Cuando dos personas tienen conflictos y llegan al punto de que no pueden mantener el vínculo matrimonial lo correcto es buscar una salida efectiva, lo menos traumática posible.
Vender la vivienda cuando llega un divorcio puede convertirse en un auténtico apocalipsis, y más si una o las dos partes se niegan a entrar en razones para llegar a un acuerdo.