La crisis del queroseno amenaza con paralizar la aviación europea en pleno verano

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Avión

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La aviación civil europea se enfrenta a su mayor desafío logístico desde la parálisis total de 2020. Las principales aerolíneas del continente han activado el nivel de alerta máxima ante el cierre prolongado del estrecho de Ormuz, una arteria vital para el comercio energético global. El conflicto bélico en Irán ha generado un efecto dominó que pone en riesgo directo el suministro de queroseno, el combustible esencial para la aviación, cuya escasez podría obligar a un recorte masivo de operaciones justo cuando el sector se preparaba para una temporada de verano récord.

La situación ha pasado de ser una preocupación geopolítica a una amenaza operativa real. El bloqueo de esta ruta marítima no solo estrangula el flujo de crudo, sino que afecta específicamente a las refinerías que abastecen de combustible de aviación a los grandes nodos logísticos de la Unión Europea. Si la situación en el Golfo Pérsico no se estabiliza en las próximas semanas, el fantasma de los aeropuertos inoperativos podría convertirse en una realidad cotidiana para millones de viajeros.

El fantasma del desabastecimiento y el precio del queroseno

A pesar de que la tensión es máxima, las autoridades españolas intentan mantener la calma. Ante los crecientes rumores de problemas de suministro en la Península, especialmente tras los reportes de racionamiento de jet fuel en varios aeropuertos italianos, Aena ha emitido un comunicado oficial. Según el gestor aeroportuario, la red española cuenta con reservas suficientes por ahora: "Nada hace indicar que en los aeropuertos españoles haya un problema de suministro en estos momentos", han declarado a través de sus canales oficiales.

Sin embargo, el optimismo de Aena choca con la realidad del mercado. El queroseno se ha convertido en un bien de lujo y de difícil acceso. La semana pasada, el CEO de Ryanair, Michael O'Leary, lanzó una advertencia severa: si el estrecho de Ormuz permanece cerrado durante todo el mes de abril, la aerolínea se verá obligada a cancelar entre el 5% y el 10 % de sus vuelos entre mayo y julio. Esta zona geográfica es responsable de canalizar aproximadamente el 40 % del queroseno que consume la flota aérea europea, lo que deja poco margen de maniobra si las rutas marítimas permanecen selladas.

Planes de contingencia y el riesgo de "fuerza mayor"

Lufthansa se ha sumado a las previsiones pesimistas, barajando la posibilidad de dejar en tierra hasta 40 aviones diarios. Para las grandes compañías, el problema no es solo la disponibilidad física del combustible, sino la fragilidad de sus contratos financieros. Aunque gigantes como Ryanair o Lufthansa tienen cubierto el 80 % de sus necesidades a precios cerrados —en torno a los 67 dólares el barril—, el sector teme que los proveedores invoquen cláusulas de "causa de fuerza mayor". De ocurrir esto, los contratos quedarían invalidados, dejando a las aerolíneas expuestas a un mercado donde el precio del queroseno ha escalado posiciones de forma irracional.

En el caso de las compañías más pequeñas o con menor cobertura de riesgo, el impacto ya es visible. Volotea ha comenzado a aplicar ajustes en su programación para la temporada estival en Francia, España e Italia. La compañía justifica estas cancelaciones por el crecimiento exponencial del coste operativo, derivado directamente del encarecimiento del combustible por la coyuntura en Oriente Medio. Según datos de la patronal IATA, el combustible para aviones se ha disparado un 138,1 % en Europa en el último año, alcanzando los 217 dólares por barril.

La producción nacional como tabla de salvación

Desde la Asociación de Líneas Aéreas (ALA) en España, su presidente Javier Gándara intenta arrojar luz sobre la resiliencia del sistema nacional. Gándara subraya que el 80 % del queroseno que se consume en España se produce en refinerías propias, lo que otorga cierta autonomía frente a otros vecinos europeos. Además, solo el 11 % del crudo importado por España proviene de Oriente Medio, lo que suaviza el impacto directo del cierre de Ormuz.

No obstante, esta "isla energética" no es totalmente inmune. Aunque el suministro interno esté garantizado, la conectividad depende de que los vuelos de regreso también tengan acceso a combustible en sus países de origen. Esta crisis, según los expertos, debería servir como el impulso definitivo para la transición hacia el combustible sostenible (SAF). Solo mediante la independencia energética y la diversificación de fuentes podrá la aviación europea blindarse ante un mercado del queroseno que, hoy por hoy, depende excesivamente de la estabilidad en una de las regiones más volátiles del planeta.

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