Los pastizales del mundo desaparecen por la sequía y ponen en riesgo la alimentación global

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Los pastizales afectados por la sequía

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La degradación acelerada de los pastizales se ha convertido en una de las señales más preocupantes del deterioro ambiental global. La combinación de sequías cada vez más intensas, el cambio climático y el uso insostenible del suelo está provocando la pérdida progresiva de estos ecosistemas esenciales, con consecuencias directas sobre millones de personas y sobre la seguridad alimentaria mundial.

Los pastizales, que abarcan desde las sabanas africanas hasta las estepas euroasiáticas y las praderas de América del Sur, están desapareciendo a un ritmo alarmante. La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) advierte que hasta la mitad de estas superficies ya se encuentran degradadas o en riesgo de estarlo. Este deterioro no es un fenómeno aislado, sino el resultado de múltiples factores que actúan de forma simultánea: sequías prolongadas, aumento de temperaturas, escasez de agua y prácticas agrícolas y ganaderas poco sostenibles.

En el contexto del Día Mundial de la Desertificación y la Sequía 2026, se puso el foco en esta crisis silenciosa que afecta a extensas áreas del planeta. Estos ecosistemas, a menudo infravalorados, desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima y en el mantenimiento de la biodiversidad, además de ser esenciales para la vida de numerosas especies.

Los pastizales son un pilar clave para la alimentación global

Más allá de su valor ecológico, los pastizales son un soporte vital para la economía y la alimentación de miles de millones de personas. Se estima que cerca de 2.000 millones de habitantes dependen directamente de estos territorios para su subsistencia. Además, proporcionan aproximadamente el 70% del alimento destinado al ganado a nivel mundial.

Este dato refleja la magnitud del problema: la degradación de los pastizales no solo afecta al medio ambiente, sino que amenaza directamente la seguridad alimentaria global. En muchas regiones, especialmente en países en desarrollo, la ganadería extensiva es una de las principales fuentes de ingresos y sustento. La pérdida de calidad de estos suelos compromete la producción de alimentos y aumenta la vulnerabilidad de las comunidades rurales.

El deterioro de las praderas no puede entenderse sin tener en cuenta el impacto del cambio climático. El aumento de las temperaturas y la irregularidad de las precipitaciones intensifican las sequías, debilitando la capacidad de estos ecosistemas para regenerarse. A esto se suman prácticas como el sobrepastoreo, la deforestación o el uso inadecuado del suelo, que aceleran el proceso de desertificación.

La UNCCD insiste en que la situación actual es el resultado de una interacción compleja entre factores climáticos y humanos. Cuando pierden su cobertura vegetal, el suelo queda expuesto, se erosiona con mayor facilidad y pierde su fertilidad, iniciando un ciclo difícil de revertir.

Ante este escenario, Naciones Unidas ha subrayado la necesidad de actuar con urgencia. La restauración se plantea como una estrategia clave para reforzar la resiliencia frente a las sequías, proteger la biodiversidad y garantizar la producción de alimentos.

Yasmine Fouad, secretaria ejecutiva de la UNCCD, ha destacado que invertir en la recuperación de estos ecosistemas no solo tiene beneficios ambientales, sino también económicos y sociales. Restaurar tierras degradadas puede reducir riesgos asociados al cambio climático y mejorar las condiciones de vida de millones de personas.

El valor del conocimiento tradicional

En 2026, además, se celebra el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, una iniciativa que busca reconocer el papel de las comunidades que han gestionado estos territorios durante generaciones. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha señalado que los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas y de las comunidades pastoriles son fundamentales para la conservación de estos ecosistemas.

Estas prácticas ancestrales, basadas en el equilibrio con el entorno, pueden ofrecer soluciones eficaces para adaptarse a condiciones climáticas cada vez más extremas. Su integración en las políticas actuales se presenta como una oportunidad para mejorar la gestión sostenible del territorio.

El caso de Kenia ilustra claramente la importancia de los pastizales. En este país, las zonas áridas y estos terrenos ocupan cerca del 80 % del territorio, siendo esenciales para la economía y la actividad ganadera. La ministra de Medio Ambiente, Deborah Barasa, ha hecho un llamamiento internacional para reforzar la protección y restauración de estos espacios.

La situación en Kenia no es única, pero sí representativa de lo que ocurre en muchas otras regiones del mundo. La degradación de estos ecosistemas tiene un impacto directo en la estabilidad económica, social y ambiental.

Una cuestión estratégica global

La advertencia de Naciones Unidas es clara: su desaparición ya no es solo un problema ambiental, sino una cuestión estratégica a escala global. Su conservación es fundamental para garantizar el suministro de alimentos, proteger la biodiversidad y fortalecer la resiliencia frente a un clima cada vez más adverso.

El futuro de estos ecosistemas dependerá en gran medida de la capacidad de los gobiernos, las comunidades y la comunidad internacional para actuar de forma coordinada. Frenar la desertificación y restaurar los pastizales no es solo una opción, sino una necesidad urgente para asegurar el bienestar de millones de personas en todo el mundo.

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