Una década al límite: la ayuda mengua y la crisis rohinyá se agrava en Cox’s Bazar

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Refugiada de los rohinyás

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Casi diez años después del éxodo masivo de 2017, la reducción de la financiación humanitaria amenaza con deshacer avances logrados a lo largo de la década y someter a una presión extrema los servicios esenciales en los campos de personas refugiadas de Cox’s Bazar (Bangladés). Organizaciones como Oxfam Intermón advierten de que, sin un respaldo económico predecible y sostenido, el sistema de protección y salud pública construido con esfuerzo podría colapsar, afectando a cerca de 1,2 millones de personas rohinyás y a las comunidades de acogida.

De la emergencia a la crisis de los rohinyás prolongada

La crisis rohinyá no comenzó en 2017. En octubre de 2016, ataques coordinados contra puestos fronterizos de la policía en el norte del Estado de Rakáin (Myanmar), atribuidos a insurgentes rohinyás, desencadenaron una ofensiva militar desproporcionada. Soldados y policías dispararon indiscriminadamente contra civiles, cometieron violaciones sistemáticas, incendiaron aldeas enteras y detuvieron arbitrariamente a hombres rohinyás, provocando un primer éxodo masivo que anticipó la catástrofe humanitaria del año siguiente.

Desde entonces, Bangladés, las comunidades locales y los socios internacionales han mantenido una de las respuestas humanitarias más grandes del mundo, proporcionando alimentos, agua potable, saneamiento, refugio, atención médica, protección, educación y preparación ante desastres. Sin embargo, lo que comenzó como una respuesta de emergencia se ha convertido en una crisis prolongada, con nuevas oleadas de desplazamiento: unas 150.000 personas han llegado desde principios de 2024 huyendo de la renovada violencia en Myanmar.

Financiación en caída libre

El Plan de Respuesta Conjunta (JRP) revisado para 2026 solicita 710,5 millones de dólares para atender a hasta 1,56 millones de personas refugiadas rohinyás y miembros de las comunidades de acogida bangladesíes. Este llamamiento, priorizado al máximo, es un 26% inferior al requerido para 2025 y cubre solo lo mínimo necesario para mantener la asistencia vital.

Los déficits de financiación son alarmantes. En 2025, primer año del Plan Conjunto 2025-26, los donantes solo cubrieron un 46% del llamamiento de 934,5 millones de dólares, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). Esta brecha se está traduciendo en recortes concretos en sectores críticos como agua, saneamiento e higiene (WASH), alimentación, salud y protección.

“El mayor peligro es acostumbrarnos a esta crisis”, lamenta Anil Pant, director de Oxfam en Bangladés. Pant añade que la presión financiera amenaza ahora los sistemas construidos durante casi una década y aboga por proteger los servicios vitales, fortalecer la resiliencia y la capacidad local, apoyar a las comunidades de acogida y renovar la acción colectiva para lograr soluciones seguras, voluntarias, dignas y sostenibles.

Un nuevo informe de Oxfam, titulado Holding the Line, muestra que las intervenciones de emergencia en materia de agua, saneamiento e higiene en Cox’s Bazar se han convertido en un vasto sistema humanitario de salud pública. Este sistema incluye 298 redes de agua, 320 pozos de producción, 768 depósitos de agua, más de 7.000 grifos, casi 49.500 letrinas y 167 plantas de tratamiento de aguas fecales.

Sin embargo, el envejecimiento de las infraestructuras, la escasez de agua durante la estación seca, la exposición a los monzones, el control operativo desigual y la reducción de la financiación exponen la fragilidad del lugar. Según testimonios recogidos por Oxfam, apenas el 22% de las personas dispone de agua y jabón para lavarse las manos, una cifra que ilustra la magnitud del deterioro.

Mujeres y niñas en primera línea

Para las mujeres y las niñas, la presión sobre los servicios de agua y saneamiento también es una cuestión de seguridad, privacidad y dignidad. Asmat Ara, de 24 años, que vive con seis familiares en el campamento de los rohinyás de Teknaf, afirma que la escasez de suministros de higiene y el acceso limitado a instalaciones seguras dificultan su vida diaria.

“Si se hace muy tarde, tengo miedo de salir. A veces, los chicos se reúnen afuera y hacen comentarios. Nunca salgo sola por la noche; siempre voy con mi madre”, explica Asmat. También describe la creciente presión sobre el apoyo a la higiene menstrual: “Se deberían proporcionar nuevamente compresas y mejorar el material. También necesitamos más jabón”.

Mallika, de 36 años, vive con su familia en el Campamento 19 de Cox’s Bazar desde su llegada a Bangladés en 2017. “Cuando llegamos, apenas recibíamos ayuda y sufrimos mucho. Después, las ONG nos brindaron diversos servicios y apoyo vital. Pero ahora la ayuda está disminuyendo. Antes compraba mejor comida para mis hijos. Ahora pido dinero prestado para cubrir nuestras necesidades básicas. Es muy difícil sobrevivir”, apunta en declaraciones facilitadas por Oxfam Intermón.

Su testimonio refleja una realidad compartida por miles de familias: la ayuda que antes permitía cubrir necesidades básicas ahora es insuficiente, obligando a muchas personas a endeudarse para sobrevivir.

Llamamiento a la acción

El informe de Oxfam concluye que proteger la salud pública requiere financiación sostenida para operaciones y mantenimiento, control de la calidad del agua, tratamiento de saneamiento, gestión de residuos y drenaje, acceso seguro, rendición de cuentas de la comunidad y acción rápida ante la aparición de riesgos para la salud.

Oxfam Intermón llama a la comunidad internacional a proporcionar financiación predecible, proteger los servicios esenciales y fortalecer las respuestas lideradas localmente y la resiliencia de las comunidades de acogida de los rohinyás. Sin un compromiso renovado, advierten, años de progreso podrían revertirse, sumiendo a una generación entera en una incertidumbre aún mayor.

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