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A primera vista, Mnemiopsis leidyi parece una medusa diminuta y transparente. Su cuerpo gelatinoso, atravesado por hileras de cilios que producen destellos iridiscentes, puede llevar a confusión. Sin embargo, este organismo pertenece a un grupo diferente: los ctenóforos. No tiene células urticantes, por lo que no provoca picaduras, aunque sí puede alterar las redes alimentarias allí donde se establece.
La especie fue detectada en el Báltico occidental en 2006. Desde entonces, los científicos han tratado de comprender cómo se alimenta, cómo se reproduce y qué enemigos naturales podrían limitar su expansión. Una nueva investigación aporta un dato relevante: el espinoso de tres espinas, un pez común en esas aguas, es capaz de devorar las diminutas larvas de este invasor.
El hallazgo, no obstante, incluye una importante advertencia. Cuando el oxígeno del agua desciende hasta aproximadamente un 30% de la saturación habitual, el espinoso reduce en un 68 % sus capturas de larvas de Mnemiopsis leidyi. En esas condiciones, el pez pierde buena parte de su capacidad para ejercer como depredador natural.
Un ctenóforo con aspecto de medusa
Los ctenóforos y las medusas comparten una apariencia blanda y transparente, pero no son el mismo tipo de animal. Mnemiopsis leidyi se desplaza mediante filas de cilios y captura pequeños organismos del plancton. Entre sus presas se encuentran los copépodos, componentes esenciales de la dieta de numerosos peces jóvenes.
Esa coincidencia alimentaria puede generar competencia. Si el ctenóforo consume grandes cantidades de zooplancton, podría reducir el alimento disponible para otras especies. Además, se ha comprobado que puede ingerir larvas de peces, entre ellas las de arenque. Aun así, los investigadores señalan que demostrar que una especie come larvas en un experimento no basta para calcular su impacto real sobre una población de peces en el mar.
El origen de Mnemiopsis leidyi se encuentra en la costa atlántica de América. La especie llegó al mar Negro durante la década de 1980, probablemente transportada en el agua de lastre de los buques. Más tarde apareció en el fiordo de Kiel. Los análisis genéticos indican que la población del Báltico occidental procedía de una introducción independiente desde Nueva Inglaterra, y no de una expansión directa desde el mar Negro.
El espinoso entra en escena
El equipo dirigido por Magnus Heide Andreasen, del Instituto Nacional de Recursos Acuáticos de la Universidad Técnica de Dinamarca, estudió la respuesta del espinoso de tres espinas (Gasterosteus aculeatus) ante larvas de unos 400 micrómetros, es decir, menos de medio milímetro.
Los investigadores observaron a los peces en dos situaciones. En la primera, el agua tenía una concentración normal de oxígeno. En la segunda, el nivel se redujo a cerca de un tercio del habitual, una situación descrita como hipoxia moderada.
En condiciones bien oxigenadas, los espinosos consumieron larvas de Mnemiopsis leidyi. Según los autores, esta es la primera demostración experimental de que un pez local puede alimentarse de las primeras fases de desarrollo del ctenóforo.
El cambio fue notable cuando disminuyó el oxígeno. La depredación sobre las larvas cayó un 68 %. El efecto no se limitó al invasor: la alimentación del espinoso sobre Acartia tonsa, un copépodo local que comparte el ecosistema con el ctenóforo, descendió un 69%. Esto sugiere que la hipoxia puede debilitar simultáneamente dos mecanismos de control: la depredación de las larvas y la competencia de los peces por el alimento que también necesita Mnemiopsis.
La hipoxia aparece cuando el agua contiene tan poco oxígeno que muchos animales dejan de comportarse con normalidad. El fenómeno puede compararse con una habitación mal ventilada: los organismos tienen menos energía para moverse, escapar, buscar alimento o perseguir presas.
En el Báltico, el exceso de nutrientes desempeña un papel importante. Estos nutrientes favorecen el crecimiento de algas y plantas microscópicas. Cuando esa materia orgánica muere y se descompone, las bacterias consumen oxígeno, especialmente en las zonas profundas y mal renovadas.
