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La profesora e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Noemí Sevilla, actual directora del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA-INIA-CSIC), ha alertado sobre el aumento del riesgo que representan las enfermedades zoonóticas y veterinarias para la sociedad actual. Durante una reciente intervención en la Real Academia de Ciencias de España, la experta subrayó que patologías como el hantavirus o el virus del Nilo Occidental se han convertido en un desafío prioritario no solo para la salud pública, sino también para la economía y la seguridad alimentaria.
Sevilla advirtió de que, en el contexto actual marcado por la globalización, el cambio climático y la intensa movilidad internacional, estas amenazas sanitarias están adquiriendo una dimensión cada vez más compleja. A su juicio, la capacidad de respuesta frente a estos riesgos sigue siendo insuficiente y resulta imprescindible reforzar de manera urgente los sistemas de prevención, vigilancia y detección temprana para hacer frente con mayores garantías a posibles brotes.
Enfermedades zoonóticas: ya trascienden el ámbito veterinario
Durante su exposición, la investigadora explicó que las enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que pueden transmitirse de animales a personas, ya no pueden considerarse un problema exclusivo del ámbito veterinario. Su capacidad para expandirse rápidamente y adaptarse a distintos hospedadores las convierte en una amenaza directa para toda la población.
Uno de los ejemplos más recientes mencionados por Sevilla fue el virus del Nilo Occidental, cuya presencia tuvo especial impacto el verano pasado en Andalucía. Este virus, transmitido por mosquitos, puede afectar tanto a caballos como a seres humanos, evidenciando cómo determinados patógenos pueden saltar entre especies y generar importantes consecuencias sanitarias.
La especialista insistió en que este tipo de enfermedades zoonóticas tiene repercusiones que van mucho más allá del ámbito médico. Además del riesgo para la salud, pueden provocar importantes daños económicos, afectar a sectores estratégicos como la ganadería o la agricultura y comprometer la estabilidad de las cadenas alimentarias.
Cambio climático y movilidad global, factores que agravan el problema
Entre los elementos que están favoreciendo la expansión de estas amenazas, Sevilla destacó el aumento de las temperaturas, las alteraciones en los ecosistemas y la constante circulación de personas y mercancías a escala internacional. Según explicó, estos factores están creando condiciones especialmente favorables para la aparición y propagación de nuevos patógenos o para la reaparición de enfermedades zoonóticas previamente controladas.
Como ejemplo reciente de esta situación, recordó la alerta generada por la gripe aviar en España, que el pasado mes de noviembre obligó a confinar aves de corral en varias regiones del país como medida preventiva. Para la investigadora, este episodio pone de manifiesto cómo los riesgos sanitarios vinculados al mundo animal pueden tener un impacto inmediato en la producción alimentaria y en la economía.
Uno de los mensajes centrales de la intervención de Sevilla fue la necesidad de reconocer que, en estos momentos, la preparación frente a este tipo de amenazas sigue siendo insuficiente. La científica considera que es urgente aumentar los recursos destinados a la vigilancia epidemiológica, mejorar los sistemas de diagnóstico precoz y fortalecer la capacidad de respuesta institucional ante posibles brotes.
Asimismo, reclamó una mayor coordinación entre los distintos sectores implicados, especialmente entre profesionales de la salud humana, la sanidad animal y los expertos en medio ambiente. Según señaló, abordar estos problemas que vienen de las enfermedades zoonóticas desde perspectivas aisladas reduce notablemente la eficacia de cualquier estrategia preventiva.
El enfoque “Una sola salud”, clave para la prevención
En este sentido, Noemí Sevilla defendió con firmeza la aplicación del modelo conocido como “Una sola salud” (One Health), un enfoque que plantea que la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas están profundamente interconectadas.
La investigadora explicó que solo mediante una visión conjunta y transversal será posible anticiparse a futuras crisis sanitarias y reducir el impacto de enfermedades zoonóticas emergentes. Ignorar esa interdependencia, advirtió, limita la capacidad de reacción y dificulta la implementación de medidas eficaces de prevención.
Su mensaje pone sobre la mesa la necesidad de replantear las políticas sanitarias desde una perspectiva más amplia, donde la investigación, la cooperación institucional y la vigilancia continua sean herramientas fundamentales para afrontar un escenario cada vez más desafiante.
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