El origen del beso se remonta a hace 21 millones de años según un nuevo estudio sobre nuestros ancestros

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
Cuál es el origen del beso

Lectura fácil

Un nuevo estudio de la Universidad de Oxford sitúa el origen del beso hace más de 20 millones de años, sugiriendo que este gesto de afecto no solo es antiguo, sino compartido por nuestros ancestros y los grandes simios.

El origen del beso en la evolución humana

Un reciente estudio liderado por la Universidad de Oxford ha explorado el origen del beso, situándolo entre 21,5 y 16,9 millones de años atrás. Según la investigación, publicada en Evolution and Human Behavior, este gesto afectivo apareció en el ancestro común de los humanos y los grandes simios. Esto sugiere que los neandertales probablemente también compartían esta práctica.

El beso, reconocido en todo el mundo como un símbolo de afecto y vínculo emocional, plantea un interesante dilema evolutivo. Aunque aumenta la transmisión de microbios, su utilidad directa para la supervivencia o la reproducción no es evidente, lo que convierte su estudio en un reto para los científicos.

"Esta es la primera vez que se adopta una perspectiva evolutiva amplia para examinar el origen del beso", señala la doctora Matilda Brindle, autora principal y bióloga evolutiva en Oxford. Los hallazgos amplían nuestra comprensión de la diversidad de comportamientos sexuales y afectivos en primates cercanos a nosotros.

Para reconstruir la historia de este comportamiento, el equipo realizó un análisis interespecífico tomando como base el árbol genealógico de los primates. Así, descubrieron que este acto afectuoso ya existía en el linaje de los grandes simios hace más de 20 millones de años, y que se mantiene en especies como chimpancés, bonobos y orangutanes, quienes también muestran gestos de contacto labial en la naturaleza.

¿Los neandertales se besaban?

Los investigadores sostienen que los neandertales probablemente también se besaban. Este hallazgo se alinea con estudios previos que muestran intercambio de microbios orales y material genético entre neandertales y humanos modernos mediante la saliva. En este contexto, el contacto boca a boca no solo tiene un componente afectivo, sino que también habría servido como vía de interacción social y biológica.

Por ello, definir de manera científica lo que constituye un beso fuera del contexto humano fue un desafío importante. Finalmente, los autores lo caracterizaron como un “contacto boca a boca no agresivo que no implica transferencia de alimento”. Esta definición permitió unificar las observaciones entre diferentes especies.

Análisis y modelado

El equipo recopiló todas las observaciones disponibles sobre gestos similares al beso. Para ello, utilizaron análisis filogenéticos y modelado bayesiano, ejecutado millones de veces, y lograron estimar la probabilidad de que los antecesores de cada rama del árbol evolutivo realizasen este comportamiento. Así, lograron situar con mayor precisión el origen del beso en nuestra historia evolutiva.

"Al integrar biología evolutiva y comportamiento, podemos inferir la presencia de rasgos que no se fosilizan, como los gestos afectivos", explica el profesor Stuart West, coautor del estudio. Esta metodología permite comparar comportamientos entre especies modernas y extintas.

Un gesto documentado en el 46 % de las culturas humanas

Aunque el beso pueda parecer universal, solo está documentado en el 46 % de las culturas humanas estudiadas. Esto abre un debate sobre si se trata de un comportamiento principalmente biológico o si ha surgido y desaparecido según normas sociales y tabúes. La diversidad cultural evidencia que este gesto, aunque antiguo, no es estrictamente universal.

Con estos hallazgos, el equipo subraya la importancia de estudiar el origen del beso no solo como un acto romántico, sino también como un comportamiento social y evolutivo. Su historia, que se remonta a millones de años, revela cómo la afectividad y la interacción social han sido fundamentales en la evolución de los primates, incluido el ser humano.

En conclusión, comprender el origen del beso permite apreciar que este gesto no es simplemente un acto cultural moderno, sino un vínculo ancestral que ha acompañado a nuestros antecesores y que persiste en la naturaleza y la historia humana.

Añadir nuevo comentario