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Las devastadoras inundaciones que golpearon Nepal continúan dejando un panorama desolador mientras los equipos de rescate trabajan contrarreloj para localizar a miles de personas desaparecidas. A casi una semana del inicio de la emergencia, los organismos humanitarios han comenzado a poner el foco no solo en las labores de búsqueda, sino también en las graves consecuencias sociales y sanitarias que el desastre está provocando, especialmente entre mujeres y niñas.
Según informó este martes en Ginebra la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), el número de víctimas mortales asciende ya a 987 personas, mientras que 4.247 continúan desaparecidas. Estas cifras reflejan la magnitud de una de las peores catástrofes naturales registradas recientemente en el país del Himalaya.
El desastre tuvo su origen en el colapso de un glaciar situado en el Himalaya, cerca de la frontera entre Nepal y China, un fenómeno que desencadenó violentas inundaciones repentinas capaces de arrasar comunidades enteras, carreteras, puentes y sistemas de abastecimiento de agua. En el lado chino de la frontera, las autoridades también confirmaron 16 fallecidos y 546 personas desaparecidas como consecuencia del mismo episodio.
El monzón mantiene viva la amenaza en Nepal
Aunque los días transcurren desde el inicio de la tragedia, el peligro está lejos de haber desaparecido. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) ha conseguido acceder recientemente a algunos de los territorios más afectados, entre ellos el distrito montañoso de Rasuwa, donde las dificultades de acceso habían retrasado la llegada de ayuda humanitaria.
Desde Katmandú, el responsable de operaciones de la IFRC para la emergencia en Nepal, Matt Baden, advirtió de que las tareas de búsqueda y rescate continúan desarrollándose en condiciones extremadamente complicadas. El portavoz recordó que el monzón aún no ha finalizado, por lo que persiste el riesgo de nuevas inundaciones provocadas por cursos de agua bloqueados, además de una amenaza constante de deslizamientos de tierra.
Mientras tanto, numerosos habitantes comienzan a regresar a las zonas devastadas con la esperanza de encontrar en pie sus viviendas o recuperar alguna pertenencia entre los escombros. Sin embargo, muchas comunidades permanecen aisladas debido a la destrucción de infraestructuras esenciales.
Más de 43.000 mujeres y niñas requieren ayuda urgente
Uno de los aspectos que más preocupa a Naciones Unidas es el impacto desigual que la catástrofe está teniendo sobre la población femenina. ONU Mujeres calcula que alrededor de 43.000 mujeres y niñas necesitan asistencia humanitaria inmediata en Nepal, una cifra que evidencia la especial vulnerabilidad de este colectivo durante la emergencia.
La directora regional de la agencia para Asia y el Pacífico, Christine Arab, explicó que las organizaciones presentes sobre el terreno están detectando una situación cada vez más preocupante. Muchas mujeres supervivientes comienzan a quedarse sin alimentos, mientras el acceso al agua potable resulta prácticamente imposible en numerosas localidades debido a la destrucción de los sistemas de distribución.
Además de las necesidades básicas, ONU Mujeres alerta de un problema menos visible pero igualmente grave: el riesgo de que las mujeres queden relegadas de las decisiones relacionadas con la respuesta humanitaria y con los futuros procesos de reconstrucción del país.
Arab recordó que entre las personas arrastradas por las aguas había mujeres embarazadas, madres lactantes y personas con discapacidad que no pudieron alcanzar zonas elevadas antes de la llegada de la riada. Para la responsable de la agencia, esta tragedia demuestra cómo los desastres naturales golpean con mayor dureza a quienes ya vivían en situación de desigualdad.
El agua potable desaparece y crecen los riesgos de protección
Antes incluso de las inundaciones, las mujeres y niñas del distrito de Rasuwa dedicaban varias horas diarias a caminar largas distancias para conseguir agua. Esa carga cotidiana se ha agravado dramáticamente tras el desastre.
Las propias afectadas relatan que el acceso al agua potable ha quedado completamente interrumpido después de que las inundaciones destruyeran carreteras, puentes y redes de abastecimiento. Esta situación no solo dificulta la supervivencia diaria, sino que también incrementa el riesgo de enfermedades y obliga a muchas familias a depender exclusivamente de la ayuda humanitaria.
Al mismo tiempo, los organismos internacionales advierten de que este tipo de emergencias suele ir acompañado de un aumento de los riesgos de violencia de género, explotación y trata de personas. Los daños en las comunicaciones y en las infraestructuras hacen aún más difícil que las supervivientes puedan solicitar ayuda o acceder a servicios de protección especializados.
Por ello, ONU Mujeres insiste en que la recuperación de Nepal debe construirse contando con la participación activa de las mujeres, no únicamente como beneficiarias de la asistencia, sino como protagonistas de las decisiones que marcarán el futuro de sus comunidades.
La atención sanitaria, otra prioridad de la emergencia
Junto a la asistencia alimentaria y el acceso al agua, el mantenimiento de los servicios de salud constituye uno de los principales desafíos para las autoridades y las agencias internacionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de que seis centros sanitarios han quedado dañados o destruidos, mientras que otros dos permanecen inaccesibles, dejando a parte de la población sin atención médica en el momento de mayor necesidad.
El portavoz de la OMS, Christian Lindmeier, señaló que salvar vidas sigue siendo la prioridad inmediata, aunque subrayó que también resulta fundamental evitar una segunda crisis relacionada con la salud pública. Las inundaciones, el desplazamiento masivo de personas, el hacinamiento en refugios temporales y la acumulación de agua estancada crean condiciones propicias para la propagación de enfermedades infecciosas.
Con ese objetivo, la OMS está reforzando la vigilancia epidemiológica tanto en las zonas directamente afectadas como en las áreas situadas río abajo, con el fin de detectar rápidamente posibles brotes de dengue, tifus de los matorrales y otras enfermedades transmisibles.
Además, la organización colabora en la distribución de medicamentos prioritarios, kits de diagnóstico y otros suministros médicos esenciales, al tiempo que ofrece orientación técnica sobre la prevención de infecciones y el manejo seguro y digno de los cuerpos de las personas fallecidas.
Una recuperación que exige inclusión y prevención
La emergencia en Nepal ha puesto de manifiesto que los desastres naturales no afectan a toda la población de la misma manera. Mientras continúan las labores para localizar a miles de desaparecidos y asistir a las comunidades aisladas, las agencias de Naciones Unidas insisten en que la reconstrucción deberá abordar también las desigualdades que existían antes de la tragedia.
Garantizar alimentos, agua potable, atención sanitaria y protección para las 43.000 mujeres y niñas que requieren ayuda inmediata será una pieza clave para que la recuperación del país sea más justa y resiliente frente a futuras emergencias.
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