Lectura fácil
El miedo o la ansiedad al volante sigue siendo una barrera importante para miles de conductores en España. De hecho, casi la mitad de quienes experimentan este problema, conocido como amaxofobia, ha optado directamente por dejar de conducir.
Así lo refleja el Estudio sobre la amaxofobia. El miedo a conducir: naturaleza, perfiles y tratamiento, elaborado por la Fundación CEA y la Fundación Ibercaja, que analiza cómo afecta este trastorno a quienes cuentan con permiso de conducir pero afrontan dificultades psicológicas cada vez que deben ponerse al volante.
La investigación, realizada a partir de una encuesta a 1.004 personas adultas con carné de conducir y algún grado de ansiedad relacionada con la conducción, actualiza un informe previo desarrollado por la Fundación CEA en 2018 y confirma que el problema sigue teniendo un impacto significativo tanto en la movilidad como en la calidad de vida de quienes lo padecen.
Renunciar a conducir, una decisión frecuente provocada por la amaxofobia
Uno de los datos más llamativos del estudio es que el 49,1 % de las personas encuestadas reconoce que ya no conduce en la actualidad debido al miedo o la ansiedad que le genera hacerlo. A esta cifra se suma un 26,4 % que solo se atreve a conducir en determinadas circunstancias, mientras que únicamente un 24,5 % afirma conducir con normalidad o de manera habitual.
Los investigadores destacan una relación directa entre el nivel de ansiedad y la frecuencia con la que se conduce: cuanto mayor es el miedo, menor es la disposición a sentarse frente al volante. En muchos casos, la evitación se convierte en una estrategia para reducir el malestar inmediato, aunque termina reforzando el problema a largo plazo.
El análisis también permite identificar los perfiles más habituales entre quienes sufren amaxofobia. Las mujeres representan la mayoría de los casos, con un 60,7 % del total, frente a los hombres. Además, la franja de edad con mayor incidencia es la comprendida entre los 41 y los 50 años, que concentra el 24,8 % de las respuestas.
Sin embargo, el estudio señala que la ansiedad al conducir suele ser especialmente intensa entre los conductores más jóvenes. En estos casos, el miedo suele estar vinculado a la inseguridad, la falta de experiencia y una confianza aún poco consolidada al volante. En edades intermedias, en cambio, el problema puede mantenerse o reaparecer debido al estrés acumulado, experiencias negativas previas o una evitación progresiva que termina cronificando el temor.
La conducta de otros conductores, principal causa del miedo
Uno de los aspectos más reveladores del informe es que la principal causa asociada al miedo a conducir no es haber sufrido un accidente, sino la percepción del comportamiento de los demás usuarios de la vía.
En concreto, el 65,8 % de las personas consultadas señala que la manera de conducir de otros conductores es el principal desencadenante de su ansiedad. A esta causa le siguen la falta de pericia propia, mencionada por el 51,3 %; el miedo a sufrir un mareo, desmayo o vértigo mientras se conduce, con un 34,2 %; y la exposición constante a noticias sobre accidentes de tráfico en los medios de comunicación, señalada por el 33,6 %.
También influyen la opinión o presión de familiares y conocidos, con un 30,5 %, así como haber vivido personalmente un siniestro vial, circunstancia citada por el 29,5 % de los encuestados.
Según los expertos, estos datos evidencian que la ansiedad al volante no siempre responde a un trauma directo, sino que muchas veces está relacionada con la sensación de vulnerabilidad, la percepción de peligro constante y la imprevisibilidad del entorno vial.
Periodos largos sin conducir
La encuesta también revela que el abandono temporal de la conducción es frecuente entre quienes padecen amaxofobia. Un 62,6 % asegura haber dejado de conducir durante un periodo prolongado, especialmente entre dos y cinco años.
A pesar de ello, un 41,3 % continúa conduciendo diariamente, lo que indica que muchas personas conviven con esta ansiedad de forma habitual, aunque con elevados niveles de malestar emocional.
Ante esta situación, casi la mitad de los afectados, un 49,9 %, ha intentado buscar algún tipo de ayuda para superar el miedo a conducir. Las fuentes de apoyo más habituales han sido los familiares, mencionados por el 23,6 %; las autoescuelas, con un 17,5 %; los psicoterapeutas, con un 16,6 %; internet, también con un 15,9 %; y el uso de medicación, igualmente con un 15,9 %.
No obstante, la percepción sobre la eficacia de estas soluciones es poco alentadora. El 59,3 % de quienes buscaron ayuda afirma que les sirvió de poco, mientras que un 23,1 % considera que no fue útil en absoluto.
Para los responsables del estudio, esta situación refleja la necesidad urgente de desarrollar tratamientos más específicos y eficaces para abordar la ansiedad en la conducción. Según concluyen, no basta con recomendar más práctica, acompañamiento o una exposición informal al volante; es necesario diseñar intervenciones adaptadas a este problema psicológico.
Niveles de ansiedad medio-altos en la mayoría de los casos
El informe también mide la intensidad de la amaxofobia mediante el Cuestionario para la Evaluación de la Amaxofobia en Conductores (Cemic), cuya puntuación oscila entre 15 y 60 puntos.
La media obtenida por los participantes es de 42,2 puntos, lo que sitúa al conjunto de los encuestados en un rango de ansiedad medio-alto. Además, el 62,3 % presenta niveles medio-altos o altos de ansiedad al conducir, lo que confirma que no se trata de un malestar puntual, sino de una dificultad significativa que condiciona su autonomía y su día a día.
Los resultados del estudio ponen de manifiesto que la amaxofobia es un problema más común de lo que parece y que afecta profundamente a la vida de quienes la sufren, limitando su independencia y movilidad. La identificación temprana del problema y el acceso a tratamientos especializados podrían ser claves para ayudar a muchas personas a recuperar la confianza al volante.
Añadir nuevo comentario