Antonio Huertas defiende a Felipe VI: “La neutralidad del Rey no es un escudo, es una exposición”

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Presidente Mapfre defiende a Felipe VI

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El presidente de Mapfre, Antonio Huertas, ha firmado un extenso artículo de opinión en el que pone en valor el papel de la Corona en España y, muy especialmente, la figura del rey Felipe VI. Lejos de limitarse a un elogio protocolario, Huertas construye un razonamiento constitucional y político alrededor de una idea central: la neutralidad del monarca no es un escudo protector, sino una exposición constante a todo tipo de críticas.

Huertas parte de una paradoja que, a su juicio, define la posición del Jefe del Estado en la monarquía parlamentaria española. “Quien no puede tomar partido tampoco puede replicar, y quien no puede replicar queda a merced de cuantos quieran servirse de su figura”, escribe. En otras palabras: al estar vedado al Rey intervenir en la disputa política cotidiana, carece de mecanismos para defenderse públicamente de los ataques, lo que lo convierte en un blanco fácil para intereses muy diversos.

Esta reflexión se enmarca en un verano marcado por el debate sobre el papel institucional de Felipe VI. Por un lado, ha circulado la cuestión de si el monarca debía o no visitar Ceuta tras la avalancha masiva de migrantes desde Marruecos, que ha derivado en una crisis social y política. Por otro, ha estallado la polémica por las declaraciones y actitudes del ministro de Transportes, Óscar Puente, tras fotografiarse en Colombia con el periodista Javier Negre, episodio que ha reabierto la discusión sobre los límites de la neutralidad de la Corona y las relaciones entre Gobierno y Palacio.

El reproche imposible contra Felipe VI: intervenir o no intervenir

Uno de los ejes del artículo es la crítica a lo que Huertas considera un “reproche imposible de satisfacer”. Según su análisis, se le exige al Rey que se pronuncie sobre asuntos que la Constitución no le permite abordar y, al mismo tiempo, cuando se atiene estrictamente a los límites que la Carta Magna le impone, se le acusa de omisión o de falta de liderazgo.

“Es un reproche imposible de satisfacer, porque las dos conductas que exige son incompatibles entre sí, y afecta a la institución con independencia de quién lo formule y desde qué posición ideológica lo haga”, razona el presidente de Mapfre. Para Huertas, esta dinámica daña a la Corona como institución, más allá de las personas concretas que ocupan la Jefatura del Estado o de las ideologías desde las que se emitan las críticas.

El texto de Huertas dedica un apartado específico a recordar cómo la Constitución de 1978 configuró la Jefatura del Estado. Subraya que los límites del Rey son tan relevantes como sus atribuciones: “El Rey Felipe VI no dirige la política, no legisla y no interviene en la orientación del Gobierno, y todos sus actos requieren refrendo”.

Frente a quienes podrían interpretar esa limitación como una debilidad, Huertas sostiene lo contrario. Esa restricción es, precisamente, lo que permite a la Corona “arbitrar con credibilidad, al no tener adscripción partidista ni depender de los procesos electorales”. En su visión, la ausencia de vinculación directa con la lucha por el poder ejecutivo es lo que dota a la institución de una capacidad de mediación y representación que ningún Gobierno puede ofrecer.

La Transición y décadas de democracia

El presidente de Mapfre no olvida el contexto histórico. En su artículo alaba la “generosidad” de quienes hicieron posible la Transición tras la muerte de Franco, inaugurando décadas de democracia que, según afirma, constituyen el período más largo y próspero de la historia reciente de España.

Sin embargo, Huertas no presenta un relato idílico. Repasa las tensiones a las que se han enfrentado tanto España como la Corona desde 2015: la tensión territorial durante el ‘procés’ en Cataluña, la pandemia de covid-19 y la repetición de elecciones, tanto con Mariano Rajoy como con Pedro Sánchez en La Moncloa, debido a las dificultades para conformar nuevos ejecutivos. En ese contexto de fragmentación y crisis, defiende que la Corona ha representado “la unidad y permanencia de un Estado anterior a sus mayorías”.

