La menstruación condiciona la vida diaria de más del 80% de las mujeres en España

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
Menstruación y dolor

Lectura fácil

Un macroestudio desarrollado por el Instituto Ingenio, centro mixto de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha puesto cifras a una realidad que muchas mujeres experimentan mes a mes: la menstruación no es solo una cuestión biológica, sino un elemento que afecta de manera directa la vida diaria de más del 80 % de las mujeres en España.

Con la participación de más de 4.000 personas, esta investigación forma parte de una de las radiografías más amplias realizadas sobre la salud menstrual en el país. Publicado en la revista BMC Women’s Health, el estudio aborda, en esta cuarta entrega, el impacto social y cotidiano del ciclo menstrual, tras haber analizado previamente la educación menstrual, los estigmas y las barreras de acceso a la atención sanitaria.

Más allá de los síntomas físicos

Tal como explicó la investigadora Sara Sánchez-López, del Instituto Ingenio (UPV-CSIC), “la forma en que se vive la menstruación no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que ocurre”.

Esa afirmación resume el enfoque del estudio: entender cómo las condiciones sociales, los estereotipos y las expectativas culturales influyen en la manera en que las mujeres afrontan su ciclo.

Los datos son claros. Solo el 15,4 % de las encuestadas, es decir, apenas una de cada seis mujeres, asegura que su rutina no cambia durante la menstruación. Para el resto, los días del periodo implican adaptaciones de diverso tipo: desde ajustar la vestimenta hasta renunciar a actividades físicas o sociales.

Entre las estrategias más frecuentes destaca la elección de la ropa, con casi la mitad de las participantes (48 %) evitando prendas blancas, y un 36 % optando por no usar ciertas piezas. En el ámbito de la actividad física y el ocio, un 21 % reduce su práctica deportiva y un 22 % evita nadar o acudir a la playa durante esos días.

Dolor, incomodidad y normas invisibles con la menstruación

El dolor menstrual se mantiene como la principal causa detrás de estas adaptaciones, pero no es la única. Según el estudio, el temor a mancharse, la falta de espacios seguros o adecuados para gestionar la menstruación y la posibilidad de recibir comentarios negativos también condicionan las decisiones cotidianas de muchas mujeres.

Estas actitudes reflejan que, aunque el tema ha ganado visibilidad pública en los últimos años, persisten normas sociales que relegan la regla al ámbito de lo privado, casi como un asunto que debe ocultarse.

En el entorno educativo y laboral, la tensión entre el dolor y la obligación de continuar con la rutina es especialmente evidente. Casi la mitad de las mujeres encuestadas han ido al trabajo o al centro de estudios pese a sufrir dolor intenso, fatiga o náuseas. Aunque el 41 % admite haber faltado en alguna ocasión, un 44 % asegura no haberse ausentado nunca, incluso cuando los síntomas lo habrían justificado.

Sánchez-López advierte que este comportamiento no se debe únicamente a una cuestión de responsabilidad laboral o académica, sino a una dinámica social más profunda: “En muchos casos, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad legítima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad”.

El estudio del Instituto Ingenio subraya que el miedo a ser percibidas como menos comprometidas o menos capaces empuja a muchas mujeres a ocultar su dolor o minimizar sus síntomas. En entornos donde históricamente la menstruación se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles o responsabilidades, mostrar vulnerabilidad continúa siendo percibido como un riesgo colectivo.

De la burla a la condescendencia

La investigación también recopila numerosos testimonios de mujeres que relatan episodios de burla o humillación relacionados con la regla. En la adolescencia, esas experiencias suelen adoptar la forma de comentarios hirientes entre compañeros o amigos; en la edad adulta, el estigma se transforma y se expresa mediante actitudes condescendientes o gestos de rechazo por parte de colegas, parejas o familiares.

Más preocupante aún es el uso de la menstruación como argumento para cuestionar emociones o decisiones femeninas. Muchas encuestadas reportan haber sido desacreditadas en discusiones cotidianas por el simple hecho de estar menstruando, un reflejo persistente del estereotipo que asocia el ciclo con la falta de control emocional.

La necesidad de un cambio cultural

Para la coautora del estudio, Rocío Poveda Bautista, este tipo de situaciones perpetúan prejuicios que asocian la regla con irracionalidad o debilidad, limitando la credibilidad de las mujeres. “Estas conductas refuerzan estereotipos que la vinculan con la falta de control emocional, lo que puede traducirse en una menor legitimidad social”, explica.

El trabajo del Instituto Ingenio plantea, por tanto, un llamado a replantear la manera en que la sociedad gestiona y percibe la regla. No se trata únicamente de mejorar el acceso a productos o atención sanitaria, sino de reconocer la dimensión social del ciclo menstrual y erradicar los prejuicios que todavía lo rodean.

El estudio deja una conclusión clara: la menstruación no es un tema menor. Lejos de ser un simple proceso biológico, sigue condicionando la participación, la comodidad y el bienestar de millones de mujeres. Abordarla abiertamente es un paso imprescindible hacia la igualdad real.

Añadir nuevo comentario