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La infancia ucraniana atraviesa uno de los momentos más duros desde que comenzó el conflicto el 24 de febrero de 2022. Los ataques con misiles y drones continúan castigando a la población civil y, entre las principales víctimas, se encuentran miles de niños y niñas cuya vida cotidiana ha quedado marcada por la violencia, el miedo y la interrupción constante de su educación.
Los datos más recientes reflejan un escenario especialmente preocupante. Solo durante el mes de julio se registraron 183 menores muertos o heridos, la cifra mensual más elevada de víctimas infantiles en más de cuatro años de guerra. Este incremento evidencia que, lejos de remitir, los bombardeos siguen poniendo en riesgo la seguridad y el futuro de toda una generación.
La escuela deja de ser un lugar seguro para la infancia en Ucrania
Más allá de las consecuencias físicas del conflicto, la guerra está provocando un profundo deterioro del bienestar emocional y del acceso a la educación. Un estudio reciente sobre las necesidades de la infancia en Ucrania revela que dos de cada tres niños y niñas faltaron al colegio debido a los bombardeos y a las continuas alertas aéreas.
La situación resulta todavía más grave para quienes viven en las zonas más expuestas, ya que uno de cada diez menores no dispone de acceso a un refugio antiaéreo. Esta carencia obliga a muchas familias y centros educativos a afrontar cada alarma sin un espacio adecuado donde protegerse, aumentando la sensación de vulnerabilidad y el impacto psicológico que deja la guerra.
Para miles de estudiantes, asistir a clase ya no significa únicamente aprender matemáticas o literatura. También implica convivir con sirenas, interrupciones constantes y largos periodos refugiados bajo tierra mientras esperan a que cesen los ataques.
Un proyecto para garantizar una educación inclusiva y protegida
Con el objetivo de responder a esta emergencia, World Vision, en colaboración con Save Ukraine y con financiación de la Unión Europea, desarrolla el proyecto “Acceso seguro a una educación equitativa e inclusiva en Ucrania” para la infancia.
La iniciativa trabaja con especial atención hacia los menores en situación de mayor vulnerabilidad, incluidos aquellos con discapacidad, ofreciendo apoyo educativo y acompañamiento en 11 centros educativos distribuidos en distintas regiones afectadas por la guerra.
Según explica Maksym Didukh, director del proyecto en World Vision, el propósito va mucho más allá del ámbito académico. La organización busca que los niños y niñas puedan mantener la esperanza y desarrollar herramientas de resiliencia que les permitan afrontar las consecuencias emocionales del conflicto mientras continúan su formación.
Uno de los ejes principales del programa consiste en reforzar las condiciones de seguridad dentro de los propios centros escolares. Para ello, se están mejorando los refugios antiaéreos, revisando los protocolos de actuación durante las emergencias y realizando supervisiones periódicas para comprobar que las medidas de protección se cumplen correctamente.
A estas actuaciones se suman campañas de sensibilización sobre seguridad, dirigidas tanto al alumnado como al personal educativo. Estas actividades se desarrollan de forma presencial y también a través de plataformas digitales, con el objetivo de que toda la comunidad educativa pueda adaptarse a una realidad en la que las emergencias forman parte del día a día para la infancia y la educación.
La formación no solo pretende enseñar cómo actuar durante un ataque, sino también reducir el riesgo y mejorar la capacidad de respuesta de docentes, familias y estudiantes ante situaciones extremas.
El impacto emocional de vivir entre alarmas
En ciudades como Járkov, donde los bombardeos son frecuentes, las consecuencias psicológicas se hacen especialmente visibles. Angelina, coordinadora de uno de los centros educativos participantes, describe una rutina que se ha normalizado para cientos de menores.
“Todos los días tenemos que ir al refugio. La ansiedad constante deja profundas secuelas en la salud mental de nuestros niños y niñas”.
Sus palabras reflejan una realidad compartida por muchas escuelas ucranianas: jornadas lectivas interrumpidas, miedo permanente y una infancia obligada a crecer en un entorno donde la incertidumbre condiciona cada actividad cotidiana.
La protección infantil también incluye la prevención de otro de los grandes peligros que deja la guerra: la contaminación por minas y explosivos. Para reducir estos riesgos, World Vision colabora con organizaciones especializadas como HALO Trust y el Consejo Danés para los Refugiados, impartiendo programas educativos adaptados a cada edad mediante juegos, materiales didácticos y libros para colorear.
Paralelamente, el personal de Save Ukraine en Kiev y Járkov ha recibido formación en primeros auxilios, una preparación especialmente relevante para quienes trabajan en lugares donde no existen equipos médicos permanentes. Gracias a esta capacitación, los trabajadores de primera línea pueden prestar atención inmediata en situaciones de emergencia y actualizarán sus conocimientos mediante formaciones anuales.
Una generación que merece recuperar su futuro
Mientras millones de estudiantes de todo el mundo regresan a las aulas con la ilusión de un nuevo curso, la realidad en Ucrania es completamente distinta. A medida que el conflicto se acerca a su quinto año, muchos niños y niñas pasan decenas de horas cada mes refugiados bajo tierra, en espacios reducidos, fríos y con escasa ventilación, perdiendo un tiempo que debería estar dedicado al aprendizaje, al juego y al desarrollo personal.
World Vision mantiene su compromiso de garantizar que la infancia ucraniana pueda acceder a una educación segura, equitativa e inclusiva, convencida de que proteger las escuelas significa también proteger el futuro de una generación entera. La continuidad de estos programas representa una oportunidad para que miles de menores no vean truncado su derecho a aprender, incluso en medio de la guerra.
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