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El dominio y alcanzar un buen nivel de inglés sigue siendo una asignatura pendiente para una parte importante del alumnado en Cataluña. A pesar de que los estudiantes dedican una media de diez años a aprender este idioma durante su etapa escolar, los resultados al finalizar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) no alcanzan el nivel esperado. Así lo refleja el informe “¿Por qué nos cuesta tanto el inglés?”, elaborado por la Fundación Equitat.org y presentado recientemente.
Según este estudio, los alumnos obtienen una puntuación media de 69 puntos en las pruebas de competencias básicas para conocer el nivel de inglés al terminar la ESO. Esta cifra queda por debajo del umbral de aprobación, fijado en 70 puntos, lo que evidencia un suspenso generalizado en esta materia. El dato resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta la larga exposición al idioma durante la escolarización obligatoria.
Una década de aprendizaje con resultados limitados en el nivel de inglés
El informe, liderado por la investigadora Elisabet Pladevall, pone de manifiesto que el problema no radica tanto en cuándo se empieza a estudiar inglés, sino en cómo se enseña. La experta señala que acumular años de formación no garantiza una mejora real en la competencia lingüística. De hecho, advierte que este enfoque prolongado puede derivar en un aprendizaje repetitivo, poco eficaz y, en muchos casos, frustrante tanto para el alumnado como para el profesorado.
Pladevall subraya además que las condiciones actuales en las aulas, especialmente el tamaño de los grupos, dificultan una enseñanza de calidad. En su opinión, resulta complicado lograr un aprendizaje significativo de una lengua extranjera sin una reducción de las ratios y una reorganización metodológica.
Desigualdad social y brecha educativa
Uno de los aspectos más preocupantes que destaca el informe es la existencia de una clara brecha social en el aprendizaje del inglés. Las diferencias entre estudiantes según su contexto socioeconómico no solo persisten, sino que se agravan con el paso de los años. Mientras que en sexto de primaria las diferencias ya son visibles, en cuarto de ESO se consolidan de forma más marcada.
Los datos son contundentes: los centros considerados de alta complejidad obtienen resultados significativamente más bajos que aquellos con menor complejidad. En concreto, la diferencia alcanza los 17 puntos en las pruebas de competencias básicas (61 frente a 78,3). Esto convierte al inglés en la materia donde más se evidencian las desigualdades educativas.
Además, el informe señala que un 20 % del alumnado no logra alcanzar siquiera el nivel más básico de expresión oral, una habilidad clave en el aprendizaje de cualquier idioma. La evolución a lo largo de la etapa educativa tampoco es positiva: el porcentaje de estudiantes con bajo nivel de inglés pasa del 14 % en primaria al 25´% en la ESO, mientras que los niveles altos descienden del 60 % al 46 %.
El papel de las actividades extraescolares
El estudio también pone el foco en la influencia de las actividades extraescolares. Actualmente, aproximadamente un tercio del alumnado complementa su formación en inglés fuera del horario escolar, principalmente en academias privadas. Este hecho introduce un factor de desigualdad adicional, ya que el acceso a estos recursos depende en gran medida de la capacidad económica de las familias.
En este sentido, Pladevall plantea una reflexión relevante: invertir en clases extraescolares desde edades tempranas puede no ser la estrategia más efectiva. En su lugar, propone que las familias consideren destinar esos recursos a experiencias más inmersivas en etapas posteriores, como estancias en el extranjero, que pueden tener un impacto más significativo en el aprendizaje.
Propuestas para mejorar el aprendizaje
A pesar del diagnóstico preocupante, el informe es optimista respecto a la posibilidad de mejora del nivel de inglés. Se plantea como objetivo que el alumnado alcance niveles acordes con el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas: A2 al finalizar primaria, B1 al terminar la ESO y B2 en Bachillerato.
Para lograrlo, se proponen diversas medidas basadas en la evidencia científica. Entre ellas, destaca la recomendación de introducir el aprendizaje del inglés de forma más intensiva a partir de quinto de primaria, con cinco horas semanales que combinen clases tradicionales y actividades más dinámicas, incluyendo la participación en proyectos internacionales.
Otra línea de actuación clave para un buen nivel de inglés es reforzar la formación continua del profesorado, incluyendo estancias en el extranjero que permitan actualizar metodologías y mejorar las competencias didácticas. Asimismo, se sugiere la creación de programas de mentoría en los centros educativos, con acompañamiento regular para garantizar la aplicación de buenas prácticas.
El informe también apuesta por ampliar la presencia de auxiliares de conversación, asegurando al menos una hora semanal de interacción en inglés para todo el alumnado. Esta medida se implementaría prioritariamente en los centros con mayores dificultades.
Inversión y compromiso educativo
La implementación de estas propuestas requeriría una inversión estimada de hasta 58 millones de euros, lo que representa aproximadamente el 0,8% del presupuesto educativo actual. Según el informe, este esfuerzo económico permitiría mejorar de forma significativa el nivel de inglés del alumnado sin depender de los recursos familiares.
El reto no es aumentar los años de exposición al idioma, sino transformar la manera en que se enseña. Apostar por una enseñanza más efectiva, equitativa y adaptada a las necesidades reales del alumnado se presenta como la clave para superar las actuales carencias y avanzar hacia un sistema educativo más justo y eficiente.
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