Rafael Rodríguez Rapún, quién fue el gran amor de Federico García Lorca que aparece en ‘La bola negra’

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Rafael Rodríguez Rapún junto a Lorca

Lectura fácil

A estas alturas, hayas o no visto la aclamada película 'La bola negra', sabrás que su narrativa transcurre a través de tres planos temporales distintos. En uno de ellos cobra un protagonismo indiscutible una figura que trasciende la pantalla y que existió verdaderamente en la historia de la cultura española. Se llamó Rafael Rodríguez Rapún y fue uno de los grandes amores en la vida de Federico García Lorca. Más allá del romance retratado en el metraje, la huella que dejó en la vida y en la obra del célebre poeta granadino fue inmensa. Al margen de las licencias de la ficción, esta fue la verdadera trayectoria de una personalidad irrepetible.

Un joven polifacético: la prolífica juventud de Rafael Rodríguez Rapún

Nacido en Madrid en el año 1912 en el seno de una familia de clase obrera, Rafael Rodríguez Rapún demostró desde muy joven una determinación excepcional. A pesar de las dificultades económicas de la época, cuando el acceso a la educación superior estaba prácticamente reservado a las elites acomodadas, logró ingresar en la Universidad Central —germen de la actual Universidad Complutense— para estudiar la carrera de Ingeniería de Minas.

En paralelo a sus exigentes obligaciones académicas, Rafael era un apasionado del deporte. Se hizo socio del Atlético de Madrid, club en el que llegó a competir activamente como futbolista. Su compromiso social y político le llevó a afiliarse al PSOE en 1932, en plena II República, coincidiendo de forma curiosa con el año en el que se sitúa una de las tramas principales del film.

Según Ian Gibson, el principal biógrafo de Lorca, el joven era un hombre «guapetón, con éxito en el ligue con las mujeres». Su atractivo físico y su carisma no pasaban desapercibidos para quienes le rodeaban. Un actor de la célebre compañía La Barraca, Luis Sáenz de la Calzada, describía con admiración su estampa destacando su «cabello ensortijado, frente no muy amplia surcada por una profunda arruga transversal; nariz correcta que le daba, en cierta medida, perfil de estatua griega». Fue en 1933 cuando decidió incorporarse a esta mítica agrupación teatral ambulante fundada por Federico. Ese encuentro marcaría de forma definitiva el destino de ambos.

La intensa y compleja relación con Federico García Lorca

El poeta granadino no tardó en quedar fascinado por la personalidad del joven madrileño. De hecho, Federico García Lorca llamaba cariñosamente a Rafael Rodríguez Rapún 'el hombre de las tres erres', jugando con las iniciales de su nombre y apellidos. A pesar de que entre ambos existía una diferencia de edad de trece años, la complicidad fue inmediata y derivó en un apasionado romance que se consolidó formalmente durante la gira veraniega de 1935, apenas un año antes del trágico estallido de la Guerra Civil.

Sin embargo, la historia de amor entre ambos estuvo marcada por una profunda complejidad. Fue una relación desigual, llena de idas y venidas, teñida a menudo por los celos desmedidos del poeta y por la propia orientación sexual del joven. Aunque se sentía atraído por las mujeres y continuaba intimando con ellas, Rafael Rodríguez Rapún quedó completamente deslumbrado y fascinado por el genio creador de Federico. Se recuerda entre sus episodios más amargos un famoso plantón en Valencia que sumió a García Lorca en una profunda tristeza. La gran mayoría de los expertos e investigadores coinciden en afirmar que esta atormentada pasión fue la verdadera fuente de inspiración que dio origen a los memorables 'Sonetos del amor oscuro'.

Un detalle íntimo revela la magnitud de ese vínculo. Alberto Conejero, coguionista de la película y autor de la obra teatral 'La piedra oscura', destacaba en sus redes sociales un hallazgo revelador: en la agenda telefónica de Rafael, el nombre de Federico era el único que no llevaba anotado ningún número de teléfono. «Porque el teléfono de quien amas te lo aprendes de memoria», reflexionaba con poética precisión el dramaturgo.

Un trágico final con solo un año de diferencia

El estallido de la contienda bélica truncó trágicamente el destino de ambos. A Federico García Lorca lo sacaron de la casa del poeta Luis Rosales, lo encarcelaron y lo fusilaron en la madrugada del 18 de agosto de 1936, poco después de iniciarse el conflicto. Tras la devastadora noticia del asesinato de su amante, Rafael Rodríguez Rapún decidió dar un paso al frente y se alistó de inmediato en el ejército republicano, donde llegó a alcanzar el rango de teniente por su valentía.

Destinado al frente de Cantabria, resultó gravemente herido durante un cruento bombardeo. Falleció en el hospital militar de Santander en agosto de 1937, con tan solo 25 años de edad. Entre su muerte y la del poeta había transcurrido exactamente un año, día por día. Hispanistas como Ian Gibson sugieren que la temeridad mostrada en el frente por parte de Rafael Rodríguez Rapún fue en realidad una forma velada de suicidio, empujado por la devastación emocional de quien no podía concebir seguir viviendo tras la pérdida del gran amor de su vida.

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