“Medio siglo desde la reinstauración de la monarquía, y 12 años del reinado actual, avalan ese balance positivo con numerosísimos hechos constatables”, escribe Huertas, en clara referencia al tiempo transcurrido desde la llegada de Juan Carlos I al trono tras el franquismo y a los años de reinado de Felipe VI.

Otro de los conceptos clave del artículo es la idea de un “suelo compartido”. Huertas argumenta que toda democracia consolidada necesita apoyarse en unos pocos acuerdos fundamentales que sus actores acepten no discutir cada mañana. “Sin ese suelo compartido, la política deja de ser una discusión sobre lo que conviene hacer y se convierte en una disputa sobre las reglas del juego”, afirma.

En su lectura, la Constitución de 1978 fijó ese suelo y la Jefatura del Estado forma parte esencial de él. Cuestionar permanentemente las bases institucionales, advierte, convierte la vida política en una lucha por las reglas básicas, en lugar de centrarse en las políticas públicas y las opciones de gobierno.

El afecto en los momentos difíciles

Huertas también se detiene en la dimensión más humana y cercana de la institución. Subraya que “allá donde acude, el Rey Felipe VI es recibido con un afecto que, a los dirigentes políticos, divididos por definición, les resulta imposible de alcanzar”. En ese sentido, pone como ejemplo las visitas de los Reyes a lugares afectados por catástrofes, donde reciben muestras de cercanía y apoyo ciudadano.

“Pocas cosas dicen más de lo que una institución significa que el hecho de que se la reclame en los peores momentos”, escribe, sugiriendo que la demanda social de presencia regia en situaciones límite es, en sí misma, un indicador de la relevancia y el arraigo de la Corona.

El artículo no se limita a una defensa genérica: Huertas enumera avances concretos atribuidos al actual monarca. Destaca los esfuerzos por avanzar en ejemplaridad y transparencia, la presencia y cercanía en las situaciones más difíciles, el trabajo en las relaciones internacionales estratégicas de España y el impulso a la sucesión, con la formación que está recibiendo la princesa Leonor para asumir en el futuro la Jefatura del Estado.

Con ello, el presidente de Mapfre intenta responder, de forma indirecta, a algunas de las críticas habituales sobre la institución, poniendo el acento en la modernización y en la preparación de la siguiente generación de la familia real.

Constitución modificable, sistema que debe explicarse

Huertas cierra su reflexión asumiendo que la Constitución es modificable con consensos amplios y recordando que ya ha sido reformada cuatro veces en democracia. Sin embargo, matiza que esa posibilidad de cambio no implica que deba darse por sentado o menospreciar el sistema actual. Al contrario, considera una “obligación que a menudo se olvida” defender y poner en valor la relevancia del modelo vigente.

“Aquí es donde más terreno se ha perdido y ahí es donde hay que recuperarlo, porque una institución que se hereda sin explicarse acaba pareciendo ajena a quien no vivió su origen”, escribe. Para Huertas, el desafío no es solo histórico, sino de futuro: “España afronta una década en la que la estabilidad va a ser un bien escaso y, por tanto, valioso”.

En un mundo que, según su diagnóstico, “se recompone a gran velocidad”, los países capaces de ofrecer reglas previsibles, continuidad en los compromisos y un Estado que no se reinventa con cada elección tendrán “una ventaja considerable”. Y en esa ecuación, concluye, “España es uno de ellos, y la Corona es parte de esa ventaja”.

Un artículo que llega en plena tormenta institucional

El texto de Antonio Huertas, difundido inicialmente en sus redes sociales y recogido por diversos medios, llega en un momento de alta tensión alrededor de la figura de Felipe VI. El verano ha estado marcado por el debate sobre Ceuta, las fricciones con el ministro Óscar Puente y las discusiones sobre hasta dónde puede y debe llegar la neutralidad del Rey sin que su imagen sea instrumentalizada por actores políticos.

En ese contexto, el artículo del presidente de Mapfre se interpreta como una defensa explícita de la Corona desde el mundo empresarial, con un tono que combina argumentación constitucional, reivindicación histórica y llamado a la responsabilidad colectiva para preservar lo que Huertas considera un pilar de estabilidad en un periodo que anticipa turbulento.

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