Seis meses de guerra en Irán: el conflicto dispara el coste de la energía y golpea la economía mundial

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La guerra en Irán dispara el coste de la energía y golpea la economía mundial

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El pasado 28 de agosto se cumplieron seis meses desde el inicio de la guerra en Irán, un conflicto impulsado por Estados Unidos junto a Israel que, lejos de cumplir los objetivos anunciados al comienzo de la ofensiva, ha dejado un escenario de elevados costes económicos, tensión geopolítica y un fuerte impacto sobre los mercados energéticos internacionales.

Durante este medio año han quedado en entredicho varias de las promesas realizadas por el presidente estadounidense, Donald Trump. La guerra en Irán no ha sido rápida, el régimen de los ayatolás no ha caído, el programa nuclear iraní continúa siendo un problema sin resolver y el coste económico ha resultado muy superior al que se había planteado inicialmente. A todo ello se suma un efecto que ya perciben millones de ciudadanos: el aumento del coste de la vida provocado por el encarecimiento de la energía.

Estados Unidos asume una factura multimillonaria

El esfuerzo militar ha supuesto para Estados Unidos un desembolso cercano a los 40.000 millones de dólares únicamente en operaciones militares durante estos seis meses. Sin embargo, el impacto no se limita al presupuesto de defensa.

La economía estadounidense también ha experimentado un repunte de la inflación, impulsado en gran medida por el incremento de los precios del petróleo y del gas. Ese encarecimiento energético ha terminado trasladándose a los consumidores mediante facturas más elevadas y un aumento generalizado del coste de numerosos productos y servicios.

Aunque Washington soporta una parte importante de la carga financiera, las consecuencias de la guerra en Irán se han extendido mucho más allá de sus fronteras.

Uno de los estudios más completos sobre las consecuencias económicas de la guerra en Irán ha sido elaborado por el Centro para la Investigación de la Energía y el Aire Limpio (CREA). El investigador Isaac Levi, uno de sus autores, cifra en más de 330.000 millones de dólares el sobrecoste mundial de las importaciones de combustibles fósiles transportados por vía marítima desde que comenzó la guerra en Irán.

Según el análisis, la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó un incremento vertiginoso de los precios internacionales del petróleo y del gas. Incluso países que apenas compran hidrocarburos directamente a las naciones implicadas han sufrido el impacto debido a las alteraciones en las rutas comerciales del Golfo Pérsico.

El cierre del estrecho de Ormuz ha dificultado el tránsito de numerosos cargamentos energéticos procedentes de los Estados del Golfo, reduciendo la oferta disponible y elevando los precios en los mercados internacionales.

Europa, la región más perjudicada por la guerra en Irán

El informe revela un dato especialmente significativo: la Unión Europea ha sido la región del mundo que más ha pagado por el encarecimiento de las importaciones energéticas.

En apenas seis meses, los países europeos han asumido un sobrecoste aproximado de 78.000 millones de dólares por la compra de petróleo y gas. Se trata de una cifra muy superior a la registrada por otras grandes economías.

China ocupa el segundo lugar entre las regiones más afectadas, con un incremento de costes cercano a 35.000 millones de dólares, aproximadamente la mitad del impacto soportado por la Unión Europea.

Esta diferencia pone de manifiesto la elevada dependencia energética que todavía mantiene el continente europeo respecto a las importaciones de combustibles fósiles, especialmente en momentos de inestabilidad geopolítica.

Los investigadores de CREA consideran que la crisis actual constituye el mayor shock del mercado petrolero desde la Guerra del Golfo de 1990, una situación que no se había repetido con una intensidad semejante en casi tres décadas.

Las subidas de precios han afectado de manera desigual a los distintos combustibles. El gas natural licuado registra algunos de los mayores incrementos, con aumentos cercanos al 75 % en Asia y del 60 % en la Unión Europea. El diésel también ha experimentado una fuerte escalada, alrededor del 60 %, mientras que el petróleo crudo cotiza aproximadamente un 35 % por encima de los niveles previos a la guerra en Irán.

Esta evolución ha alterado los costes de producción y transporte en prácticamente todos los sectores económicos.

El impacto de la crisis energética no se limita a quienes utilizan directamente combustibles fósiles. El aumento del precio del diésel repercute sobre el transporte de mercancías, la agricultura y la maquinaria agrícola, elevando los costes de producción de los alimentos.

Como consecuencia, millones de familias en todo el mundo afrontan un incremento del precio de productos básicos, mientras las economías con menores ingresos soportan una carga todavía mayor. El estudio señala que los países más pobres llegan a pagar, en proporción a su tamaño económico, el doble por las mismas importaciones de petróleo y gas que las economías más desarrolladas.

Esta situación agrava la vulnerabilidad energética y aumenta el riesgo de crisis sociales en numerosos territorios.

España destaca por el ahorro gracias a las renovables

Frente al fuerte impacto económico, el informe también identifica un elemento positivo: la expansión de las energías limpias ha permitido reducir considerablemente la dependencia de los combustibles fósiles en varios países europeos.

En conjunto, las naciones con una elevada implantación de energía solar y eólica han evitado gastar 36.000 millones de dólares en importaciones de petróleo, gas y carbón.

España aparece como uno de los casos más destacados. El rápido crecimiento de las instalaciones fotovoltaicas y de la generación renovable ha permitido al país ahorrar aproximadamente 2.500 millones de dólares durante la actual crisis energética. Esa cifra representa el tercer mayor ahorro registrado en el informe elaborado por CREA.

Además, el desarrollo de nuevas políticas energéticas, como la regulación que plantea que los nuevos centros de datos obtengan alrededor del 80 % de su electricidad a partir de fuentes renovables, refuerza la estrategia española para reducir su exposición a futuras crisis internacionales.

La energía limpia, una protección frente a las crisis geopolíticas

Para Isaac Levi, la principal conclusión del estudio va más allá del beneficio climático de las renovables. La generación de electricidad mediante fuentes solares y eólicas también actúa como un mecanismo de protección económica frente a conflictos internacionales que alteran los mercados energéticos.

De hecho, una investigación anterior del propio CREA concluía que los países de la Unión Europea con mayores inversiones en energía limpia han conseguido reducir alrededor de un 60 % sus facturas energéticas durante episodios de crisis como el provocado por el estrecho de Ormuz.

Aun así, España no ha quedado completamente al margen de la volatilidad. Según los cálculos del estudio, la crisis energética ha supuesto un coste aproximado de 212 dólares por persona, una cifra que demuestra que, pese a los avances en renovables, todavía existe margen para seguir disminuyendo la dependencia de los combustibles fósiles y reforzar la seguridad energética frente a futuras tensiones geopolíticas, como ocurra con la guerra en Irán.

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