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El Partido Demócrata ha conseguido recuperar el control de las dos cámaras del Congreso, la Cámara de Representantes y el Senado, en las elecciones de medio mandato celebradas este martes. Un resultado que hace apenas un año parecía muy difícil de alcanzar y que supone un importante revés para Donald Trump.
Durante las horas previas al cierre de los colegios electorales, los pronósticos apuntaban a una noche de recuentos ajustados. Numerosas candidaturas estaban tan igualadas que resultaba complicado anticipar quién conseguiría la victoria. Por este motivo, se daba prácticamente por hecho que habría que esperar para conocer el reparto definitivo de escaños. Sin embargo, el avance del escrutinio cambió rápidamente las expectativas.
Antes de la medianoche en la costa este estadounidense, los demócratas ya habían logrado una ventaja suficiente para asegurarse el control de ambas cámaras. El partido consiguió imponerse en prácticamente todos los estados decisivos del Senado, con las excepciones de Maine y Alaska.
Carolina del Norte fue el primer estado en cambiar de tendencia y dar una victoria importante al Partido Demócrata. Después llegaron los resultados favorables en Carolina del Sur, Ohio, Texas, Kansas e Iowa. Estas victorias superaron los cuatro escaños que necesitaba la formación para arrebatar a los republicanos el dominio del Senado.
El avance electoral también se trasladó a las elecciones estatales. Los demócratas consiguieron las gobernaciones de Georgia y Texas, dos territorios especialmente significativos para el Partido Republicano y que llevaban años bajo su control.
Trump intenta desvincularse del fracaso electoral
La derrota republicana ha provocado una rápida reacción de Donald Trump, que ha tratado de restar importancia a los resultados y atribuirlos a su ausencia directa de las papeletas. El presidente publicó un mensaje en Truth Social, su propia red social, en el que aseguró que el desenlace habría sido completamente diferente si su nombre hubiese aparecido entre los candidatos.
"Yo no estaba en la papeleta electoral y, si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría!", escribió el mandatario.
La Casa Blanca ya había transmitido un mensaje parecido a los periodistas unas horas antes, cuando los demócratas apenas habían conseguido recuperar un escaño en el Senado. Desde el Gobierno defendieron que los votantes de Trump suelen movilizarse especialmente cuando el presidente participa directamente en una candidatura electoral.
No obstante, estas elecciones han servido para medir el respaldo ciudadano a la gestión de la Administración republicana. Aunque Trump no aspiraba a ningún cargo, ha estado muy presente durante toda la campaña y ha pedido reiteradamente a sus seguidores que votasen como si él mismo estuviese en juego.
La situación resulta especialmente delicada para el presidente porque su popularidad atraviesa uno de sus peores momentos. Las encuestas realizadas durante los últimos meses reflejan un creciente descontento con la situación económica, la inflación y las decisiones adoptadas por su Gobierno.
Una parte importante del electorado responsabiliza directamente a Trump de los problemas económicos que atraviesa el país. Entre las cuestiones más cuestionadas se encuentra la inflación, relacionada en gran medida con la guerra que el propio presidente inició en Irán. También preocupa la corrupción, que se ha convertido en una de las principales inquietudes de los ciudadanos.
Los demócratas han centrado buena parte de su estrategia en relacionar estos problemas con las decisiones del mandatario, independientemente de que sus candidatos concurriesen a elecciones locales, estatales o nacionales. Los republicanos, por su parte, han intentado defender su capacidad para gestionar mejor la economía y las instituciones.
Además, el resultado tiene un componente especialmente significativo porque los republicanos contaban con importantes ventajas antes de comenzar la campaña. Según los datos de AdImpact, habían invertido 500 millones de dólares más que sus rivales demócratas en publicidad electoral. También habían rediseñado 15 distritos electorales para favorecer sus posibilidades de conseguir representación.
Texas y Kansas protagonizan algunas de las victorias más importantes de los demócratas
Entre los resultados más destacados de la jornada sobresale especialmente Texas. El estado ha protagonizado uno de los cambios políticos más llamativos, después de casi tres décadas sin que un demócrata consiguiera imponerse en las principales elecciones estatales.
James Talarico ha conseguido hacerse con un escaño en el Senado, mientras que Gina Hinojosa se ha convertido en la nueva gobernadora. Esta última ha logrado derrotar a Greg Abbott, que llevaba tres mandatos consecutivos al frente del Gobierno texano.
La victoria demócrata en Texas supone un golpe especialmente duro para los republicanos, que consideraban este territorio uno de sus principales bastiones electorales.
Georgia también ha dejado un resultado histórico. Kaisha Lance Bottoms se ha convertido en la primera mujer negra elegida gobernadora de un estado estadounidense, un acontecimiento de gran relevancia para la representación política del país.