La comisión HELCOM, encargada de evaluar el estado ambiental del mar Báltico, indica que las cuencas profundas analizadas no alcanzan un buen estado en materia de oxígeno. En ese contexto, las aguas pobres en oxígeno pueden convertirse en una especie de refugio indirecto para el ctenóforo. No porque Mnemiopsis leidyi quede necesariamente protegida de todos sus enemigos, sino porque algunos peces reducen su actividad y comen menos.
Una reserva de alimento en sus propias crías
La capacidad de resistir periodos difíciles no depende únicamente de la ausencia de depredadores. Otro estudio, dirigido por Jamileh Javidpour, de la Universidad del Sur de Dinamarca, mostró que los adultos de Mnemiopsis leidyi pueden alimentarse de sus propias larvas cuando escasea el zooplancton.
El fenómeno se observó en la población del fiordo de Kiel y se reprodujo mediante experimentos de laboratorio. Después de que los ctenóforos adultos hubieran reducido considerablemente la cantidad de copépodos disponibles, comenzaron a consumir grandes concentraciones de sus propias crías.
Ese comportamiento funciona como una reserva alimentaria flotante. De acuerdo con el estudio, los nutrientes obtenidos de las larvas pueden ayudar a mantener a los adultos durante dos o tres semanas adicionales. No significa que el canibalismo ocurra de manera permanente ni que todos los adultos devoren a sus descendientes. La ventaja aparece, sobre todo, cuando las presas habituales disminuyen.
Un ano que aparece y desaparece
La biología de Mnemiopsis leidyi incluye otra particularidad que no está directamente relacionada con su capacidad invasora. El investigador Sidney Tamm, del Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, descubrió que el animal no mantiene un poro anal visible de forma continua.
Durante la defecación, una abertura aparece en la parte posterior del cuerpo. Una vez expulsados los residuos, el poro desaparece mediante una fusión reversible de tejidos. En las larvas pequeñas, el proceso puede repetirse aproximadamente cada diez minutos, mientras que en los ejemplares adultos grandes ocurre alrededor de una vez por hora.
La estructura se comporta como una puerta biológica temporal: se forma cuando hace falta, permite la salida de los desechos y luego se cierra. Tamm sugirió que este mecanismo podría ofrecer pistas sobre la evolución de un conducto digestivo permanente, aunque el hallazgo no demuestra que el ctenóforo represente una etapa evolutiva intermedia entre animales con sistemas digestivos diferentes.
El riesgo debe medirse con cautela
La historia de Mnemiopsis leidyi en el mar Negro justifica la vigilancia. Allí, su expansión coincidió con un grave deterioro del ecosistema y con el declive de poblaciones de anchoa. Sin embargo, aquel colapso no tuvo una causa única: intervinieron la sobrepesca, el exceso de nutrientes, las condiciones climáticas y la propia proliferación del ctenóforo.
Por eso no es correcto trasladar automáticamente aquel episodio al conjunto del Báltico. La baja salinidad y las temperaturas frías limitan la reproducción de Mnemiopsis en buena parte de las zonas central y septentrional. Algunos seguimientos realizados en la cuenca de Bornholm tampoco encontraron una población autosuficiente, mientras que otros datos sitúan las larvas principalmente en áreas con mayor salinidad. El sur del Báltico y las costas occidentales parecen ofrecer condiciones más favorables.
Los datos disponibles no permiten afirmar que el ctenóforo esté destruyendo actualmente el zooplancton de todo el mar Báltico ni que vaya a provocar de forma inminente el colapso de sus pesquerías. El nuevo estudio sí identifica un riesgo concreto: cuando el oxígeno disminuye, los peces locales pueden perder gran parte de su capacidad para controlar a las larvas del invasor. En un ecosistema ya sometido a contaminación, calentamiento y exceso de nutrientes, esa pérdida de control puede dar a Mnemiopsis leidyi una ventaja adicional.
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