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Con motivo del Día Mundial de los Humedales, un amplio grupo de organizaciones ambientales y sociales ha unido sus voces para pedir al Gobierno de España que sitúe estos ecosistemas “en el centro” del Plan Nacional de Restauración, actualmente en fase de elaboración. La solicitud coincide con la reciente aprobación del Reglamento europeo de restauración de la naturaleza, que marca un nuevo marco legal para revertir la degradación ambiental en el continente.
Entre las entidades firmantes se encuentran AEMS–Ríos con Vida, Amigas de la Tierra, la Asociación Española de Educación Ambiental, Ecologistas en Acción, Juventud por el Clima–Fridays For Future, la Fundación Global Nature, la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas y el sindicato UGT. Todas ellas han querido aprovechar la efeméride, que conmemora la firma del Convenio de Ramsar en 1971, para recordar que, más de cinco décadas después, estos ecosistemas siguen en peligro crítico.
Lejos de los avances esperados, la salud de las zonas húmedas del planeta continúa deteriorándose. Según datos del propio Convenio de Ramsar, desde el año 1700 se ha perdido casi el 90 % de estos ecosistemas del mundo. La mayor parte de esta destrucción se concentró en el siglo XX, acompañando los procesos de industrialización y expansión agraria, y no se ha detenido en el siglo XXI.
Los representantes de las organizaciones firmantes fueron contundentes: “Los humedales son hoy los ecosistemas más degradados del planeta y un símbolo del expolio de la naturaleza por parte de un modelo económico que antepone el beneficio inmediato a la vida”. En su comunicado, advierten de que la pérdida acelerada de estos espacios naturales pone en jaque tanto la biodiversidad como el equilibrio climático y el acceso al agua.
España: décadas de pérdida y degradación de los humedales
El panorama nacional refleja la misma tendencia. Informes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico indican que, para la segunda mitad del siglo XX, ya se había perdido entre el 60 % y el 70 % del patrimonio hídrico original de estos ecosistemas en España. Las causas principales: el drenaje de terrenos para uso agrícola, la ampliación de infraestructuras y la expansión urbana durante el desarrollismo.
Sin embargo, el deterioro no forma parte únicamente del pasado. “La degradación continúa”, alertan las organizaciones, señalando cuatro amenazas principales: la sobreexplotación de acuíferos, la agroindustria intensiva, la contaminación difusa y la especulación urbanística. Estos factores han seguido secando, degradando y en algunos casos privatizando espacios que deberían pertenecer al dominio público.
Ante esa realidad, el mensaje que lanzan los movimientos ecologistas es claro: hace falta un cambio profundo de rumbo. Reclaman que la restauración de los humedales no se limite a proyectos puntuales o acciones cosméticas, y mucho menos a operaciones de “greenwashing” institucional. Piden que el nuevo Plan Nacional tenga un enfoque estructural, ambicioso y transparente.
Entre sus propuestas, destacan la creación urgente de un listado nacional de humedales que puedan ser recuperados, lo que permitiría priorizar intervenciones efectivas según criterios ecológicos y territoriales. Asimismo, insisten en finalizar el Inventario Nacional de Zonas Húmedas, paralizado desde hace más de veinte años, y en reforzar la gestión del dominio público hidráulico. Para ello, exigen eliminar cualquier vacío legal que ampare la desecación o privatización de estos espacios.
Reducir impactos y aprender de los ejemplos
Las entidades califican de “inaplazable” abordar los impactos derivados de la agricultura y la ganadería intensivas en áreas cercanas a los humedales, actividades responsables de buena parte de su degradación. Al mismo tiempo, recuerdan que existen ejemplos positivos que demuestran que la restauración es posible si se actúa con decisión y planificación.
Uno de esos casos es el de la Pletera, en Girona, donde un antiguo sistema de humedales litorales degradado por la presión urbanística ha recuperado su dinámica natural tras la eliminación de infraestructuras y obras. Otro ejemplo es Campo de Lamas, en Galicia, donde la reversión de la desecación histórica ha permitido regenerar el ecosistema y devolverle parte de su biodiversidad. Estos proyectos, según las organizaciones, muestran que restaurar un humedal significa también recuperar memoria colectiva, aumentar la resiliencia ante las crisis ecológica y climática, y abrir horizontes sostenibles para las comunidades locales.
Restaurar el futuro
Las entidades que apoyan esta reivindicación concluyen su comunicado con un mensaje de fondo político y ético: “Devolver el agua a los humedales es una cuestión de justicia ambiental y social”. Reivindican que proteger y restaurar estos entornos implica establecer límites al modelo económico que los destruyó, y proponen apostar por una nueva relación con el territorio, centrada en el cuidado y en la vida.
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