La biomasa forestal se convierte en el nuevo queroseno sostenible para la aviación

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Un avión comercial visto desde tierra en fase de despegue

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El futuro de la movilidad sostenible no solo se escribe con baterías de litio. En los laboratorios del Instituto de Tecnología Química (ITQ), centro mixto del CSIC y la Universitat Politècnica de València, se está gestando una revolución líquida. El proyecto Pyrofuel surge como una respuesta estratégica a uno de los mayores retos de la transición energética: ¿cómo mover aviones y camiones de gran tonelaje sin depender del petróleo? La respuesta parece hallarse en la pirólisis de residuos forestales, una técnica capaz de generar alternativas viables al queroseno convencional.

Esta iniciativa no solo busca la innovación tecnológica, sino que aborda un problema estructural de la industria energética. Mientras que los turismos avanzan con paso firme hacia la electrificación, sectores como la aviación comercial se enfrentan a barreras físicas y técnicas insalvables para las baterías actuales. En este escenario, la producción de combustibles sostenibles de aviación (SAF) se vuelve una prioridad absoluta para alcanzar la neutralidad climática en las próximas décadas.

Biomasa forestal: el sustituto ideal del queroseno y el diésel

El corazón de la investigación reside en la valorización de recursos que hoy terminan, en el mejor de los casos, desaprovechados en nuestros montes. La biomasa forestal, compuesta por restos de madera, matorrales y residuos agrícolas, se somete a un proceso termoquímico en ausencia de oxígeno. Este tratamiento descompone la materia orgánica para obtener productos intermedios que, tras un refinado de precisión, ofrecen propiedades químicas casi idénticas a las del queroseno de origen fósil.

La gran ventaja de esta ruta tecnológica es su compatibilidad. El objetivo del ITQ es desarrollar combustibles que se puedan utilizar directamente en las turbinas de los aviones y en los motores de transporte pesado sin necesidad de realizar modificaciones costosas en las infraestructuras actuales. Esto permitiría una transición fluida y rápida, sustituyendo paulatinamente el queroseno tradicional por esta versión renovable, reduciendo de forma drástica la huella de carbono del sector aéreo sin comprometer la operatividad de las flotas existentes.

Un proceso eficiente para descarbonizar el transporte pesado

La pirólisis térmica no es un concepto nuevo, pero el proyecto Pyrofuel, dotado con una financiación de más de 1,5 millones de euros por parte del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, pretende elevar su eficiencia a un nuevo nivel. Los investigadores trabajan para incrementar en un 30 % el rendimiento de este proceso, que opera habitualmente en un rango de temperaturas entre los 400 °C y los 600 °C.

Según el investigador del CSIC Marcelo E. Domine, este avance permitirá reducir las emisiones de CO 2 asociadas a la producción de combustible hasta en un 17 %. Al utilizar biomasa que ya ha capturado carbono durante su ciclo de vida, el balance neto de emisiones es infinitamente más favorable que el del queroseno extraído de hidrocarburos. Además, el proyecto pone el foco en la economía circular, transformando un residuo infrautilizado en un recurso estratégico de alto valor añadido.

Limpieza de montes y prevención de incendios

Más allá de la probeta y el laboratorio, el impacto de Pyrofuel se siente directamente en el entorno natural. La necesidad de recolectar biomasa para alimentar las plantas de pirólisis incentiva la limpieza y gestión activa de las masas forestales. Al retirar el exceso de matorral y restos vegetales, se reduce significativamente la carga de combustible en los bosques, lo que disminuye drásticamente el riesgo de incendios forestales incontrolados.

Esta gestión del territorio no solo protege la biodiversidad, sino que genera empleo y oportunidades económicas en zonas rurales, ayudando a vertebrar el territorio. La industria del queroseno sintético o bio-basado se convierte así en un aliado del medio ambiente por partida doble: reduciendo las emisiones en el aire y protegiendo el suelo.

Hacia la soberanía energética europea

En un contexto geopolítico marcado por la volatilidad de los precios del crudo, la capacidad de producir combustible a partir de recursos locales es una cuestión de seguridad nacional. El éxito de estas nuevas rutas tecnológicas permitiría a España y a Europa reducir su dependencia de las importaciones de petróleo, diversificando su matriz energética.

El aprovechamiento de la biomasa es, en última instancia, una herramienta de resiliencia. Al refinar productos con la misma densidad energética que el queroseno pero origen forestal, la ciencia pública española no solo impulsa la innovación, sino que asegura que los cielos y las carreteras sigan conectados de manera sostenible, eficiente y, sobre todo, soberana.

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