El nitrógeno acelera el doble la recuperación de los bosques tropicales tras la deforestación

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Bosque recuperado en Panamá

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Un nuevo estudio internacional ha revelado que los bosques tropicales pueden recuperarse de la deforestación el doble de rápido si el suelo cuenta con suficiente nitrógeno, uno de los nutrientes esenciales para el crecimiento de las plantas.

La investigación, liderada por la Universidad de Leeds (Reino Unido) y publicada en la revista Nature Communications, representa el experimento más amplio y duradero jamás realizado sobre cómo los nutrientes del suelo influyen en la regeneración forestal en regiones tropicales degradadas por la tala y la agricultura.

La regeneración de los bosques tropicales, clave en la lucha contra el cambio climático

Los bosques tropicales jóvenes son aliados silenciosos en la mitigación del cambio climático. Los árboles en crecimiento extraen dióxido de carbono (CO2) del aire mediante la fotosíntesis y lo almacenan en sus raíces, troncos y ramas. Este carbono puede permanecer atrapado durante décadas, convirtiendo a estos ecosistemas en auténticos sumideros naturales.

Pero esta capacidad no siempre se mantiene estable. Muchos de estos bosques jóvenes enfrentan un obstáculo invisible: la escasez de nitrógeno. Sin este elemento, indispensable para la formación de proteínas y tejidos vegetales, los árboles crecen más lentamente y, con ello, disminuye su capacidad de absorber CO2.

Actualmente, se estima que alrededor del 50 % de los bosques tropicales del planeta están en fase de regeneración tras sufrir perturbaciones como incendios, tala o uso agrícola. Estos procesos degradativos no solo eliminan los árboles, también provocan pérdidas de nitrógeno y otros nutrientes del suelo, como el fósforo, que también limita la productividad de estos ecosistemas.

Un experimento sin precedentes en América Central

Para entender cómo los nutrientes afectan la velocidad de recuperación de los bosques, los investigadores estudiaron 76 parcelas forestales distribuidas por América Central. Cada una tenía un tamaño aproximado de un tercio del de una cancha de fútbol y representaba distintas fases de regeneración: desde áreas recién abandonadas tras el uso agrícola, hasta bosques de mediana edad (entre 10 y 30 años) y otros ya maduros, relativamente intactos durante siglos.

Durante cerca de dos décadas, el equipo midió el crecimiento y la mortalidad de los árboles, aplicando diferentes tratamientos con fertilizantes: algunos con nitrógeno, otros con fósforo, una combinación de ambos o ninguno, a modo de control. Este despliegue permitió observar con precisión los cambios que cada nutriente provocaba en el ecosistema.

Los resultados fueron claros. En los primeros diez años de regeneración, las zonas donde el suelo tenía suficiente nitrógeno volvieron a crecer el doble de rápido que aquellas en las que este nutriente era escaso. En campos agrícolas recientemente abandonados, el crecimiento se aceleró hasta un 95 %, y en bosques con una década de recuperación, un 48 %.

“Fue realmente asombroso verlo. Las parcelas con nitrógeno añadido parecían mucho más grandes que las que no lo añadimos; los árboles eran enormes”, relató Sarah Batterman, profesora asociada de la Facultad de Geografía de la Universidad de Leeds y una de las autoras principales del estudio. La científica explicó que el efecto era tan notable que el equipo tuvo que verificar varias veces los datos, ante lo inesperadamente rápido del proceso.

Sin embargo, el experimento también mostró un límite: en los bosques más antiguos, de 30 años o más, el aporte extra de nitrógeno no tuvo efecto alguno. A esa altura, el suelo había recuperado su equilibrio natural gracias a las especies fijadoras de nitrógeno, árboles que lo extraen del aire y lo incorporan nuevamente al ecosistema.

Pese al éxito experimental, los investigadores aclaran que no recomiendan fertilizar masivamente los bosques tropicales. Los fertilizantes industriales liberan óxido nitroso (N2O), un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2, y podrían causar daños ecológicos graves.

En cambio, el estudio sugiere métodos naturales de restauración, como la siembra de árboles leguminosos, que fijan nitrógeno de manera orgánica, o la reforestación en áreas donde el suelo ya contiene una dosis alta por contaminación atmosférica procedente de granjas o fábricas.

Más carbono absorbido, más tiempo ganado

El estudio apunta a una conclusión esperanzadora: si los bosques tropicales en regeneración tuvieran suficiente nitrógeno en sus suelos, podrían absorber hasta 820 millones de toneladas adicionales de CO2 al año durante la próxima década. Esa cantidad equivale a varias veces las emisiones anuales de países como España o México.

Como resume Batterman, “un crecimiento más rápido implica una absorción más rápida de dióxido de carbono, lo que puede darnos algunos años más para reducir nuestras propias emisiones”. Su mensaje se alinea con una idea cada vez más compartida por la comunidad científica: restaurar los bosques tropicales no solo repara la naturaleza, también compra tiempo en la carrera contra el calentamiento global.

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