Las mujeres con discapacidad reclaman el pleno ejercicio de su maternidad

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Unas mujeres compartiendo sus experiencias sobre maternidad y mujeres con discapacidad

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Este lunes, la Confederación Estatal de Mujeres con Discapacidad (Cemudis) ha vuelto a poner sobre la mesa una reivindicación que, aunque amparada por la ley, sigue encontrando resistencias en la práctica: el derecho de estas mujeres a decidir libremente sobre su maternidad y a ejercerla en igualdad de condiciones, sin que prejuicios ancestrales cuestionen su capacidad para cuidar y criar. La entidad alerta de que, pese a los avances normativos, los estereotipos que vinculan discapacidad con dependencia o incapacidad continúan condicionando las decisiones de muchas mujeres y dificultando que la maternidad forme parte de sus proyectos de vida en igualdad.

Cemudis recuerda que en 2020 se modificó el Código Penal para eliminar la posibilidad de realizar esterilizaciones no consentidas a personas con discapacidad sometidas a medidas de apoyo que implicaran representación, una práctica que había sido criticada y recomendada para su supresión por organismos internacionales. Sin embargo, para la confederación este hito legislativo “no ha terminado con los obstáculos” a los que se enfrentan las mujeres con discapacidad, que siguen encontrando cuestionamientos sobre su capacidad para decidir, cuidar y ejercer su maternidad.

El reconocimiento formal de los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad ha crecido, pero persisten barreras físicas, materiales y sociales que dificultan su ejercicio efectivo. Desde Cemudis se insiste en que garantizar el derecho a la maternidad requiere también “transformar las representaciones sociales que continúan asociando la discapacidad con la dependencia y la incapacidad”, así como reconocer que “no existe un único modelo válido de maternidad”.

La entidad recoge el testimonio de Bianca, agente de igualdad en RedMudis Cádiz y psicóloga, quien aseguró que siempre había querido ser madre y que su decisión comenzó a ser cuestionada después de adquirir una discapacidad. “Yo ya sabía que quería ser madre antes de la discapacidad”, explicó. Sin embargo, cuando comunicó a su familia su decisión, recibió comentarios que ponían en duda que fuera una buena decisión.

“No entendía por qué todo el mundo estaba opinando sobre mi derecho a ser madre cuando a ninguna mujer se le cuestionaba ese derecho”, relató. Entre los comentarios que recibió, recordó especialmente uno: “Lo más difícil fue escuchar que yo no iba a ser capaz de cuidar de mi hija”. Bianca, que actualmente es madre de una niña de 11 años y un niño de 9, consideró que su experiencia demuestra que “la maternidad de las mujeres con discapacidad no debe construirse desde los prejuicios”. “He construido mi maternidad a través de mi propia experiencia, no de los prejuicios”, afirmó.

A su juicio, “ser madre no se limita a una cuestión física”, sino que implica también “cuidados emocionales, acompañamiento y la construcción de vínculos”. “Ser madre tiene mucha implicación emocional. Es amor incondicional, es anteponer tus hijos a tus necesidades”, señaló. Bianca trasladó finalmente un mensaje a las mujeres con discapacidad que quieran ser madres: “Si ellas se ven capaces y quieren serlo, que lo hagan. Los límites los ponen los demás, no los pongas tú”.

Datos que desnudan las carencias del sistema

Cemudis alerta asimismo de que los prejuicios se suman a dificultades en el acceso a los servicios sanitarios y sociales necesarios para ejercer la maternidad en condiciones de igualdad. Según el estudio sobre los factores condicionantes de la coordinación sociosanitaria para la autonomía personal de las personas con discapacidad física y orgánica en España, impulsado por Cocemfe, el 80 % de estas mujeres “no recibe con la regularidad e intensidad suficiente los servicios sanitarios y sociales que necesita”.

Asimismo, el estudio ‘Salud Sexual y Reproductiva en Mujeres con Discapacidad Intelectual y del Desarrollo’, impulsado por el Instituto de las Mujeres, señala que una de cada tres mujeres con discapacidad intelectual y del desarrollo “nunca ha acudido a una consulta ginecológica”. Para Cemudis, estos datos ponen de manifiesto la necesidad de “garantizar servicios sanitarios y sociales accesibles, apoyos adecuados y una mayor coordinación entre los distintos recursos” para que las estas mujeres puedan ejercer sus derechos sexuales y reproductivos.

Hacia una maternidad sin moldes únicos

La entidad defendió que garantizar el derecho a la maternidad requiere también “transformar las representaciones sociales que continúan asociando la discapacidad con la dependencia y la incapacidad”, así como reconocer que “no existe un único modelo válido de maternidad”. Cemudis concluyó que seguirá defendiendo el derecho de las mujeres con discapacidad a decidir sobre sus proyectos de vida y sus maternidades y reclamó que los servicios sanitarios y sociales “trabajen de forma coordinada para proporcionar los apoyos y recursos necesarios”.

En un contexto en el que el 75 % de las personas con discapacidad no recibe los servicios sanitarios y sociales que requiere, cifra que asciende al 80 % en el caso de las mujeres, y en el que el 81,6 % del colectivo asume gastos adicionales en tratamientos o productos sanitarios, la reivindicación de Cemudis no es solo simbólica: es una llamada a cerrar la brecha entre el derecho reconocido y el derecho ejercido.

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