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La degradación del suelo se ha convertido en un problema que va mucho más allá del medio ambiente. La pérdida de tierras productivas afecta a la agricultura, al precio de los alimentos, al empleo y a la economía de millones de personas. Cada año, el deterioro de estos terrenos genera pérdidas de 878.000 millones de dólares, mientras la inversión para recuperarlos continúa muy por debajo de lo necesario.
La degradación del suelo: un problema económico que ya afecta al mundo
La pérdida de tierras productivas se ha convertido en un problema económico que afecta a países de todos los continentes. Aunque suele presentarse como una cuestión ambiental, sus consecuencias llegan a los hogares, al campo y a las cuentas públicas. La degradación del suelo reduce la capacidad de producir alimentos, dificulta el acceso al agua y aumenta la vulnerabilidad ante las sequías.
Cada año, el deterioro de las tierras supone pérdidas de al menos 878.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, recuperar estos espacios podría generar cerca de 1,8 billones de dólares en beneficios anuales.
Sin embargo, el dinero destinado a estas tareas sigue siendo insuficiente. Actualmente se invierten unos 77.000 millones de dólares al año, cuando serían necesarios alrededor de 355.000 millones.
Un problema que afecta a todos
Esta situación, que lleva varios años afectándonos a todos, tiene efectos que van más allá de agricultores y pastores. Cuando disminuye la producción, pueden aumentar los precios de los alimentos y reducirse los ingresos de las familias que dependen de la tierra. También crecen las necesidades de ayuda pública durante las sequías y otras emergencias.
En la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, celebrada en Ulán Bator, Mongolia, la vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, reclamó una mayor inversión. En general, más de 70 países han preparado estrategias nacionales contra la sequía, el reto consiste ahora en ampliar esas iniciativas.
La degradación del suelo puede abordarse mediante cambios en las políticas públicas. Por eso, revisar subsidios que favorecen prácticas poco sostenibles, mejorar la gestión del agua y facilitar la llegada de capital privado son algunas de las medidas planteadas.
Experiencias que funcionan
La Gran Muralla Verde, desarrollada en distintas zonas del Sahel, demuestra que restaurar la tierra puede tener beneficios económicos y sociales. Más de 20 millones de hectáreas han sido recuperadas mediante proyectos relacionados con este esfuerzo. En Níger, los agricultores han regenerado por sí mismos unos cinco millones de hectáreas.
La degradación del suelo también está relacionada con la falta de oportunidades. En algunas regiones con conflictos, pobreza y sequías, recuperar la capacidad productiva puede ayudar a mejorar los ingresos y reducir algunas presiones sobre las comunidades.
Dar derechos a quienes trabajan la tierra
La recuperación será más difícil si las personas que viven de la tierra no tienen seguridad sobre su uso. Agricultores, pastores y comunidades locales conocen sus territorios y pueden aportar soluciones, pero necesitan participar en las decisiones y tener acceso a financiación, tecnología y mercados.
La degradación del suelo afecta especialmente a las mujeres, que en muchos países tienen menos derechos sobre las tierras agrícolas. Darles mayor acceso puede fortalecer proyectos locales y aumentar los beneficios de la recuperación.
La degradación del suelo es un desafío para la producción, el empleo, la alimentación y el desarrollo. Por eso, invertir ahora en recuperar los terrenos puede resultar menos costoso que afrontar las consecuencias de su deterioro.
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