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Los delirios de la psicosis, tradicionalmente vistos como el resultado de un cerebro “defectuoso” o de fallos en los procesos cognitivos, podrían tener un origen mucho más humano y emocional. Un estudio reciente realizado por investigadores de las universidades de Birmingham y York (Reino Unido), junto con la Universidad de Melbourne y el instituto australiano de salud mental juvenil Orygen, ha puesto en cuestión las viejas teorías sobre la naturaleza de estas experiencias psicóticas. La investigación, publicada en la revista The Lancet Psychiatry, sugiere que los delirios no surgen de una disfunción cerebral aislada, sino de la manera en que las emociones intensas, el cuerpo y el lenguaje se entrelazan en la vida de las personas.
Durante décadas, la psiquiatría ha descrito los delirios como creencias falsas, irracionales y fijas que no se ajustan a la realidad. Sin embargo, el nuevo trabajo propone una visión distinta: los delirios serían manifestaciones profundamente encarnadas de experiencias emocionales extremas. Según la doctora Rosa Ritunnano, del Instituto de Salud Mental de la Universidad de Birmingham, los resultados “apuntan a que los delirios psicóticos brotan del tejido emocional, corporal y lingüístico que compone la existencia humana”.
Ritunnano explica que este hallazgo podría cambiar la forma en que los profesionales de la salud mental comprenden y tratan la psicosis. “Durante mucho tiempo”, comenta, “ha resultado complicado entender cómo y por qué se forman los delirios. Ahora vemos que pueden emerger de experiencias emocionales intensas acompañadas de una gran perturbación física”.
Las emociones como origen de las creencias delirantes en la psicosis
Uno de los principales aportes del estudio es mostrar que los delirios no son ideas aisladas ni simples errores de razonamiento. Por el contrario, reflejan patrones corporales y emocionales profundos, desarrollados a menudo tras episodios traumáticos o experiencias de fuerte impacto emocional. Las personas participantes en la investigación describieron cómo, antes del inicio de sus delirios, atravesaron situaciones de angustia o vergüenza que despertaron sensaciones intensas de exposición o desconexión del mundo.
Por ejemplo, sentirse avergonzado o humillado repetidas veces, como sucede con las víctimas de acoso, puede generar una vivencia física de “ser observado”, incluso cuando no hay nadie presente. Ese sentimiento puede transformarse en un delirio de referencia o en la creencia de que otros conocen los pensamientos del individuo y lo vigilan constantemente.
Sin embargo, no todos los delirios se originan en emociones negativas. Algunos participantes describieron experiencias de intensa conexión con la divinidad, amor profundo o asombro ante la realidad. En estos casos, los delirios generaban un sentido positivo de identidad y esperanza, más que miedo o persecución.
Vivir en metáforas: el papel del lenguaje
El estudio también aporta una nueva comprensión sobre el papel del lenguaje en la psicosis. Los investigadores observaron que, para describir sus experiencias, los pacientes recurrían con frecuencia a expresiones figurativas o metafóricas. Estas formas de hablar, lejos de ser signos de irracionalidad, reflejan cómo las emociones se materializan en el cuerpo y se traducen en imágenes simbólicas.
Jeannette Littlemore, profesora de Lingüística y Comunicación en la Universidad de Birmingham, lo expresa así: “Todos construimos nuestras experiencias mediante metáforas y narrativas. Pero las personas con psicosis lo hacen de manera más intensa, porque sus emociones y sensaciones corporales son especialmente poderosas”.
Por ejemplo, una persona que siente vergüenza extrema puede describirse como “expuesta” o “desnuda” ante los demás; esa metáfora, en un contexto psicótico, puede transformarse en la creencia literal de que está siendo observada por cámaras ocultas. Del mismo modo, alguien que experimenta una felicidad profunda puede expresar que se siente tan pleno que “puede tocar el cielo”, lo que en algunos casos deriva en la convicción de poder volar.
La importancia de escuchar el significado detrás del delirio
El equipo internacional subraya que comprender los delirios desde esta perspectiva no solo amplía el conocimiento teórico, sino que puede mejorar la calidad del tratamiento. Muchos pacientes, según los investigadores, manifestaron que en sus procesos de recuperación no encontraban espacio para hablar del sentido emocional de sus creencias delirantes. Esa falta de reconocimiento aumentaba sentimientos de vergüenza, marginación y distancia respecto del entorno clínico.
El estudio sugiere que, al prestar atención al mundo emocional y corporal de quienes padecen psicosis, los profesionales pueden desarrollar enfoques terapéuticos más empáticos y efectivos. Comprender que detrás de un delirio hay un intento de dar sentido a una experiencia vital abrumadora permite sustituir la mirada crítica por una más compasiva.
Restaurar el equilibrio emocional
En última instancia, los investigadores concluyen que los delirios no deberían entenderse solo como distorsiones de la realidad o como “errores de pensamiento”, sino como intentos del cuerpo y la mente de restablecer el equilibrio cuando las emociones se vuelven insoportables. Las metáforas y narrativas a través de las cuales las personas expresan su sufrimiento no son síntomas de irracionalidad, sino recursos humanos para encontrar sentido.
Así, el nuevo estudio invita a reconsiderar nuestra visión de la psicosis. Más que un mundo roto, podría tratarse de un intento desesperado, y profundamente humano, de reparar aquello que la emoción y la experiencia han dejado fragmentado.
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