Descubren un cocodrilo de hace 45 millones de años en la misma formación geológica que la Gran Esfinge

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Reconstrucción del extinto ‘Herugavialis cairensis’ con la Gran Esfinge y las pirámides representadas al fondo

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La paleontología y la arqueología han vuelto a cruzarse en la meseta de Guiza de manera insólita. Un equipo internacional de investigadores ha identificado una nueva especie de cocodrilo extinto que habitó el norte de África hace 45 millones de años. El hallazgo no solo destaca por su relevancia evolutiva, sino por una asombrosa coincidencia geográfica y material: el fósil fue extraído del mismo estrato geológico de la Formación Mokattam que se utilizó para esculpir la Gran Esfinge.

Además de compartir el sustrato rocoso con la emblemática escultura de la Gran Esfinge, el reptil prehistórico presenta un curioso rasgo singular. Al igual que la célebre estatua de la Gran Esfinge carece de la punta de su nariz, la cabeza fosilizada del reptil se conserva sin el extremo frontal de su anatomía bucal. Esta peculiar coincidencia inspiró a los científicos para bautizar a la criatura como Herugavialis cairensis, en un guiño directo a la historia y a los mitos del Egipto faraónico.

'Herugavialis', la criatura mítica que comparte sustrato con la Gran Esfinge

Los gaviales constituyen un grupo especializado de cocodrilos caracterizado por sus mandíbulas extremadamente alargadas y estrechas. En la actualidad, su presencia se limita a cauces de agua dulce en el subcontinente indio y el sudeste asiático, donde únicamente sobreviven dos especies: el gavial del Ganges (Gavialis gangeticus) y el falso gavial (Tomistoma schlegelii). Sin embargo, los registros fósiles demuestran que durante más de 100 millones de años estos animales tuvieron una distribución global y ocuparon ecosistemas marinos de poca profundidad.

Los restos del Herugavialis provienen de unas excavaciones realizadas en la década de 1920 en la Formación Mokattam. Durante un siglo, los paleontólogos clasificaron erróneamente el cráneo casi completo dentro del género Tomistoma por su semejanza externa con el falso gavial. No obstante, el uso de tecnología moderna como la tomografía computarizada ha permitido examinar la estructura interna de los huesos, revelando diferencias anatómicas fundamentales que justifican la creación de un nuevo género.

El estudio estuvo encabezado por Paul Burke, del Museo Sueco de Historia Natural, y codirigido por Philip Mannion, del University College de Londres. Mannion explicó que la ausencia del extremo del hocico fue determinante en la denominación. El equipo optó por honrar a la deidad egipcia Heru (Horus), figura religiosa que inspiró la fisonomía de la Gran Esfinge, vinculando así el nombre del espécimen con el monumento que comparte su origen geológico.

Un ecosistema marino próspero en el norte de África

Hace 45 millones de años, la geografía del actual Egipto distaba mucho del paisaje desértico contemporáneo. La región estaba cubierta por mares cálidos y poco profundos que albergaban una rica biodiversidad marina. El Herugavialis no nadaba solo en esas aguas; los análisis paleontológicos confirman que convivía con al menos otras dos especies distintas de gaviales, lo que demuestra un ecosistema acuático denso y competitivo.

Durante gran parte de los últimos 50 millones de años, la cuenca del Mediterráneo actuó como un punto caliente de biodiversidad para los reptiles marinos. Según remarca el investigador Paul Burke, las fluctuaciones en la riqueza de especies estuvieron íntimamente ligadas a los cambios térmicos globales y a las oscilaciones en el nivel del mar. Esta bonanza biológica se prolongó hasta hace unos seis millones de años, momento en que la progresiva desecación del mar Mediterráneo provocó la extinción definitiva de los cocodrilos en la zona.

Avances tecnológicos aplicados a la revisión de colecciones antiguas

La identificación de Herugavialis cairensis pone de relieve el valor incalculable que custodian los museos e instituciones científicas. Especímenes recolectados hace más de un siglo pueden revelar descubrimientos inéditos cuando se analizan con herramientas de última generación, evitando la necesidad de realizar nuevas intervenciones de extracción en el terreno.

Las técnicas de escaneo tridimensional mediante tomografía computarizada permiten a los paleontólogos reconstruir la cavidad craneal, las órbitas y los canales nerviosos sin dañar las muestras originales. Gracias a estos análisis, ha sido posible desglosar las relaciones evolutivas de esta especie y profundizar en el entendimiento de las dinámicas de adaptación de los reptiles marinos en el Eoceno.

Un puente científico entre el pasado geológico y la historia antigua

El hallazgo de esta especie demuestra cómo la ciencia puede conectar áreas aparentemente distantes como la biología evolutiva y la egiptología. Las mismas canteras de caliza que proporcionaron la materia prima para la Gran Esfinge albergaban en su interior los restos fosilizados de los antiguos depredadores que dominaban las aguas millones de años antes de la llegada del ser humano.

El estudio, publicado en revistas especializadas de paleontología, subraya la relevancia de la Formación Mokattam como un registro fundamental del Eoceno. Asimismo, el nombre de Herugavialis permanecerá unido para siempre a la leyenda de la Gran Esfinge, recordando que la piedra sobre la que se esculpió la historia egipcia guarda todavía importantes secretos sobre los orígenes de la vida en la Tierra.

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