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WWF España considera que el actual modelo de lucha contra los incendios forestales extremos ha llegado a su límite y advierte de que el país no podrá afrontar con éxito los incendios extremos que cada vez son más frecuentes únicamente incrementando los recursos destinados a la extinción. La organización sostiene que la prioridad debe centrarse en transformar el territorio, recuperar paisajes agroforestales más resistentes al fuego y aumentar de forma significativa la inversión en medidas preventivas.
La advertencia coincide con la presentación de su informe anual, titulado Incendios forestales extremos: el reto de adaptar el territorio, en el que analiza el comportamiento de los fuegos registrados durante 2025, un ejercicio que califica como el peor del siglo por la magnitud de los daños y la intensidad de los episodios registrados.
Un verano marcado por la concentración de grandes incendios
El estudio pone de relieve que durante 2025 ardieron cerca de 355.000 hectáreas en España, una cifra que sitúa al pasado año entre los más graves de toda la serie histórica. Sin embargo, el aspecto más preocupante no fue únicamente la superficie afectada, sino la rapidez con la que se desarrolló la emergencia.
Según WWF, en apenas dos semanas del verano se quemó el 90 % de toda la superficie arrasada durante el año. Esta concentración de incendios forestales extremos o de gran magnitud provocó una fuerte presión sobre los servicios de emergencia, dificultó las labores de evacuación y redujo la capacidad de los equipos de extinción para atender varios frentes de manera simultánea.
A lo largo del año se contabilizaron 8.199 incendios forestales, una cifra inferior a la media habitual. No obstante, la organización insiste en que el descenso del número de siniestros no refleja la verdadera gravedad de la situación, ya que se registraron 63 grandes incendios forestales extremos, aquellos que superan las 500 hectáreas de superficie quemada.
De ellos, 47 tuvieron lugar únicamente durante el mes de agosto y cinco alcanzaron dimensiones superiores a las 20.000 hectáreas.
Ocho fallecidos y más de 42.000 evacuados
Las consecuencias humanas también fueron especialmente severas. El balance de 2025 dejó ocho personas fallecidas, otras 79 resultaron heridas y más de 42.000 ciudadanos tuvieron que abandonar temporalmente sus viviendas debido al avance de las llamas.
Para WWF, estos datos reflejan que España se enfrenta a incendios cada vez más complejos, capaces de superar la capacidad de respuesta de los dispositivos tradicionales de extinción.
El informe destaca especialmente la situación vivida en el noroeste peninsular, donde se registraron 32 de los 63 grandes incendios forestales extremos contabilizados en todo el país.
Además, esta zona acumuló el 75 % de toda la superficie calcinada durante el año, una realidad que, según la organización ecologista, confirma las advertencias que ya realizó en 2018 con la publicación del informe El polvorín del noroeste.
WWF considera que el nuevo escenario climático obliga a modificar el reparto de recursos económicos destinados a la lucha contra los incendios.
Actualmente, alrededor del 78 % del presupuesto se dedica a labores de extinción, lo que supone entre 600 y 700 millones de euros anuales. En cambio, únicamente un 12 % de la inversión se dirige a actuaciones preventivas, gestión forestal y adaptación del paisaje, con una dotación cercana a los 180 millones de euros cada año.
La organización sostiene que este reparto resulta insuficiente para afrontar un problema que, además del cambio climático, está condicionado por otros factores como el abandono del medio rural, la falta de gestión forestal, el uso tradicional del fuego, la escasa planificación territorial y la insuficiente inversión preventiva.
La mayoría de los incendios forestales extremos tienen origen humano
Otro de los aspectos que recoge el informe es el origen de los incendios. WWF recuerda que aproximadamente el 95 % de los cerca de 8.800 fuegos que se producen de media cada año están relacionados con la actividad humana, principalmente por el empleo del fuego como herramienta de gestión en zonas rurales.
El cinco por ciento restante corresponde a incendios provocados por rayos, lo que demuestra, según la entidad, que existe un amplio margen para reducir el número de siniestros mediante políticas preventivas y una mejor gestión del territorio.
No obstante, también alerta de las dificultades para conocer el origen real de muchos incendios forestales extremos. Mientras el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico desconoce la causa de más del 12 % de los casos, el Seprona estima que hasta el 60 % de los incendios no llegan a esclarecerse.
WWF añade que durante las grandes emergencias se incrementa además la difusión de bulos y desinformación en redes sociales y algunos medios, un fenómeno que, a su juicio, desvía la atención de las causas reales del problema y dificulta la adopción de soluciones respaldadas por la evidencia científica.
Paisajes más resilientes como solución de futuro
La especialista en incendios forestales de WWF España, Lourdes Hernández, defiende la necesidad de impulsar una estrategia que vaya más allá del refuerzo de los medios de extinción y que se base en la prevención, la planificación territorial y la creación de paisajes agroforestales más resistentes al fuego.
Entre las principales propuestas del informe figuran incrementar la inversión destinada a la prevención, identificar y cartografiar las zonas con mayor riesgo de incendio, desarrollar mosaicos agroforestales, apoyar la ganadería extensiva y los cultivos tradicionales, así como gestionar anualmente al menos el 1 % de la superficie forestal del país.
Asimismo, la organización reclama la puesta en marcha de un ambicioso Plan Nacional de Restauración Ecológica, planes de autoprotección para las zonas de contacto entre áreas urbanas y forestales, una metodología homogénea para la evaluación del riesgo, una financiación suficiente para reforzar la resiliencia territorial y una fiscalidad verde basada en el principio de que quien contamina debe asumir el coste, mientras que quienes contribuyen a conservar el territorio deben recibir incentivos.
WWF también considera imprescindible alcanzar un amplio acuerdo político que permita desarrollar medidas estables frente al creciente riesgo de incendios forestales extremos. Aunque valora positivamente la propuesta de impulsar un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, insiste en que este debe traducirse en compromisos concretos, recursos suficientes y políticas coordinadas que integren la protección de la biodiversidad, el agua, la energía, la producción de alimentos y la ordenación del territorio.
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