Kansas ha sido otro de los escenarios de la transformación electoral. Allí, un candidato demócrata ha conseguido llegar al Senado por primera vez en casi un siglo. El vencedor ha sido Adam Hamilton, pastor y representante de una corriente centrista dentro de su partido.
Su perfil moderado le ha permitido atraer a votantes descontentos con su contrincante, un ginecólogo conocido por haber demandado a sus pacientes y que durante los últimos días de campaña había participado en varios actos electorales junto a Donald Trump.
La política migratoria y las decisiones económicas pasan factura
Las elecciones también han estado marcadas por las políticas impulsadas por la Administración Trump durante los últimos meses. La inmigración ha sido uno de los asuntos centrales de la campaña, especialmente por la intensificación de las deportaciones y el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, conocido como ICE.
En Minnesota, los votantes han vuelto a poner en primer plano el recuerdo de Alex Pretti y Renee Nicole Good, los dos ciudadanos estadounidenses que murieron el pasado invierno después de ser abatidos por agentes del ICE mientras protestaban contra el operativo antiinmigración desplegado en su ciudad.
El rechazo a las actuaciones de las autoridades migratorias también ha estado presente en otros estados. En Michigan, el candidato demócrata al Senado Abdul El-Sayed cuestionó públicamente los procedimientos utilizados durante las detenciones de inmigrantes.
Durante uno de sus mítines, comparó algunas de estas actuaciones con secuestros y defendió que cualquier detención debe garantizar que la persona conozca quién la arresta, los motivos y los mecanismos disponibles para recurrir la decisión. El candidato aseguró que no quería vivir en un país donde el Gobierno pudiera llevarse a personas de la calle sin las garantías correspondientes.
La postura republicana sobre inmigración podría haber tenido consecuencias electorales, especialmente entre los votantes hispanos. En Texas, los primeros datos apuntan a un importante cambio de tendencia dentro de este colectivo, que tradicionalmente ha mostrado comportamientos electorales diversos.
A las críticas por la política migratoria se han sumado el descontento por los aranceles, la evolución de los precios y la guerra de Irán. Todas estas cuestiones han contribuido a debilitar la posición electoral del partido del presidente.
La polémica sobre el voto por correo y las acusaciones de fraude
Otro de los asuntos que ha acompañado la campaña ha sido la desconfianza expresada por Trump hacia el sistema electoral estadounidense. El presidente ha cuestionado repetidamente la seguridad del voto por correo y ha advertido de que podrían producirse irregularidades capaces de alterar los resultados.
Sus declaraciones han generado preocupación entre numerosos ciudadanos, especialmente por la falta de claridad sobre si aceptaría una eventual derrota republicana.
Al mismo tiempo, varios tribunales han rechazado los intentos de la Administración de impedir la certificación de resultados electorales en distintos estados, entre ellos Alaska y California.
Uno de los episodios más destacados se produjo el lunes, cuando el Tribunal Supremo, de mayoría conservadora, rechazó una petición del Gobierno para que California excluyera 20.000 papeletas. La Administración sospechaba que esos votos podían haber sido emitidos por personas que no tenían la nacionalidad estadounidense.
La solicitud judicial llegó después de varias semanas en las que Trump había insistido en que los votos ilegales de ciudadanos extranjeros podían cambiar el resultado electoral. Sin embargo, los especialistas consideran extremadamente infrecuente que personas sin ciudadanía estadounidense participen en elecciones del país.
La controversia ha alimentado el temor de parte del electorado ante una posible reacción del presidente si los resultados no favorecían a los republicanos. Estas elecciones tenían una importancia especial porque representaban la primera gran prueba electoral desfavorable para Trump desde el asalto al Capitolio.
Trump asegura que aceptará los resultados
Pese a las advertencias y las polémicas surgidas durante la campaña, el presidente ha terminado manifestando públicamente que está dispuesto a reconocer el resultado de las urnas.
En declaraciones al diario The New York Times, Trump afirmó estar "absolutamente dispuesto a aceptar los resultados" y mostró su disposición a colaborar con los demócratas una vez que se confirme su victoria.
"Estaremos encantados de trabajar con ellos", señaló el mandatario, antes de añadir que probablemente ambas formaciones podrían llegar a un acuerdo.
La recuperación de las dos cámaras por parte del Partido Demócrata abre una nueva etapa en la política estadounidense. El resultado limita considerablemente la capacidad de Trump para sacar adelante su agenda legislativa y concede a la oposición una posición mucho más fuerte para fiscalizar las decisiones del Gobierno.
La contundencia de la victoria demócrata también demuestra que el descontento con la situación económica, las políticas migratorias y las decisiones internacionales de la Administración ha terminado teniendo consecuencias en las urnas.
Lo que comenzó como una jornada electoral en la que se esperaba un recuento largo y muy ajustado ha acabado convirtiéndose en una derrota de grandes dimensiones para los republicanos. Los demócratas recuperan el poder legislativo y Trump afronta un escenario político mucho más complicado para la segunda parte de su mandato.
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