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Venezuela ha sufrido el mayor desastre sísmico registrado en el país durante el siglo XXI tras encadenar dos terremotos de gran intensidad con solo 39 segundos de diferencia. Lejos de tratarse de un terremoto principal seguido de una réplica, los especialistas explican que se trata de un doblete sísmico, un fenómeno poco frecuente en el que dos terremotos de gran magnitud ocurren casi de manera consecutiva y con características propias.
Los dos movimientos alcanzaron magnitudes de 7,2 y 7,5 respectivamente. Aunque la diferencia numérica pueda parecer reducida, el segundo evento resultó considerablemente más potente y destructivo. Además, ambos se produjeron a escasa profundidad, un factor que incrementa notablemente la intensidad con la que las sacudidas son percibidas en la superficie y, por tanto, el potencial de daños en edificios e infraestructuras.
Este escenario convierte el episodio en uno de los acontecimientos sísmicos más extraordinarios registrados en la región en las últimas décadas.
La escasa profundidad aumentó la fuerza de las sacudidas
Los datos publicados por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) indican que el primer terremoto ocurrió a las 0:04:33 (UTC+2), con un hipocentro situado a 20,3 kilómetros de profundidad. Tan solo 39 segundos después, a las 0:05:11 (UTC+2), se registró el segundo seísmo, cuyo origen estuvo a apenas 10 kilómetros bajo la superficie.
Los expertos consideran que el doblete sísmico con focos localizados hasta unos 70 kilómetros de profundidad son superficiales. Precisamente este tipo de eventos suele provocar una mayor percepción por parte de la población y puede ocasionar daños mucho más importantes que otros terremotos de igual magnitud pero originados a mayor profundidad.
Aunque ninguno de los dos movimientos alcanzó la magnitud 8, la combinación de una gran intensidad y una profundidad reducida incrementó el riesgo de destrucción, especialmente en aquellas zonas donde existen edificaciones con menores estándares de resistencia sísmica.
El divulgador científico Nahúm Méndez destaca que la diferencia entre un terremoto de magnitud 7,2 y otro de 7,5 no debe interpretarse como un incremento pequeño. La escala utilizada para medir estos fenómenos es logarítmica, lo que significa que cada aumento representa una liberación de energía muy superior al nivel anterior.
Según explica el experto, el segundo terremoto liberó aproximadamente tres veces más energía que el primero, pese a que entre ambas magnitudes solo exista una diferencia de tres décimas.
Ese detalle ayuda a entender por qué el segundo movimiento resultó especialmente peligroso. Además, sorprendió a numerosos habitantes cuando ya estaban abandonando sus viviendas tras la primera sacudida, aumentando así la sensación de caos y la vulnerabilidad de la población durante esos segundos críticos.
El choque entre placas favorece el doblete sísmico
La actividad sísmica en Venezuela está directamente relacionada con la interacción entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. En esta zona convergen varias fallas geológicas donde las tensiones acumuladas durante años pueden liberarse de forma repentina mediante terremotos.
Una falla constituye una fractura en la corteza terrestre donde los bloques rocosos se desplazan como consecuencia del movimiento continuo de las placas tectónicas. Con el paso del tiempo, la energía acumulada termina liberándose cuando la resistencia de la roca ya no puede soportar más presión.
Este complejo sistema de fallas convierte al norte de Venezuela en una región con elevada actividad sísmica y explica la posibilidad de que diferentes estructuras geológicas entren en funcionamiento en un corto intervalo de tiempo.
Las primeras investigaciones apuntan a que el doblete sísmico no se originó exactamente en la misma falla.
Nahúm Méndez explica que cuando una falla libera la tensión acumulada durante un terremoto, ese proceso puede modificar el equilibrio de otras fallas cercanas. En determinadas circunstancias, el primer seísmo incrementa la tensión sobre otra fractura geológica, favoreciendo que esta también termine rompiéndose poco después.
En esa misma línea se pronuncia el geólogo Mark Quigley, de la Universidad de Melbourne (Australia). Tras analizar la información proporcionada por el USGS, considera que, aunque los epicentros se encontraban separados por pocos kilómetros, las características de las ondas sísmicas sugieren que ambos terremotos probablemente se produjeron en fallas distintas y mediante mecanismos de ruptura diferentes.
En un análisis publicado en The Conversation, Quigley explica que los mapas geológicos de la zona muestran importantes fallas de desgarre orientadas principalmente de este a oeste, conectadas entre sí por numerosas fracturas menores con distintas orientaciones.
Según esta hipótesis, el desplazamiento provocado por el primer terremoto habría incrementado la tensión sobre otra falla cercana, desencadenando el segundo gran seísmo apenas unos segundos después. Incluso el paso de las ondas sísmicas pudo contribuir a activar una estructura geológica que ya se encontraba próxima al punto de ruptura.
Los dobletes sísmicos existen, pero son muy poco frecuentes
Aunque no es un fenómeno desconocido para la ciencia, el doblete sísmico representa episodios poco habituales.
Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió en 2023, cuando Turquía y Siria sufrieron dos terremotos de magnitudes 7,8 y 7,7 separados por aproximadamente nueve horas y con epicentros situados a unos 95 kilómetros de distancia. Aquella secuencia afectó a cerca de 14 millones de personas y dejó consecuencias devastadoras.
Otro caso histórico tuvo lugar en 1988 en Tennant Creek, Australia, donde se registró un triplete sísmico formado por tres terremotos importantes ocurridos en apenas media hora.
Estos antecedentes demuestran que, aunque sean poco comunes, las secuencias de grandes terremotos pueden producirse cuando las condiciones geológicas favorecen la activación sucesiva de varias fallas.
La prevención sigue siendo la mejor herramienta
Los especialistas coinciden en que actualmente no es posible impedir los terremotos ni mucho menos el doblete sísmico, y nisiquiera predecir con precisión cuándo ocurrirán. Aunque existen investigaciones experimentales sobre posibles señales previas, como determinados comportamientos animales, todavía no hay métodos fiables que permitan anticipar estos fenómenos con suficiente exactitud.
Por ello, la principal estrategia para reducir las consecuencias de futuros terremotos o doblete sísmico pasa por reforzar la prevención. La construcción de edificios adaptados a normas sismorresistentes, una adecuada planificación urbana y la formación de la población en protocolos básicos de protección civil constituyen las herramientas más eficaces para disminuir el número de víctimas y limitar los daños materiales cuando se producen grandes movimientos de la corteza terrestre.
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