El calor extremo también afecta al cerebro: cómo altera la memoria, la concentración y la salud mental

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El calor extremo y el cerebro

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El verano suele asociarse con vacaciones, jornadas más largas y más tiempo para disfrutar al aire libre. Sin embargo, también es la época en la que las altas temperaturas ponen a prueba la salud de millones de personas. En España, las olas de calor extremo son cada vez más frecuentes e intensas, un fenómeno que las autoridades sanitarias relacionan con el cambio climático y que obliga a extremar las medidas de prevención.

Aunque la mayoría de la población conoce los riesgos de la deshidratación, el golpe de calor o los problemas cardiovasculares asociados al calor extremo, existe otro aspecto menos conocido: el impacto que las temperaturas elevadas tienen sobre el funcionamiento del cerebro.

En este sentido, el médico y psiquiatra Fernando Mora ha advertido a través de sus redes sociales de que el calor no solo afecta al organismo en general, sino que también puede alterar la actividad cerebral y modificar el estado de ánimo, el rendimiento cognitivo e incluso agravar enfermedades neurológicas y psiquiátricas preexistentes.

Un cerebro especialmente sensible a las altas temperaturas

Según explica Fernando Mora en un vídeo difundido en redes sociales, el cerebro humano es especialmente vulnerable a los cambios importantes de temperatura.

"Las altas temperaturas y el calor extremo afectan a nuestro organismo, incluyendo al cerebro", señala el especialista.

El médico añade que "nuestro cerebro es tremendamente sensible a los cambios de temperatura y un aumento importante puede interferir en la actividad de las neuronas e incluso inflamarlas".

Como consecuencia de este proceso, aparecen alteraciones cognitivas que muchas personas experimentan durante los episodios de calor intenso sin llegar a relacionarlas directamente con las temperaturas.

Entre los síntomas más frecuentes destacan:

  • Dificultad para concentrarse.
  • Disminución del rendimiento intelectual.
  • Irritabilidad.
  • Cansancio mental.
  • Incremento de los síntomas de ansiedad.
  • Empeoramiento de cuadros depresivos.

Estos efectos se hacen especialmente evidentes durante las olas de calor, cuando el organismo debe realizar un esfuerzo constante para mantener estable la temperatura corporal.

Las enfermedades neurológicas pueden agravarse

Fernando Mora también advierte de que las personas que ya padecen enfermedades neurológicas o trastornos psiquiátricos pueden experimentar un empeoramiento significativo durante los episodios de calor extremo.

En estos casos aumenta el riesgo de presentar:

  • Confusión.
  • Desorientación.
  • Agitación.
  • Alteraciones del comportamiento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) coincide en que el calor extremo puede agravar enfermedades mentales y otras patologías crónicas, además de incrementar el riesgo de hospitalización y mortalidad durante las olas de calor.

Uno de los datos que más llama la atención es la rapidez con la que pueden aparecer los primeros efectos.

Según explica Fernando Mora, permanecer aproximadamente 60 minutos expuesto a temperaturas de 38,8 ºC puede provocar alteraciones en la memoria a corto plazo.

Si la temperatura corporal continúa aumentando hasta alcanzar los 40 ºC, comienzan a producirse cambios estructurales en las neuronas que, si no se consigue reducir la temperatura del cuerpo rápidamente, podrían llegar a ser irreversibles.

Estas situaciones suelen producirse en casos de exposición prolongada al calor intenso, especialmente cuando coinciden factores como una hidratación insuficiente, la práctica de ejercicio físico o la ausencia de lugares frescos donde refugiarse.

El calor extremo afecta mucho más que al cerebro

Las autoridades sanitarias recuerdan que el calor extremo tiene consecuencias sobre numerosos órganos y sistemas del organismo.

El Ministerio de Sanidad señala que una exposición prolongada a temperaturas elevadas puede alterar los mecanismos naturales de regulación térmica del cuerpo y provocar desde cuadros leves, como calambres o deshidratación, hasta situaciones potencialmente mortales como el golpe de calor, que puede ocasionar afectación multiorgánica, convulsiones e incluso coma.

Por su parte, la OMS advierte de que el estrés térmico obliga al organismo a realizar un importante esfuerzo para enfriarse, lo que incrementa la carga de trabajo del corazón y de los riñones y puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes y trastornos de salud mental. Además, el calor intenso constituye una de las principales causas de muerte relacionadas con fenómenos meteorológicos.

Las altas temperaturas dificultan la conciliación del sueño y reducen el tiempo que el organismo permanece en las fases profundas del descanso, fundamentales para consolidar la memoria, favorecer el aprendizaje y mantener el equilibrio emocional.

Diversas investigaciones muestran que las noches excesivamente cálidas favorecen la fatiga acumulada, disminuyen la capacidad de atención y aumentan la irritabilidad durante el día siguiente, un efecto que puede potenciar todavía más las alteraciones cognitivas asociadas al calor.

Cómo proteger el cerebro durante una ola de calor

Los expertos recuerdan que la mejor estrategia consiste en evitar que la temperatura corporal aumente de forma excesiva.

El Ministerio de Sanidad y la Organización Mundial de la Salud recomiendan mantenerse bien hidratado, evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día, permanecer varias horas en espacios frescos o climatizados, utilizar ropa ligera y prestar especial atención a las personas mayores, los niños y quienes padecen enfermedades crónicas. También aconsejan seguir las alertas oficiales por altas temperaturas y limitar la actividad física intensa cuando sea el calor extremo.

Cada verano aporta nuevas evidencias sobre el impacto que las olas de calor tienen sobre la salud. Más allá del cansancio o la sensación de agotamiento, los especialistas recuerdan que el cerebro también sufre las consecuencias de las temperaturas extremas, afectando a la memoria, la concentración, el estado de ánimo y el bienestar psicológico. Conocer estos efectos y adoptar medidas preventivas resulta fundamental para reducir los riesgos durante los episodios de calor intenso.

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