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El mercado laboral continúa mostrando importantes desigualdades para las personas con discapacidad. Pese al aumento de la afiliación y al descenso del desempleo, su participación en el empleo sigue muy por debajo de la del resto de la población. El elevado paro de larga duración y el peso de los contratos temporales reflejan las dificultades que todavía existen para acceder a un trabajo estable y en condiciones de igualdad.
El empleo sigue siendo una barrera para las personas con discapacidad
La incorporación al mercado laboral ha mejorado en los últimos años, pero las diferencias respecto al resto de la población siguen siendo importantes. Los últimos datos muestran que las personas con discapacidad continúan teniendo más dificultades para acceder a un puesto de trabajo y, cuando lo consiguen, no siempre encuentran condiciones estables.
Según el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), el 58,09 % de las personas con discapacidad desempleadas lleva más de un año buscando trabajo. Además, el 43,93 % permanece en paro durante más de dos años, una situación que dificulta todavía más su regreso al mercado laboral.
Una participación laboral todavía muy baja
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2024 reflejan que había 1.941.500 personas con discapacidad en edad de trabajar. De ellas, 687.500 estaban activas y 560.400 tenían un empleo.
La diferencia con quienes no presentan discapacidad resulta especialmente significativa. La tasa de actividad se situó en el 35,4 %, frente al 78,5 % del resto de la población. En cuanto al empleo, la distancia también es amplia: el 28,9 % de este colectivo tenía trabajo, frente al 69,7% de las personas sin discapacidad. La tasa de paro alcanzó además el 18,5 %, siete puntos por encima de la registrada entre el resto de trabajadores.
Más afiliación, pero empleos poco estables
En 2025, 345.854 personas con discapacidad estaban afiliadas a la Seguridad Social. La cifra creció un 2,91% respecto al año anterior y acumula un aumento superior al 50% en la última década.
Sin embargo, el incremento de la afiliación no significa necesariamente que se haya alcanzado una inclusión laboral plena. De los 275.890 contratos registrados ese año, casi el 70 % fueron temporales y únicamente el 30,05 % tuvo carácter indefinido.
La parcialidad también tiene un peso importante. El 35,39 % de los contratos fueron a tiempo parcial, una modalidad con mayor presencia entre las mujeres.
Desigualdad también por género y formación
Las diferencias no solo aparecen entre trabajadores con y sin discapacidad. Dentro del propio colectivo existen otras brechas. Los hombres representan el 57,6 % de las afiliaciones, mientras que las mujeres suponen el 42,4 %.
El nivel formativo también condiciona las oportunidades. El 67,27 % de las contrataciones correspondió a personas con estudios de ESO o inferiores, mientras que solo el 5,65 % fue para titulados universitarios.
El empleo se concentra, además, en sectores como los servicios, la limpieza, la hostelería, la conserjería y determinadas ocupaciones elementales.
Hacia una inclusión laboral real
La evolución de los últimos años demuestra que se han producido avances, pero las cifras todavía reflejan una situación desigual. Las personas con discapacidad siguen encontrando más obstáculos para acceder a un empleo y presentan una mayor exposición al desempleo prolongado y a la temporalidad.
La inclusión no debería medirse únicamente por el número de contratos firmados. También debe tenerse en cuenta su duración, jornada, salario, posibilidades de promoción y condiciones laborales.
Para ello, resulta necesario reforzar las políticas de empleo, reducir las brechas existentes y combatir las barreras que todavía limitan su participación laboral.
El objetivo final debe ser que tener una discapacidad no determine las posibilidades de encontrar trabajo, el tipo de contrato que se ofrece ni las condiciones en las que se desarrolla la vida profesional.
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