Las raíces de la extrema derecha: ¿por qué resurge el radicalismo en 2026?

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 Ilustración creada por la OEI.

Lectura fácil

El panorama político global muestra una tendencia que ya no puede considerarse coyuntural: la consolidación de movimientos de extrema derecha en el corazón de las democracias liberales. Para comprender este fenómeno, es necesario excavar en sus raíces, que van mucho más allá de una reacción electoral momentánea. Estos movimientos se nutren de una combinación de ansiedad económica, crisis de identidad y una profunda desconfianza hacia las instituciones tradicionales, factores que han mutado bajo el calor de la era digital.

La "promesa rota" de la globalización

Una de las raíces principales reside en la percepción de que la globalización ha beneficiado a unas élites urbanas mientras abandonaba a las clases medias y trabajadoras de las zonas rurales o industriales. En un contexto donde el estrés laboral afecta al 26 % de la población y la inflación ha tensionado los hogares, el discurso de la extrema derecha ofrece soluciones simplistas a problemas sistémicos complejos.

La nostalgia por un pasado supuestamente más estable y homogéneo actúa como un refugio. Mientras España avanza en derechos como la reforma del Artículo 49 o la transparencia salarial, estos movimientos de extrema derecha canalizan el temor de quienes sienten que los cambios sociales rápidos amenazan su estatus o su forma de vida tradicional.

La crisis de identidad y el "gran reemplazo"

La raíz cultural es, quizá, la más potente. El discurso de la extrema derecha ha sabido explotar el miedo a la inmigración y a la pérdida de la "identidad nacional". Se basan en narrativas de "nosotros contra ellos", donde las minorías o los movimientos progresistas son presentados como amenazas a la integridad del país.

La diversidad es una riqueza, pero cuando se gestiona desde el miedo, se convierte en una herramienta de división. Al igual que el 42 % de las mujeres no se sienten seguras caminando solas, muchos seguidores de estas corrientes expresan una inseguridad cultural que la extrema derecha traduce en políticas de exclusión y proteccionismo identitario.

El algoritmo como acelerador del radicalismo

En este 2026, no se puede obviar el papel de la tecnología. La discriminación digital y las burbujas de filtro en redes sociales han permitido que ideas que antes eran marginales se conviertan en hegemónicas dentro de ciertos nichos. La extrema derecha ha dominado el lenguaje de las plataformas digitales, utilizando el humor, los memes y la desinformación para normalizar discursos de odio.

A diferencia del 90 % de los ciudadanos que respalda la tecnología sanitaria, el uso de la IA y el big data para la manipulación política ha creado una realidad fragmentada. El liderazgo intergeneracional tiene hoy el reto de combatir estos relatos mediante la educación crítica y la recuperación de un espacio público compartido basado en datos y respeto.

Reacción contra la agenda climática y social

Muchos de estos movimientos de extrema derecha han encontrado una nueva bandera en el negacionismo climático o la crítica a las políticas de sostenibilidad. En una España que lidera la generación renovable, la extrema derecha presenta estas medidas como imposiciones de élites que encarecen la vida del ciudadano común. Es una respuesta defensiva que también se observa en el rechazo a la acción colectiva de las ONG y los organismos internacionales.

Las raíces de la extrema derecha contemporánea en este 2026 están profundamente hundidas en las grietas del sistema actual. No se trata solo de política, sino de una respuesta emocional a un mundo que cambia a una velocidad que muchos no pueden o no quieren seguir. Comprender estas raíces es fundamental para fortalecer la democracia, no mediante la exclusión, sino mediante la construcción de un proyecto común que ofrezca seguridad y dignidad a todos los ciudadanos, sin necesidad de buscar culpables en la diferencia.

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