su autonomía.
Para que la práctica del deporte acuático sea una realidad para las personas con discapacidad no basta con las ganas: los espacios tienen que ser accesibles, algo que no siempre ocurre, sobre todo en instalaciones más antiguas. La accesibilidad empieza antes de entrar en el agua: “El espacio tiene que permitir que la persona pueda acceder a la instalación primero y a la zona acuática después, y participar con seguridad”, advierte Javier Pérez.
Hay que contemplar todo el recorrido que realiza la persona y las condiciones en las que después podrá participar en la actividad, además de revisar cómo está planteada la actividad: adaptar reglas cuando sea necesario, incorporar los apoyos adecuados y explicar los ejercicios de manera clara para que todas las personas puedan entenderlos y participar. Es decir, es mucho más que disponer de una rampa o de un determinado equipamiento.
Para ello también es fundamental contar con profesionales preparados: “En deporte inclusivo no debería esperarse a que llegue una persona con discapacidad para buscar una solución improvisada, sino que es importante realizar una valoración inicial que nos permita adecuar la planificación de la actividad”, señala Pérez. Además de las características físicas del espacio, influyen la organización, los apoyos disponibles y la formación de los profesionales. Una instalación puede eliminar determinadas barreras físicas y, aun así, necesitar adaptar mejor sus actividades deportivas, ofreciendo distintas posibilidades de adaptación al usuario.
El objetivo debería ser que la participación de una persona con discapacidad pueda hacerse con naturalidad y no dependa de soluciones excepcionales. “Una silla o grúa de acceso al vaso suele ser una solución en una piscina que no fue pensada con criterios de accesibilidad universal, mientras que una rampa de acceso con asideros suelen ser medidas de accesibilidad en piscinas de nueva construcción”, asegura Javier Pérez. En ambos casos se facilita el acceso al vaso, pero en la segunda opción, de una manera más autónoma.
El deporte, mejor inclusivo: actividades fáciles de adaptar
Javier Pérez Tejero, doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, anima a las personas con discapacidad a la práctica deportiva, y, para empezar, a que busquen una actividad con la que se sientan seguras y disfruten. “No hace falta partir de una gran experiencia deportiva: la intensidad y los apoyos pueden ajustarse progresivamente. Lo importante es acudir a espacios accesibles y contar con profesionales que sepan adaptar la actividad sin limitar innecesariamente la autonomía de la persona”, añade.
También anima a los clubes deportivos, tanto acuáticos como de cualquier otra práctica, a que promuevan la participación inclusiva y el acceso de las personas con discapacidad a sus servicios e instalaciones. Muchas actividades son fáciles de adaptar, como la natación inclusiva, que permite ajustar distancias y ritmos, o el aquagym, que facilita graduar la intensidad y reduce el impacto sobre las articulaciones. También pueden plantearse otras menos conocidas, como el waterpolo inclusivo, con modificaciones en las reglas o el espacio, o los juegos cooperativos en piscina, especialmente interesantes para niños y jóvenes por su componente lúdico y social.
Desde Fundación Sanitas se pretende la práctica conjunta de deporte acuático entre personas con y sin discapacidad, pues de este modo se contribuye a que los niños con discapacidad tengan las mismas posibilidades que los demás de acceder a la educación física y, por tanto, “de tener más salud y calidad de vida, disfrutar de ocio compartido e integrarse socialmente”.
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