Practicar ejercicio por la tarde podría mejorar el control de la glucosa

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Con el fin de las vacaciones y la vuelta a la rutina de ejercicio, la evidencia científica ofrece claves para sacar el máximo partido al movimiento diario. Más allá de la modalidad elegida, el reloj se perfila como un factor determinante, un área en la que recientes investigaciones analizan hasta qué punto influye la hora seleccionada para ejercitarse.

"La mayoría de los estudios que tenemos hasta ahora son observacionales y no implican causalidad, por lo que hay que interpretar los resultados con cautela", advierte Antonio Clavero-Jimeno, investigador de la Facultad de Ciencias del Deporte y del iMUDS de la Universidad de Granada. Sin embargo, algunos trabajos sugieren efectos notables dependiendo del horario, sobre todo en personas con alteraciones metabólicas, como prediabetes o diabetes tipo 2.

Clavero-Jimeno es autor de un estudio publicado en 2024 en Obesity que apunta en esta dirección. En él participaron 186 adultos sedentarios con sobrepeso u obesidad que llevaron durante 14 días un acelerómetro y un monitor continuo de glucosa. Los participantes presentaban al menos una alteración metabólica, pero no tenían diabetes tipo 2.

En el estudio, concentrar más del 50 % de la actividad física moderada-vigorosa entre las 18.00 y las 00.00 horas se asoció con menores concentraciones medias de glucosa durante las 24 horas, durante el día y, de forma más acusada, por la noche. Los resultados sugieren que las personas con prediabetes podrían beneficiarse en mayor medida de acumular actividad física por la tarde-noche. Clavero-Jimeno insiste en que es un estudio observacional útil para generar hipótesis, pero que no permite establecer una relación de causa-efecto.

Evidencias sobre la actividad física por la tarde

El investigador precisa además que no se estudió el impacto de sesiones programadas de entrenamiento, sino la actividad realizada en condiciones de vida real, entendida como cualquier movimiento que supone un gasto energético superior al reposo. Dado que los participantes habían sido seleccionados por ser inactivos, señala que lo más probable es que gran parte de ese gasto correspondiera a movimientos cotidianos, como caminar, hacer la compra o subir escaleras.

Publicaciones en 2026 y revisiones recientes respaldan esta línea. Una revisión publicada en mayo en Journal of Diabetes & Metabolic Disorders encuentra también una señal favorable de la actividad vespertina o nocturna frente a la matutina en algunos parámetros glucémicos. Sin embargo, los autores reconocen que la evidencia continúa siendo limitada e inconclusa debido al pequeño tamaño y la heterogeneidad de los estudios incluidos.

Efectos metabólicos del ejercicio en la segunda mitad del día

En marzo, Trends in Endocrinology & Metabolism publicó otra revisión centrada en los mecanismos que podrían explicar por qué el movimiento moderado-alto por la tarde o la noche parece favorecer el control glucémico y la sensibilidad a la insulina en la diabetes tipo 2, mientras que el ejercicio matutino muestra efectos más modestos e incluso puede provocar aumentos transitorios de glucosa.

Según los autores, estas diferencias podrían estar relacionadas con la alteración de los ritmos circadianos observada en la diabetes tipo 2. El ejercicio actuaría como un sincronizador de los relojes biológicos y, cuando se practica por la tarde, se asocia con menores niveles de cortisol e inflamación y mayor capacidad oxidativa que por la mañana.

En este sentido, Clavero-Jimeno explica que el organismo presenta mayor sensibilidad a la insulina y tolerancia a la glucosa en las primeras horas del día. Conforme avanza la jornada, esa sensibilidad disminuye y aumenta la resistencia a la insulina, algo relevante en personas con alteraciones del metabolismo de la glucosa.

Una posible explicación es que activar el músculo cuando el organismo es más resistente a la insulina facilitaría la captación de glucosa circulante para usarla como energía o almacenarla en forma de glucógeno. "Si realizo actividad física durante el tramo del día en el que soy más resistente a la insulina, el músculo puede utilizar mejor esa glucosa como sustrato energético o almacenarla en forma de glucógeno muscular", aclara.

La constancia personal por encima del reloj

El nivel de evidencia sobre el papel del horario en otros parámetros cardiometabólicos es menor; los resultados muestran tendencias menos claras en variables como peso, masa grasa, composición corporal, grasa hepática o enfermedad cardiovascular. En algunos de estos ámbitos aparecen señales favorables al ejercicio realizado durante la segunda mitad del día, pero son insuficientes para establecer recomendaciones.

Así, explica, en una persona con prediabetes o diabetes tipo 2 que tenga libertad para escoger horario, la evidencia actual permitiría plantearse concentrar más actividad por la tarde, siempre que ello no dificulte la adherencia ni interfiera con el sueño.

Porque, aunque el reloj comienza a perfilarse como una variable que podría tenerse en cuenta, la recomendación principal sigue siendo clara: hacer ejercicio es mucho más importante que elegir la hora perfecta.

"En personas sanas, el momento del día sería indiferente", expone Clavero-Jimeno. Antes que el horario pesan otros factores, como el tipo de entrenamiento. El investigador se muestra partidario de combinar ejercicio aeróbico y de fuerza para aprovechar los beneficios específicos de ambas modalidades.

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