Siete de cada diez menores superan el límite recomendado de uso de pantallas

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menores usando pantallas

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La infancia y la juventud en España están librando una batalla silenciosa contra la sobreexposición tecnológica. Siete de cada diez niños y adolescentes (un alarmante 69,6 %) de entre 8 y 16 años en España superan los 120 minutos diarios de uso de pantallas, el cual representa el límite máximo recomendado por la comunidad médica e investigadora. Estos reveladores datos provienen del nuevo estudio Pasos, elaborado por la Gasol Foundation y presentado bajo el título 'Pantallas, infancia y adolescencia en España: situación actual y retos', en un evento institucional celebrado este miércoles en la ciudad de Madrid.

El trabajo científico analiza en profundidad los patrones de consumo tecnológico y la evolución de estos hábitos antes y después de la crisis sanitaria de la covid-19 en la población infantil y juvenil residente en España. Además de temporalizar esta evolución, la investigación profundiza en las diferencias existentes en función de diversas variables socioeconómicas que marcan el día a día de las familias españolas.

La evolución tras la pandemia y el descontrolado uso de pantallas

El informe ofrece un riguroso análisis comparativo a través de datos agregados y estratificados extraídos de la primera edición del estudio (2019-2020) y la segunda edición (2022-2023). Este marco temporal permite identificar de forma precisa el impacto directo que el confinamiento y las dinámicas post-pandemia han ejercido sobre el estilo de vida de los menores de edad.

Durante la presentación de los resultados a cargo del doctor Santi F. Gómez, director ejecutivo de la Gasol Foundation, y de Paula Berruezo, coordinadora técnica de la entidad, se expuso que, en una semana habitual, el tiempo medio diario era de 207,8 minutos en la edición Pasos 2019 (equivalente a 3 horas y 28 minutos). Esta cifra se elevó trágicamente hasta los 224,7 minutos en Pasos 2022 (3 horas y 45 minutos), lo que supone un incremento de 16,9 minutos al día entre ambos periodos analizados.

Al extrapolar este promedio a la totalidad del calendario anual, el saldo acumulado en uso de pantallas alcanza las 1.264 horas en el periodo 2019 y se dispara hasta las 1.366 horas en la medición de 2022. En términos de equivalencia temporal, esto implica que los niños y adolescentes pasan 52,7 y 56,9 días seguidos (en ciclos completos de 24 horas) interactuando con dispositivos interactivos, lo que se traduce prácticamente en casi dos meses enteros al año frente a un cristal iluminado.

Portabilidad, adolescentes y la brecha socioeconómica

Dentro del espectro tecnológico, la tableta digital y el teléfono inteligente destacan con contundencia como los dispositivos que concentran la mayor atención del uso de pantallas. Entre semana, el porcentaje de menores que dedica más de 120 minutos diarios exclusivamente a estos formatos portátiles pasó del 24,3 % en 2019 al 32,5 % en 2022. Durante los fines de semana la brecha se consolida, registrando un 44,7 % en 2022 frente al 39,2 % documentado en la edición anterior.

Por su parte, la franja de población adolescente muestra las cifras de consumo más elevadas. En una semana tipo, su tiempo de exposición es 95,3 minutos superior al de la población infantil según los registros de 2019, una distancia que aumentó hasta los 108,5 minutos en los datos de 2022. De este modo, los adolescentes participantes en la última edición dedican de media unos impactantes 284,8 minutos diarios. La consecuencia directa es devastadora: el 91,8 % de los adolescentes incumple la recomendación oficial de no superar las dos horas.

En cuanto a las variables sociodemográficas, el estudio evidencia que el sexo masculino acumula más de cuatro horas diarias de consumo. Sin embargo, la brecha de género se está estrechando debido al vertiginoso aumento del hábito en el sexo femenino. A su vez, la vulnerabilidad económica juega un papel determinante: los hijos de padres desempleados presentan un notablemente mayor uso de pantallas.

El deterioro de la salud integral y la desigualdad social

Ante la contundencia de estos números, el presidente de la entidad, Pau Gasol, subrayó la trascendencia de actuar de manera inmediata: “Los comportamientos de salud que construimos durante la infancia tienen una gran influencia el resto de nuestra vida. Además, el entorno en el que crecemos no es neutral, sino que nos condiciona para bien o para mal”. El deportista remarcó que el peso que representa el uso de pantallas deteriora el estilo de vida infantil y adolescente, incidiendo de forma negativa en la calidad del sueño, la práctica de actividad física, la alimentación equilibrada y el bienestar emocional.

Gasol hizo hincapié en la necesidad de abordar de raíz la equidad: “Promovemos cuatro pilares: la actividad física, la alimentación saludable, el sueño y el bienestar emocional. Y ello lo hacemos con un foco muy claro en la reducción de las desigualdades sociales en salud porque no todos los niños y niñas parten del mismo punto”.

En la jornada también participó la ministra de Sanidad, Mónica García, quien vinculó directamente el entorno social con el desarrollo biológico. La ministra advirtió sobre la transmisión de patrones de salud: “El 55 % de los niños y niñas con obesidad la tendrán durante la adolescencia y el 80 % de los adolescentes con obesidad la tendrán en la edad adulta. Sabemos también que la renta importa, los barrios importan y las oportunidades también, siendo los condicionantes sociales los que determinan la salud”.

Seis estrategias urgentes frente al desafío tecnológico

Para revertir esta tendencia preocupante, la Gasol Foundation planteó un decálogo de acción articulado en seis líneas estratégicas de trabajo. La primera propuesta exige situar de forma prioritaria a la infancia en el centro de las decisiones sobre su entorno digital, escuchando sus necesidades reales. En segundo lugar, se insta a acelerar las políticas públicas ya en marcha con el fin de consolidar medidas definitivas para frenar la obesidad infantil y evitar que queden en simples declaraciones de intenciones.

Las restantes líneas operativas se enfocan en la necesidad de invertir recursos en la investigación científica y en ampliar con urgencia las alternativas saludables frente al abuso en el uso de pantallas, fomentando un ocio estructurado fuera del entorno virtual. Finalmente, la fundación insta a formar y acompañar a familias y profesionales en la construcción de entornos digitales protegidos, ejecutando cada una de estas iniciativas desde una mirada transversal de equidad para que la brecha social no siga condenando a los hogares más vulnerables.

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