Los genes pueden influir en nuestras preferencias por alimentos dulces, salados y grasos. Estas preferencias podrían relacionarse con el peso corporal y el riesgo de diabetes tipo 2.
Un grupo de investigadores cuestiona la idea tradicional de la pereza como rasgo natural del ser humano. Según sus hallazgos, las personas no evitan el esfuerzo de forma automática, sino que evalúan si una tarea merece la energía que requiere.