La pobreza infantil no siempre se ve, pero condiciona el futuro de millones de menores

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Daniela, Sebastián, Stefan y Ronny en las instalaciones de la Fundación Balia.

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“Odiaba la Fundación Balia”. Sebastián Angulo Dávila (26 años, Perú) lo confesaba entre risas, pero durante un tiempo fue una realidad incontestable. Tenía solo 13 años, acababa de llegar a España desde Perú junto a su familia y aquel centro social de Puerta del Ángel al que le enviaban cada tarde le parecía, simplemente, otro lugar obligatorio donde hacer los deberes. No quería estar allí y pensaba que era aburrido. Apenas unos segundos después, otra historia comienza de forma muy distinta pero parecida.

Stefan Alberto López Samuel (29 años, Bulgaria) llegó a la entidad con cuatro años llorando de miedo, sin saber qué le esperaba en aquel espacio desconocido de Tetuán. Hoy resume su vivencia de forma sencilla: “Esto ya es como mi casa”. Entre ambos testimonios se esconde la cara real de la pobreza infantil.

En España, el 34,8 % de los menores de 18 años vive actualmente en riesgo de pobreza o exclusión social, según los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE). Son cerca de 2,8 millones de niños y adolescentes, lo que sitúa a nuestro país con una de las tasas más elevadas de toda la Unión Europea. La pobreza infantil representa así el mayor reto de vulnerabilidad económica nacional y la brecha respecto a la población adulta se mantiene estancada desde hace años. Esta problemática estructural, sin embargo, rara vez encaja con los estereotipos habituales de la sociedad.

Las cifras reales de la pobreza infantil en el contexto de la Unión Europea

“La gente sigue pensando que la pobreza infantil es un niño viviendo en la calle o sin hogar”, explica la directora general de la entidad, Beatriz Sigüenza. La responsable aclara que los menores atendidos llegan limpios, vestidos y con mochila al colegio, pero lo que no se ve es todo lo que ocurre detrás de la puerta al volver a sus hogares. La vulnerabilidad social se mide mediante indicadores de condiciones materiales cotidianas: no asumir un gasto imprevisto, no encender la calefacción o vivir en constante escasez. Las consecuencias trascienden lo estrictamente económico y afectan a la salud mental, el rendimiento escolar y las oportunidades futuras. De hecho, el 85 % de los menores que crecen en pobreza infantil continuarán en esa situación en la edad adulta si nadie interviene para cambiarlo.

Es ahí donde cobran sentido proyectos sociales que benefician a Stefan, Daniela, Ronny o Sebastián. Cuatro relatos diferentes con una misma convicción de fondo: que el código postal o la renta familiar no deben condicionar el futuro de un menor. Stefan superó el miedo inicial en Tetuán gracias al respeto paciente de los educadores hacia sus tiempos. Con el tiempo llegaron los campamentos urbanos, las actividades deportivas y el baloncesto, disciplina que le abrió las puertas para participar en la premiada película Campeones (2018), dirigida por Javier Fesser. Su caso demuestra el valor de ofrecer oportunidades educativas de manera continuada a la infancia vulnerable.

El acompañamiento emocional y académico como motor de cambio social

La trayectoria de Daniela Alejandra Mosqueda Martín (20 años, Venezuela) comparte esa misma lógica. Llegó a los 13 años atraída por actividades de ocio y más tarde aprovechó el apoyo académico y los programas juveniles. Daniela recuerda el impacto de sentir a adultos preocupados por su evolución escolar y personal. Actualmente estudia Ciencia y Tecnología de los Alimentos y compagina la universidad con un empleo. Gran parte de las herramientas laborales que utiliza hoy comenzaron a construirse años atrás en talleres de empleabilidad y preparación de entrevistas organizados por la organización junto a empresas colaboradoras.

Durante sus 25 años de trayectoria, la fundación ha comprobado que las dificultades escolares no aparecen aisladas de la realidad socioeconómica. Cuando un estudiante se retrasa en matemáticas o comprensión lectora, muchas familias carecen de recursos para costear clases particulares o brindar ayuda en el hogar. A esto se suman problemas de vivienda e inestabilidad económica. Vivir pendiente de un alquiler o un desahucio genera un estrés permanente que impacta en el desarrollo emocional. Por ello, el acompañamiento psicológico se ha vuelto prioritario para proteger el bienestar de los jóvenes frente a la pobreza infantil.

Historias con nombre propio para transformar estadísticas en oportunidades

Sebastián conoce bien la importancia del respaldo profesional durante la adolescencia. Su llegada a España coincidió con dudas sobre su futuro. Con el tiempo se involucró como voluntario en programas europeos en Francia y Alemania, donde descubrió el valor de la inteligencia emocional aprendida años atrás. Aunque inició estudios de hostelería, orientó su vocación hacia el cine documental y hoy trabaja preparando proyectos audiovisuales sobre realidades sociales. Por su parte, Ronny Ariel Díaz Mailia (25 años, Ecuador) destaca cómo las becas y el deporte le enseñaron el valor del trabajo en equipo, herramientas que aplica en su empleo como técnico de grúas.

Son trayectorias muy diversas que demuestran la efectividad real de la intervención social prolongada. La campaña 'La Piedra', lanzada con motivo del 25 aniversario de la entidad, busca visibilizar este punto de partida desigual que afecta a miles de niños y adolescentes en España. La pobreza infantil suele ser invisible a ojos de la sociedad, pero tras cada estadística existe una biografía concreta. Cambiar una trayectoria vital empieza, sencillamente, por encontrar un espacio donde alguien decida apostar por el talento y el futuro de los menores en riesgo de exclusión.

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