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Lo que comenzó hace una década como un modesto trabajo de fin de máster centrado en la rehabilitación arquitectónica terminó por desvelar un tesoro patrimonial insólito. En la Vall Fosca, enclave clave donde se erigió la primera gran central hidroeléctrica de Cataluña impulsora de la segunda revolución industrial, se conserva una estructura pionera catalogada hoy como Bien de Interés Cultural: un Hospital de Cartón. Tras consultar a especialistas internacionales en arquitectura prefabricada, la investigadora Sígrid Remacha confirmó que se trata del único ejemplar de estas características que se mantiene en pie a nivel global.
Construido hacia el año 1911 de forma vertiginosa para competir en la carrera energética contra la compañía Canadiense, el inmueble nació con la misión de ofrecer asistencia sanitaria a los miles de obreros desplazados al valle. Pese a haber sido edificado con paneles ligeros de cartón y entramados de madera, el inmueble ha logrado la hazaña de resistir más de un siglo a las severas condiciones meteorológicas de la provincia de Lleida.
El desafío técnico de restaurar el pionero Hospital de Cartón
Afrontar la consolidación de un edificio de 106 años elaborado con materiales tan perecederos planteaba un reto metodológico sin precedentes. La propia especialista remarca que no existía ninguna referencia previa de restauración sobre un Hospital de Cartón ni sobre estructuras similares de esa época. La degradación sufrida por las fibras con el paso del tiempo obligó a instalar en primera instancia una gran cubierta protectora de madera para poder intervenir en el interior de manera progresiva y segura.
El plan de trabajo se apoya en un equipo multidisciplinar integrado íntegramente por mujeres, entre las que figuran arquitectas, restauradoras, arqueólogas y gestoras culturales. El protocolo de restauración del Hospital de Cartón se basa en la experimentación directa sobre los materiales originales mediante ensayos de prueba y error. Si una técnica aplicada resulta efectiva se avanza, mientras que si se detectan incompatibilidades el equipo retrocede para ajustar las fórmulas químicas y de consolidación.
De instalación sanitaria a refugio y almacén agrícola
La supervivencia de la edificación responde a una paradoja histórica. Tras perder su función asistencial a finales de la década de 1920, el Hospital de Cartón mantuvo su estructura intacta gracias a la sucesión de usos secundarios que se le dieron a lo largo del siglo XX. Durante el periodo de la Guerra Civil y los años de la posguerra, las instalaciones sirvieron como albergue improvisado para las familias de los guardias civiles destinados en la zona.
Posteriormente, en la década de los ochenta, el inmueble acogió los comedores de una empresa constructora antes de quedar relegado a un sencillo almacén agrícola donde los vecinos del valle guardaban la paja. Fue precisamente este último uso de almacenamiento el que protegió de forma involuntaria el hospital de las inclemencias del tiempo y de eventuales demoliciones urbanísticas, garantizando que sus paneles llegaran a nuestros días.
Un futuro museístico para integrar el patrimonio en la comunidad
Con los trabajos de consolidación en marcha, la dirección del proyecto ha descartado definitivamente que el recinto vuelva a tener un uso sanitario. El objetivo final se centra en culminar la reconversión del antiguo Hospital de Cartón en un centro museístico enfocado en la divulgación de la arquitectura industrial y la historia de las centrales hidroeléctricas del Pirineo.
Para involucrar a la población local en la recuperación de este hito arquitectónico, el equipo gestor promueve periódicamente jornadas de puertas abiertas. De este modo, los residentes de la Vall Fosca pueden comprobar de primera mano los avances en la restauración del Hospital de Cartón, un icono patrimonial único en el mundo que pasará a convertirse en un polo de atracción cultural y turística para toda la región.
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