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En las alturas del Cuzco, un grupo de mujeres andinas ha logrado convertir la herencia cultural de sus comunidades en oportunidades reales de trabajo.
Se trata de la Asociación de Turismo Inkac Purinan Tawantin Llaqta (Atiptalla), integrada por emprendedoras del ámbito rural que han encontrado en el ecoturismo una herramienta para generar ingresos, valor cultural y autonomía personal. Su esfuerzo ha sido reconocido a nivel internacional tras alzarse con el Reto de Turismo Indígena 2025, organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y ONU Turismo.
El logro de Atiptalla no habría sido posible sin el acompañamiento del programa Work4Progress, impulsado por la Fundación la Caixa, y la asesoría técnica de Codespa Perú, que apoyaron la creación y consolidación de esta iniciativa comunitaria.
Una red de cooperación con enfoque social por y para las mujeres andinas
El programa Work4Progress de la Fundación la Caixa tiene presencia en varios continentes y comparte una meta ambiciosa: promover trabajos dignos para jóvenes y mujeres andinas en contextos vulnerables. Opera actualmente en India, Mozambique, Perú y Colombia, a partir de una metodología de innovación social que busca no imponer soluciones desde fuera, sino construirlas junto con las comunidades.
La filosofía de este modelo se resume en una convicción firme: solo cuando se comprenden las dinámicas locales y se involucra a las personas de manera directa, se obtienen proyectos sostenibles y de impacto real a largo plazo. Por esa razón, las iniciativas se desarrollan sobre plataformas colaborativas en las que convergen comunidades, organizaciones de base, entidades técnicas y expertos que trabajan de modo coordinado para definir necesidades y cocrear soluciones adaptadas al contexto.
El nacimiento de Atiptalla
De esa dinámica participativa nace Atiptalla, que comenzó su andadura en 2021 con el propósito de dar valor y uso a los recursos naturales y culturales locales. Según explicó Judith Ljubica Jiménez Serrano, coordinadora técnica de Codespa Perú, el proceso partió de un diagnóstico conjunto que reveló un potencial turístico poco aprovechado, centrado en la búsqueda de experiencias auténticas dentro de las comunidades.
Así fue como 33 familias de cuatro comunidades distintas decidieron unirse para poner en marcha este proyecto. Las localidades de Pinchimuro, Marampaqui, Rodeana y Upis, pertenecientes al distrito de Ocongate, en la provincia de Quispicanchi (Cuzco), se convirtieron en los primeros escenarios de este emprendimiento rural. Allí, las tradiciones ancestrales, el conocimiento del entorno y la hospitalidad local se fusionaron para ofrecer a los visitantes una experiencia única y responsable.
Empleos que enfrentan la desigualdad y la violencia
Más allá del aspecto económico y turístico, el proceso impulsado por Work4Progress y Codespa evidenció una realidad preocupante: la violencia contra las mujeres andinas, muy presente en dicho entorno rural. Jiménez Serrano explicó que en Ocongate se detectó un número significativo de casos ligados a la desigualdad de género, especialmente por las diferencias de acceso a la educación y las oportunidades laborales.
Las mujeres andinas, tradicionalmente relegadas de los trabajos remunerados, han padecido durante décadas la falta de independencia económica, lo que incrementa su vulnerabilidad. En este contexto, crear empleos de calidad no solo representa una forma de ingresos, sino un mecanismo de prevención de la violencia: el trabajo refuerza las capacidades, la autonomía y la autoestima de las mujeres andinas.
“Las mujeres se empoderan porque se van capacitando”, explicó Jiménez Serrano. Al tener un papel activo en la economía familiar, participan en la toma de decisiones y logran que sus voces sean escuchadas. La presidenta de Atiptalla, Marleny Condori, lo resume con claridad: “Antes no teníamos cómo obtener ingresos ni acceso a la educación, pero ahora sí, gracias a este emprendimiento”.
Cuatro rutas que unen cultura y naturaleza
Fruto del trabajo colectivo, Atiptalla ha diseñado cuatro rutas turísticas que valoran la identidad cultural y el respeto por la naturaleza. Cada una ofrece al visitante la posibilidad de integrarse en la vida comunitaria y aprender directamente de quienes conservan sus saberes ancestrales.
- Ruta de la Leche: permite participar en el ordeño de vacas y en la elaboración artesanal de productos lácteos.
- Ruta del Textil Andino: enseña todo el proceso de hilado y teñido con pigmentos naturales, manteniendo técnicas tradicionales transmitidas de generación en generación.
- Ruta del Trekking: invita a recorrer las faldas del Nevado Ausangate, la quinta montaña más alta del país, donde se combinan paisajes espectaculares con prácticas rituales como el Pago a la Tierra, ceremonia que honra a la Pachamama y refuerza la conexión espiritual con la naturaleza.
- Ruta de la Vida Andina: integra actividades cotidianas de las comunidades, como la agricultura o la cocina local, para que los visitantes comprendan el modo de vida de la población rural del Cuzco.
El respeto medioambiental atraviesa todo el proyecto. Durante las caminatas y actividades, las familias promueven el cuidado del entorno y explican cómo su relación espiritual con la madre tierra define una forma de vida sostenible que no separa lo material de lo sagrado.
Un reconocimiento que impulsa el futuro
El Reto de Turismo Indígena 2025 ha significado para Atiptalla un reconocimiento internacional que marca un antes y un después. Para su presidenta, Marleny Condori, el premio representa mucho más que un galardón: “Estamos muy orgullosas. Este reconocimiento nos dará mayor visibilidad y atraerá más visitantes”.
Desde Codespa Perú, Jiménez Serrano destacó que este logro simboliza la culminación de varios años de trabajo y compromiso de las familias. “Es un reconocimiento que se da a las mujeres andinas y a sus comunidades”, afirmó. Además de la visibilidad, el premio aporta motivación y confianza en la capacidad transformadora del turismo sostenible.
Para las integrantes de Atiptalla, el proyecto demuestra que el turismo puede ser una herramienta de cambio social cuando nace desde el respeto a la cultura, la equidad de género y la cooperación. En palabras de su presidenta, “somos mujeres y sí, podemos”.
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