Lectura fácil
Cuando pensamos en aceite de oliva, nuestra mente viaja automáticamente a los paisajes de Jaén, a las colinas de la Toscana o a las islas griegas. El "oro líquido" es el pilar de la Dieta Mediterránea y, durante milenios, su producción ha sido casi un monopolio cultural y geográfico de la cuenca del Mare Nostrum. Sin embargo, los tiempos cambian y la excelencia agronómica no conoce fronteras. Según recoge un reciente análisis de 20minutos, basado en prestigiosas guías como TasteAtlas y el EVOO World Ranking, un invitado inesperado se ha colado en la fiesta de la élite mundial: Brasil.
Este "curioso país", famoso por sus frutas tropicales y su café, ha logrado lo que parecía imposible hace apenas una década: situar su producción de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) entre las diez mejores del planeta, compitiendo de tú a tú en calidad —aunque no en volumen— con los gigantes históricos del sector.
El ascenso de la "Toscana Brasileña"
La presencia de Brasil en el top 10 mundial no es fruto de la casualidad, sino de una inversión estratégica en la región de Rio Grande do Sul y en la Sierra de la Mantiqueira. A diferencia de España, que domina el mercado por la inmensa cantidad y calidad de su producción (siendo líder indiscutible en volumen), Brasil ha apostado por un modelo de "boutique".
Dado que su clima tropical en el norte es incompatible con el olivo, los agricultores brasileños han aprovechado el clima templado del sur, fronterizo con Uruguay y Argentina, para plantar variedades como la Arbequina, Koroneiki y Picual. El resultado es un aceite de oliva joven, extremadamente fresco y con notas frutales muy marcadas que ha cautivado a los paneles de cata internacionales. Al ser una industria nueva (muchos olivares tienen menos de 15 años), cuentan con almazaras de última tecnología que procesan la aceituna apenas horas después de la recolección, garantizando una acidez mínima.
El ranking: los clásicos y las sorpresas
Aunque la noticia del ascenso brasileño es la más llamativa por lo "exótico" del origen, el ranking actual de los mejores productores refleja una mezcla de tradición y nuevas potencias.
- España: Sigue siendo el rey absoluto. No solo produce cerca del 45 % del aceite mundial, sino que marcas andaluzas copan habitualmente los primeros puestos en calidad (como los aceites de Priego de Córdoba o Jaén).
- Italia y Grecia: Mantienen su estatus legendario, con aceites muy valorados por su complejidad aromática.
- Las sorpresas: Junto a Brasil, otro país que ha escalado posiciones de forma silenciosa pero contundente es Croacia. La región de Istria ha sido galardonada repetidamente como una de las mejores regiones olivareras del mundo por guías como Flos Olei.
La entrada de Brasil en este selecto club (ocupando puestos destacados en el EVOO World Ranking por número de premios obtenidos) demuestra que el terroir del aceite de oliva se está globalizando.
Calidad vs. Cantidad, la clave del éxito brasileño
Es importante matizar que, cuando hablamos de "mejores productores" en este contexto, nos referimos a la calidad y los premios, no al volumen a granel. Brasil todavía importa gran parte del aceite de oliva que consume (principalmente de Portugal y España), pero su producción local de alta gama se agota rápidamente y se vende a precios gourmet.
Este fenómeno es similar al que ocurrió con el vino en el Nuevo Mundo (California, Chile, Sudáfrica) hace unas décadas. Los productores brasileños no cargan con el peso de la tradición, lo que les permite innovar en técnicas de extracción y coupages (mezclas de variedades) atrevidos.
Un futuro global para el aceite de oliva
La irrupción de Brasil y Croacia en el top 10 envía un mensaje claro al sector: el consumidor busca excelencia, venga de donde venga. Para el productor español, esto no debe verse como una amenaza, sino como una validación de que el aceite de oliva es un producto de moda a nivel global.
Mientras España siga siendo la despensa de Europa, países como Brasil actúan como embajadores del producto en nuevos mercados. El hecho de que un país tropical haya logrado "domar" el olivo para producir néctar de calidad superior es, sin duda, una de las historias agronómicas más fascinantes del siglo XXI.
Añadir nuevo comentario