Descubren en Montserrat el manuscrito perdido de "El Nuevo Mundo", la primera epopeya sobre Colón en castellano

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Imagen del manuscrito

Lectura fácil

En una sala silenciosa de la Biblioteca de la Abadía de Montserrat, entre estantes repletos de códices y papeles centenarios, la investigadora posdoctoral Claudia García-Minguillán dio con un tesoro literario que llevaba siglos esperando ser redescubierto: el único manuscrito conocido del poema épico El Nuevo Mundo, obra del poeta y diplomático portugués Francisco Botelho de Moraes e Vasconcelos, escrita entre los siglos XVII y XVIII.

El hallazgo del manuscrito, fruto de un minucioso rastreo entre documentos no catalogados con detalle, ha sido calificado como de enorme valor filológico e histórico. No se trata solo de una joya bibliográfica más: El Nuevo Mundo es la primera obra épica escrita en castellano que tiene a Cristóbal Colón como protagonista, situando al navegante genovés en el centro del imaginario heroico y político de su época.

Un proyecto de investigación internacional

Este descubrimiento no fue fruto del azar. Forma parte de un proyecto de investigación más amplio, apoyado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) y la Fundación Calouste Gulbenkian. García-Minguillán, quien desarrolla su labor como beneficiaria de un contrato Juan de la Cierva en el Departamento de Filología Catalana y Lingüística General de la Universidad de Barcelona, centró sus esfuerzos en la revisión de los fondos manuscritos del monasterio, aplicando un método riguroso que combinó la bibliografía antigua con la inspección directa de documentos.

Según explica la investigadora, el manuscrito permaneció durante décadas fuera de los circuitos habituales de estudio porque nunca había sido digitalizado, transcrito ni vinculado oficialmente a su autor en las bases de datos modernas. En otras palabras, era un texto oculto a plena vista. Solo una breve referencia en un catálogo de 1977, elaborado por el monje y erudito padre Alexandre Olivar, sugería su existencia, aunque nadie había seguido esa pista hasta ahora.

El manuscrito consta de treinta y nueve folios y presenta variaciones notables con respecto a la edición impresa de 1701, la única versión conocida hasta ahora. Entre sus páginas sobreviven pasajes inéditos que fueron modificados o incluso suprimidos en la publicación posterior, probablemente por motivos ideológicos o políticos ligados al contexto de su tiempo.

Estas diferencias aportan una nueva perspectiva sobre la obra y sobre las tensiones intelectuales del inicio del siglo XVIII, un periodo convulso en el que España se preparaba para la Guerra de Sucesión. En ese escenario, El Nuevo Mundo cobra un significado renovado: no solo como relato heroico, sino también como pieza insertada en el debate político y cultural que enfrentó a los partidarios de Carlos de Austria con los de Felipe de Anjou.

Colón como símbolo político en el manuscrito descubierto

Francisco Botelho de Moraes e Vasconcelos, el autor de la obra, fue una figura clave en la vida cultural barcelonesa del momento. Participó en la fundación de la Academia de los Desconfiados, institución precursora de la actual Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, donde se debatían ideas literarias, filosóficas y políticas. Desde allí, impulsó una visión humanista y clasicista de la literatura, que se reflejó en El Nuevo Mundo.

En el poema, Cristóbal Colón aparece como un héroe civilizador que encarna valores de audacia, fe y lealtad, reinterpretados para servir de alegoría al ideal político del partido austracista. La epopeya convierte el viaje del almirante en un espejo de las aspiraciones de una Europa dividida por disputas dinásticas y culturales.

Aunque escrita en castellano, la obra sigue fielmente modelos épicos de la tradición latina e italiana, combinando una estructura majestuosa con una intención ideológica precisa. Para García-Minguillán, la elección del castellano no fue casual: representó un gesto deliberado de intervención en el debate cultural de la monarquía hispánica, en un momento en que la lengua servía también como herramienta de poder y legitimidad.

La investigadora destaca además la singularidad estética del manuscrito, tanto por sus giros literarios como por su afán de armonizar las fuentes clásicas con la narrativa de la exploración y la conquista. En sus páginas se funden la épica homérica y la exaltación imperial, configurando un texto que trasciende la mera imitación para convertirse en una reflexión sobre el destino histórico del mundo hispano.

Una nueva vida para un texto olvidado

Tras su hallazgo, el manuscrito será objeto de una edición crítica y de un estudio monográfico que examinarán su contexto histórico, sus variantes textuales y su sentido político. El objetivo no es solo devolverlo al circuito académico, sino integrarlo en la conversación contemporánea sobre la literatura del Siglo de Oro y sus márgenes ibéricos.

El descubrimiento de el manuscrito El Nuevo Mundo en Montserrat no solo amplía el mapa de la épica hispánica, sino que recuerda la importancia de las bibliotecas monásticas como guardianas de la memoria cultural europea. A veces, entre los márgenes polvorientos de un catálogo olvidado, la historia todavía tiene algo nuevo que contar.

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