La apnea del sueño se consolida como un factor de riesgo clave en el desarrollo de tumores de pulmón y mama

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Un hombre bosteza mientras intenta dormir

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La salud respiratoria ha dado un giro inesperado hacia la oncología. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) ha lanzado una advertencia contundente: la apnea del sueño obstructiva (AOS) no solo agota a quienes la padecen durante el día, sino que podría estar actuando como un catalizador silencioso para el desarrollo de tumores malignos, específicamente en los pulmones y las mamas.

Esta vinculación se enmarca en el "Año Separ 2025-2026 de los Trastornos Respiratorios del Sueño", una iniciativa que busca poner el foco en patologías que, aunque comunes, esconden riesgos sistémicos graves. Según los expertos, la fragmentación del descanso y la inflamación generalizada que provoca este trastorno crean un entorno biológico propicio para la proliferación celular descontrolada.

Evidencias científicas y el impacto de la apnea del sueño en la oncología

Un extenso estudio sueco, publicado recientemente en la revista Sleep Medicine, ha servido de base para esta alerta. La investigación analizó una cohorte de más de 82.000 participantes durante un periodo de nueve años. Los resultados fueron reveladores: aquellos individuos que padecían apnea del sueño autoinformada presentaban una probabilidad significativamente mayor de recibir un diagnóstico oncológico.

En términos numéricos, el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón se multiplica por 1,78 en pacientes con AOS. Esta cifra es aún más alarmante cuando se trata del adenocarcinoma de pulmón, donde el riesgo asciende a 2,16 veces respecto a la población sana. En el caso del cáncer de mama, las mujeres con este trastorno respiratorio mostraron un riesgo 1,39 veces superior. La clave parece residir en la hipoxia intermitente —la falta de oxígeno recurrente durante la noche—, que estresa las células y altera los mecanismos de reparación del ADN.

El peligroso binomio: tabaquismo y apnea

Uno de los hallazgos más críticos del estudio es el efecto sinérgico detectado entre los hábitos de vida negativos y el trastorno respiratorio. El tabaquismo, ya de por sí un factor de riesgo primario para el cáncer, ve potenciado su efecto devastador cuando se combina con la apnea del sueño.

Los datos muestran que los fumadores que además reportaron sufrir interrupciones respiratorias nocturnas tenían 5,27 veces más riesgo de padecer cáncer de pulmón. Esta interacción sugiere que la falta de oxigenación adecuada debilita las defensas pulmonares, permitiendo que los carcinógenos del tabaco actúen con mayor agresividad. Por ello, la Separ insiste en que el diagnóstico precoz de la apnea del sueño debe ser una prioridad en las estrategias de prevención para fumadores activos y exfumadores.

Biomarcadores: identificando la agresividad tumoral

La ciencia española también está liderando la vanguardia en esta materia. Un estudio multicéntrico publicado en Archivos de Bronconeumología y liderado por la investigadora Elena Díaz-García, ha identificado biomarcadores específicos en sangre que permiten predecir la mortalidad en estos pacientes.

El estudio, que incluyó a 684 participantes, demostró que los niveles de las proteínas sGalectin-9 y sTIM-3 son notablemente más altos en personas con apnea del sueño grave. Estos biomarcadores inmunitarios no solo confirman la presencia del trastorno, sino que están asociados a una mayor agresividad de los tumores y a un peor pronóstico clínico.

Afortunadamente, no todas las noticias son desalentadoras. La Separ destaca que el tratamiento con presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP) podría ejercer un efecto protector. Al normalizar los niveles de oxígeno y reducir la inflamación, la CPAP no solo mejora la calidad de vida, sino que podría reducir la probabilidad de que la apnea del sueño derive en una complicación oncológica.

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