En verano, aunque muchas personas descansan o viajan, también pueden aparecer emociones negativas como estrés, ansiedad o frustración, especialmente por la presión social de “disfrutar al máximo”.
Las olas de calor son cada vez más frecuentes en Europa y afectan de forma desigual a la población. Las personas que viven en barrios pobres sufren más por la falta de árboles, sombra y viviendas adecuadas.