El CGE pide incluir a las enfermeras escolares en los protocolos contra el acoso y el ciberacoso

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enfermera Paloma González en su consulta en el centro escolar Marqués de Vallejo

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El Consejo General de Enfermería (CGE) ha criticado que el Ministerio de Educación no haya incluido de forma expresa a las enfermeras escolares en su nueva estrategia para abordar el acoso y el ciberacoso en colegios e institutos. La organización considera que cualquier protocolo destinado a prevenir, detectar y atender estas situaciones debe incorporar también una perspectiva sanitaria, ya que el ‘bullying’ puede provocar consecuencias relevantes tanto en la salud física como en la salud mental de los menores.

La denuncia se produce después de la publicación de la ‘Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso’, elaborada por el Ministerio de Educación. Desde el ámbito enfermero reconocen que el documento plantea medidas importantes, como la detección temprana, la protección del alumnado, la intervención educativa, el seguimiento de los casos y la búsqueda de soluciones restaurativas desde una mirada interseccional. Sin embargo, creen que la guía queda incompleta al no integrar de manera clara la intervención clínico-sanitaria.

Un problema que también afecta a la salud

El presidente del Consejo General de Enfermería, Florentino Pérez Raya, ha advertido de que el acoso escolar no debe entenderse únicamente como un conflicto de convivencia entre estudiantes. A su juicio, se trata también de un problema de salud que requiere herramientas específicas para identificar sus primeras señales y atender sus efectos.

La Organización Mundial de la Salud estima que el 25 % de los menores está expuesto al ‘bullying’, una cifra que refleja la dimensión del fenómeno. En muchos casos, las víctimas no explican directamente lo que están viviendo, ya sea por miedo, vergüenza, presión del grupo o dificultad para poner palabras a la violencia. Por ese motivo, el CGE sostiene que resulta fundamental contar en los centros educativos con profesionales capaces de reconocer cambios físicos, emocionales y conductuales que podrían revelar una situación de acoso.

“Las enfermeras escolares están plenamente capacitadas” para realizar esa detección temprana, afirmó Pérez Raya. El presidente del CGE subrayó que estos profesionales pueden identificar signos que quizá nunca lleguen a expresarse verbalmente como ‘bullying’, pero que sí pueden estar relacionados con consecuencias graves para el bienestar del menor.

La guía necesita una dimensión sanitaria

El Consejo General de Enfermería considera que la guía ministerial acierta al proponer una actuación estructurada y no limitada al momento en que se confirma el acoso. El protocolo contempla distintas fases: detección y comunicación, recopilación de información, elaboración de un plan de intervención, seguimiento y evaluación. Para las organizaciones de enfermeras escolares, esta estructura demuestra que la respuesta no puede terminar cuando se identifica el problema.

La presidenta de la Asociación Científica Española de Enfermería y Salud Escolar (Aceese), Engracia Soler, valoró que la guía establezca una hoja de ruta común para los centros educativos. No obstante, defendió que el siguiente paso debe ser la incorporación formal de la dimensión sanitaria en todas las fases del procedimiento.

Según Soler, la enfermera escolar debería participar desde la prevención hasta el seguimiento y la reparación del daño causado. Su intervención permitiría valorar cómo ha afectado la violencia a la salud del alumno, determinar si existen secuelas físicas o psicológicas y observar la evolución del menor durante el proceso de recuperación.

Detección, acompañamiento y seguimiento por parte de las enfermeras escolares

La participación de las enfermeras escolares, según el CGE y las asociaciones especializadas, no se limitaría a atender una lesión o a intervenir cuando aparezca una crisis emocional. Su función abarcaría la observación preventiva, la valoración integral de la salud, la coordinación con otros profesionales y el acompañamiento continuado del alumnado afectado.

Florentino Pérez Raya señaló que cualquier estrategia basada en la detección precoz, la protección y el acompañamiento debe mantener una “mirada sanitaria”. En su opinión, las enfermeras escolares pueden aportar información esencial para que la respuesta sea más rápida y adecuada, especialmente cuando el menor no comunica de forma directa lo que está ocurriendo.

Itziar Ferragud, presidenta de Amece, la Asociación Nacional e Internacional de Enfermería Escolar, alertó de que excluir a la enfermería del diseño de los protocolos puede perpetuar una interpretación limitada del acoso. Si la respuesta se centra únicamente en la disciplina o en el ámbito académico, se corre el riesgo de no atender de forma suficiente las consecuencias que la violencia tiene sobre la salud.

Ferragud también destacó la importancia de facilitar una coordinación eficaz entre los centros educativos, la Atención Primaria y los servicios de Salud Mental. La presencia de una enfermera escolar podría contribuir a agilizar esa comunicación y a evitar que la familia y el menor tengan que asumir en solitario la conexión entre las distintas instituciones.

Reclaman revisar el documento

Las organizaciones de enfermería atribuyen la ausencia de esta figura en la guía al desconocimiento de las competencias específicas de las enfermeras escolares. A su entender, no se ha tenido suficientemente en cuenta que estos profesionales pueden desarrollar tareas de prevención, detección, valoración, intervención y seguimiento dentro del entorno educativo.

Por ello, la Organización Colegial de Enfermería ha solicitado al Ministerio de Educación que revise y complete el documento. La petición consiste en incluir expresamente la participación de las enfermeras escolares y de las enfermeras referentes escolares en los protocolos contra el acoso escolar y el ciberacoso.

El CGE trabaja, además, desde su Observatorio Nacional de Enfermería Escolar para impulsar el reconocimiento de esta especialización y promover la implantación de la enfermera escolar en todo el territorio nacional. La organización defiende que su presencia estable en los centros permitiría detectar antes los problemas, prestar una atención más cercana y mantener un seguimiento continuado de los menores.

El debate planteado por el colectivo enfermero parte de una idea central: confirmar un caso de acoso no supone el final de la actuación, sino el comienzo de un proceso que debe incluir protección, asistencia y recuperación. Para el CGE, cualquier protocolo que aspire a responder de manera completa al ‘bullying’ debe contar con profesionales capaces de evaluar el daño que la violencia produce en la salud y de acompañar al alumno durante todas las etapas de la intervención.

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