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La menopausia no se vive de la misma manera para todas las mujeres. Una investigación de la Universidad de Bournemouth, publicada en Autism in Adulthood, concluye que las mujeres autistas experimentan de forma sistemática síntomas menopáusicos más graves que las no autistas, acompañados de mayor ansiedad y depresión y de una calidad de vida inferior. El trabajo, liderado por la doctoranda Eunhee Kim, pone sobre la mesa una desigualdad de salud que, hasta ahora, había recibido poca atención clínica y social.
El estudio es el más amplio realizado hasta la fecha para comparar, mediante autoinformes, los síntomas de la menopausia entre personas con y sin autismo. Participaron algo más de 900 personas, en su mayoría mujeres cisgénero, y los investigadores siguieron sus síntomas y su bienestar durante cinco semanas consecutivas.
Una etapa que puede desestabilizar
La investigación nació de la necesidad de comprender a mayor escala cómo atraviesan la menopausia las personas autistas. Eunhee Kim explicó que trabajos anteriores de sus supervisores en la Universidad de Bournemouth ya habían señalado que la menopausia puede coincidir con momentos de crisis para este colectivo.
La menopausia, recordó la investigadora, ya supone un reto importante para las mujeres no autistas: los síntomas pueden llevar a una de cada diez mujeres a abandonar el mercado laboral. Pero, en el caso de las personas autistas, las dificultades previas, problemas de memoria, planificación, regulación emocional o sensibilidad sensorial, pueden intensificarse. Muchas, además, realizan un esfuerzo constante por integrarse y enmascarar sus diferencias, lo que puede añadir una carga adicional cuando aparecen los cambios físicos y psicológicos de esta etapa.
Más síntomas y peor salud mental en las mujeres autistas
Los resultados mostraron diferencias marcadas. A lo largo de las cinco semanas de seguimiento, las mujeres autistas que participaron reportaron síntomas menopáusicos más severos que las no autistas. Esa mayor intensidad se relacionó también con más ansiedad y depresión y con una peor calidad de vida.
El estudio analizó a 476 personas autistas y 425 no autistas, de entre 40 y 60 años, utilizando escalas estandarizadas de autoinforme para medir la percepción de los síntomas, la depresión, la ansiedad y la calidad de vida. Las diferencias se mantuvieron en todos los momentos evaluados.
Las desigualdades no se limitaron al ámbito mental. Las personas autistas tenían casi el doble de probabilidades de declarar una o más afecciones cardiovasculares, como cardiopatías, y más de cuatro veces más probabilidades de reportar una afección musculoesquelética, como la hipermovilidad.
“Los hallazgos indican que las mujeres autistas suelen enfrentar problemas de salud complejos durante la menopausia”, subrayó Kim. La menopausia puede agravar condiciones físicas y mentales preexistentes, lo que ayuda a explicar por qué un colectivo que parte de una salud más precaria puede encontrar en esta etapa obstáculos especialmente difíciles.
Más allá de constatar la magnitud del problema, el estudio exploró por qué las mujeres autistas pueden tener una experiencia más dura. Los investigadores identificaron dos factores especialmente relevantes: la sensación de pérdida de control y la dificultad para comprender los cambios que la menopausia produce en el cuerpo y la mente. Ambos parecían predecir la gravedad de los síntomas.eprints.bournemouth.
Según Julie Gamble-Turner, codirectora de la tesis doctoral de Kim, muchas personas autistas han relatado haber pensado que “se estaban volviendo locas” o que padecían una enfermedad, porque su experiencia no encajaba con lo que habían leído o escuchado sobre la menopausia. Ofrecer información adaptada a las necesidades autistas sobre qué esperar durante esta transición podría reducir el miedo, la confusión y la sensación de descontrol.
Barreras para recibir atención
El trabajo también apunta a un problema en la relación entre pacientes autistas y profesionales sanitarios. Rachel Moseley, codirectora de la tesis y coautora del estudio, señaló que muchas mujeres autistas encuentran dificultades para acceder a ayuda durante la menopausia. En ocasiones, explicó, los médicos no creen en la magnitud de sus dificultades, quizá porque no expresan su malestar del modo que el sistema sanitario espera.
Eso convierte la investigación en una llamada a adaptar la atención sanitaria: facilitar información clara y accesible, escuchar las experiencias de las pacientes y reconocer que el malestar puede manifestarse de formas distintas. Los propios autores señalan que se necesitan más estudios para aclarar todos los mecanismos implicados, pero consideran que la percepción de control y una comprensión coherente de la menopausia son claves para proteger el bienestar.
Una desigualdad que exige respuesta
El estudio no demuestra que el autismo cause directamente síntomas más graves, ya que se basa en autoinformes y en asociaciones observadas durante el seguimiento. Sin embargo, sus resultados son consistentes durante varias semanas y coinciden con investigaciones previas que ya apuntaban a una experiencia menopáusica más intensa y compleja entre las personas autistas.
La conclusión principal es clara: la menopausia no puede abordarse como una experiencia uniforme. Para las mujeres autistas, puede suponer la convergencia de síntomas físicos, dificultades cognitivas y emocionales, condiciones de salud previas y barreras de acceso a la atención. Reconocer esa realidad es el primer paso para ofrecerles un apoyo sanitario más justo, comprensible y eficaz.
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